sábado, 10 de octubre de 2009

VIÑETAS FÍLMICAS. APOCALIPSIS, AHORA

¿Existirá acaso un mundo paralelo en donde las cintas adaptadas de algún otro medio siempre cumplan con las expectativas de los fanáticos? Por momentos me gustaría pensar que sí. No trato de herir susceptibilidades y ni siquiera atacar a los seguidores de una obra o destrozar a quienes las plasman en otro espacio artístico. Al final de cuentas yo también soy un geek, un filmívoro, un amante empedernido de todas las artes, en especial del cine.

Pero es que, siendo sinceros, ¿cuántas películas-adaptaciones satisfacen s sus clientes frecuentes? Muy pocas si hacemos memoria. Primero fue la literatura, las novelas, los cuentos y las historias míticas; después avanzaron a la televisión, las historias verdaderas, las biografías, incluso la música; llegaron las caricaturas y los videojuegos, pero quizás la mayor fuente de inspiración y dinero en estos años, sin lugar a dudas, ha sido la de los cómics y novelas gráficas. Algo así como el Nuevo Testamento de miles de geeks, freaks, Neris y demás engendros del consumo masivo y de culto.


Si en su momento la crítica y audiencia mundial se revolcaba por destrozos fílmicos de obras como “La Ileada” y “La Odisea”, El Quijote o cualquier narración shakesperiana o tachaban de pretenciosas las bio-pics de personajes como P.T. Barnum, Ray Charles y Nixon y de bazofias las aventuras fílmicas de Garfield, Scooby Doo, Resident Evil y Max Payne, hoy por hoy, el verdadero camino amarillo de Hollywood se transforma en viñetas, cabe destacar, cada vez más y más oscuras.

Sin contar al Superman de Donner (in-su-pe-ra-ble) y el Batman de Burton, los superhéroes o las historias de cómic estaban destinados a ser verdaderos fracasos de taquilla, pero queridas y comentadas por alguna camada de lectores ávidos de esta forma de lectura. Todo cambiaría gracias al visionado de Bryan Singer, joven director que enamoró al mundo con un thriller cargado de energía: “Sospechosos Comúnes”.


Synger tenía en mente la realización en pantalla grande de una obra, en esa época (hace casi 10 años) inadaptable, como lo son los X-Men. El resultado todo lo sabemos: una exitosa trilogía y una marejada de adaptaciones de historietas y la oportunidad de ver a todo color y a 24 cuadros por segundo, a Spidey, Hulk, Daredevil, Iron Man y Constantine.

Si de visionados hablamos, es un hecho que Synger dio el primer paso y Sam Raimi elevó la idea al cuadrado, pero el verdadero papá de todos ellos, otro director de culto, es Chris Nolan. Su revisión del Batman que todos conocemos, dio paso a que otros directores tocaran de forma más seria, violenta y exitosa (alejándose de los golpes bajos que fueron “From Hell” y “The league of the extraordinary gentlemans”) al hermano mayor de los cómics: la novela gráfica.


Para adultos, para anarquistas, para mentes abiertas, para pesimistas. Como se quiera ver, este género de historietas ha sido lo mejor que le ha paso al cine para que la balanza de la taquilla y el arte puro se mantenga equilibrada. Los superhéroes, los villanos, los planes para acabar con el mundo, el maquillaje, los poderes y las viñetas cobran vida literalmente para gusto del público (y claro, de los geeks). Los personajes “ligths” se ven cómo nunca y los “hiperrealistas” escupen sudor y filosofía de la pantalla.

Para muestra, tres botones: “V of Vendetta” de los Wachowski, “Sin City”, de Robert Rodriguez y “300”, de Zach Snyder. Filmes que, al igual que su homónimo impreso, impresionaron por su calidad visual y por su manejo de una narrativa dura, fría y más que actual.


Por eso, es de celebrarse la maduración de esta fusión metafílmica que el mismo Snyder ofrece al mundo con su versión fidedigna de los “Watchmen” de Alan Moore. A excepción de "The Dark Knigth”, ninguna otra cinta de superhombres había sido tratada con tanta presidión en pantalla. Es como ver la novela en movimiento. Quizás es muy romántica esta acepción, pero quien haya leído la historia original de Moore me podrá dar la razón. ¿Pero qué tanto beneficia a una cinta, género artístico totalmente diferente a los dibujos y textos impresos, el que su historia sea casi una calca de su inspiración? He aquí el verdadero dilema de Watchmen.

Con un inicio espectacular, unos créditos de antología, y un tratamiento visual impecable, “Watchmen” se levanta como la cumbre máxima de las adaptaciones de cómic, lo que la hace ser pretenciosa por su obsesión de ser perfecta y tediosa por su afán de gustar a los seguidores de la saga de Moore. Vamos, en pocas palabras, se toma muy enserio. Snyder entiende el mundo del cómic y hace su mejor esfuerzo por trasladar ese idioma extraño en un marco visual poderoso, cargado de violencia y sexo y varios “easter eggs” (sorpresas o curiosidades para los fanáticos).


Sin ahondar en la historia (muy difícil de explicar), “Watchmen” ofrece al público un viaje muy serio, filosófico y mala leche sobre la maldad y la bondad que reina en absolutamente todos los seres humanos. Se aleja de los superpoderes para ubicarse en los supermiedos que invaden al mundo entero.

Utopías y distopías se presentan en pantalla por igual en donde la reflexión y un excelente manejo de personajes (Roschard y Dr. Manhattan, de los mejores sujetos que ha visto el cine comiquero) hacen salir de la sala con un buen sabor de boca. Claro, con sus debidos obstáculos tales como su duración, su pretensión, escenas irrelevantes, un soundtrack por momentos fuera de lugar y algunos personajes desdibujados, que hacen que al final (si no te sales antes) la odies o la ames.


Así que ¿obra de arte o un broma de mal gusto? Esto lo determinará el público. Si bien apenas en su segunda semana de estreno la cinta alejó al público de las salas y no ha sido bien recibida en varios países, el tiempo es quien le dará su lugar como lo que es: una película interesante, reflexiva, visceral y cómo no, muy, muy entretenida.

Trailer con sorpresa:




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