sábado, 10 de octubre de 2009

MANHATTAN, BERGMAN Y OTRAS NEURÓSIS


De apellido Stewart Koninsberg, el prolífico director de cine vió la luz en 1935 en su amada Gran Manzana, artífice y personaje principal de su filmografía. Director, guionista, actor, músico, escritor, comediante y dramaturgo, ha sido ganador del Óscar en múltiples ocasiones, convirtiéndose a través de los años en uno de los cineastas más respetados e influyentes de la era moderna.

Nacido en pleno Brooklyn, el pequeño Allan, proveniente de una familia judía de orígenes ruso-austriacos (“burguesa, bien alimentada, bien vestida, e instalada en una cómoda casa), aprendió a los 8 años la que sería su más grande pasión, aún más que el cine: la música, primero el violín y en específico, el clarinete, el cual toca junto a The New Orleans Jazz Band cada lunes del año en pleno Manhattan.


Es curioso saber que, siendo un genio que imprime en sus guiones dudas existenciales, sexuales y maritales, su primer acercamiento con una cinta o con el séptimo arte haya sido con “Blanca Nieves y los siete enanos”, filme que lo impresionó tanto que corrió a la pantalla para tratar de tocar a los personajes en la misma.

A partir de esta experiencia, el pequeño sufriría un cambio en su forma de ser en al escuela. Siendo Redacción (donde mostraba su particular humor) y Béisbol sus materias favoritas, él mismo define esta etapa como decisiva para su posterior profesión (“ Yo quería ser el huevón de la clase, quería ser ese chico con gafas que nunca consigue a la chica, pero que es divertido y cae bien a todo el mundo”).



Su carrera de humorista inició exactamente a los 16 años, en donde en menos de un año se ganó su primer Sylvana Award, hecho que los hizo adoptar el seudónimo de Woody Allen. Su éxito independiente era tan grande que al poco tiempo se volvió director de espectáculo de la cadena de hoteles Borsch Belt en Nueva York, trabajando al lado de grandes cómicos como Jerry Lewis y Dean Martin, siempre en su faceta de escritor de stand-up y de difusor de chistes cargados de sexismo e ironía.

A sus 17 años, su nombre era famoso en las agencias de relaciones públicas y sus chistes aparecían en periódicos como el Mirror y el New York Post. Al poco rato, Allen ingresaba a la Universidad de Nueva York, en donde entre otra materias cursaba Producción Cinematográfica, que, aunque no le gustaba, disfrutaba de ver las cintas que ahí proyectaban.

Con muy malas calificaciones y sin cursar el segundo semestre, el joven se despedía de los estudios con una condena de parte de un profesor la cual dictaba que no era material de universidad, que “tendría que recibir ayuda psiquiátrica” ya que jamás encontraría trabajo. En parte, la profecía se cumplió: Allen conseguía a su primer psiquiatra en 1959 y seguiría con uno hasta el día de hoy.



Fue en 1960 cuando, reconocido por varios y aplaudido por otros, fue invitado a elaborar el guión y participar como actor en el filme “What´s new, Pussy Cat?”, en don de conocería a su agente Jack Rollins y su eterno amigo, Charles Joffe. Así, con una película sin pies ni cabeza, iniciaba la carrera del maestro Woody Allen.

En 1968 grabaría su primer cinta como director, “Take the Money and run”, un éxito de taquilla y primer paso para que la United Artist, productora donde firmara su primer contrato, le diera total control en sus siguientes producciones. Al poco rato llegarían “Bananas” (sátira política desarrollada en la selva lacandona), “El dormilón” (mezcla de erotismo sardónico y ciencia ficción), “Casino Royale” (la primera cinta de James Bond, en tono de comedia y con medio Hollywood encima de ella), “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo pero temía preguntar” (cortos hilarantes que van desde la zoofilia hasta el sadismo), “Sueños de un seductor” (posteriormente estrenada en teatro) y “Amor y muerte” (el ascenso al heroísmo de Boris Grushensko).


Toda esta locura y transgresión humorística, le abriría paso a su película más reconocida y premiada a nivel mundial. La genial “Annie Hall”, artífice de las comedias románticas modernas y una muestra fehaciente de que el guión es la parte medular de una película. A pesar de ser galardonado con su primer Óscar, Allen no lo recogió debido a que la ceremonia se realizó el día en que tocaba el clarinete con su banda. A partir de este punto, Allen se abriría paso como un verdadero autor y clásico del cine, además de uno de los primeros directores norteamericanos en reividicar a cineastas europeos como Ingmar Bergman, su eterno ídolo.

Con varios altibajos, el cineasta de las gafas de pasta nunca a dejado inconforma a su público, alcanzando su faceta más existencialista con cintas incomprendidas como “Interiores” (una oda a Bergman, lentísima) y tocar el Olimpo cinematográfico con “Manhattan”, considerada hasta hoy su obra cumbre.


Navegando en estos géneros (el humor más cínico, el drama existencial, la tragicomedia, la comedia erótica), Allen se ha caracterizado por ser el director con el que todo Hollywood quiere trabajar, iniciando las carreras de artistas como Sharon Stone, Jodie Foster, Sylvester Stallone, Christopher Walken y Jimmy Fallon y colaborando con Leonardo DiCaprio, Robin Williams, Meryl Streep, Will Ferrell, Anthony Hopkins y Javier Bardem, entre muchos otros, los cuales, la mayoría de las veces, no cobran con tal de trabajar con el neoyorquino.

Más de 30 cintas comprenden la filmografía de este bizarro cineasta que, si bien tiene sus puntos comerciales como “Vicky Christina Barcelona”, siempre ha sido fiel a su carácter independiente y de control absoluto de sus producciones, siendo ya una tradición desde hace varios años, la de estrenar una película al año y filmar tan rápido como si de papas fritas se tratase.


Es por eso que vale la pena darse una vuelta por la filmografía de Woody, sobretodo ahora que regresa en sus historias a su amada Manhattan con la cinta “Whatever Works”, plagada de actores poco conocidos y su próxima cinta, sin nombre definido, en donde Antonio Banderas, Hopkins, Naomi Watts y Freida Pinto harán las delicias de los cinéfilos en una historia más de comedia, amor, desamor, sexo y sobre todo, mucha ironía. Así es Woody Allen: “la masturbación es lo mejor que puede existir. Es hacer el amor con alguien que realmente amas.” O lo aman o lo odian.


Uno de los 10 Magníficos del Cine:



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