
Ante esto, recuperaré una petición de parte de un lector asiduo a esta columna y con gustos similares a los de quien escribe este apartado: cintas underground, muchas veces violentas, de arte, de otras latitudes, de autores, difíciles de conseguir y de mucho, mucho culto. Y como es justo que estas cintas, quienes quieran, puedan verlas y/o conseguirlas, no existe mejor opción para adentrarse en un cine irreverente, crítico, ácido, violento y divertido como la historia homónima de Quentin Tarantino y que Oliver Stone llevará a la pantalla grande con mucho color y mala leche: Natural Born Killers. Una delicia visual por donde se vea que no acepta medias tintas, o la amas o la odias.
Para empezar, es justo recordar a los cinéfilos, que estamos hablando de una de las mejores y más siniestras historias de amor. Aquí no existe sacarina, existe mucha pimienta ácida. Una película que despierta el amor por otro tipo de cine, define gustos entre los espectadores, expone la malicia humana como parte del equilibrio universal, muestra el amor desde un punto de vista jamás tratado (rojo, ultraviolento y erótico) reflexiona sobre fuerzas reales más allá del corazón de los mortales como el destino, el karma y una agridulce reivindicación del mal. Esto, aderezado con un guión non grato de Tarantino y la particular visión vanguardista de un experimental y controvertido Oliver Stone.
Perfecta expositora del cine rebelde y arriesgado de los noventa que se suma a la enorme lista de cintas de culto tales como Figth Club, Twelve Monkeys, Kalifornia, Ghost Dog, Ichi the Killer, Seven y U Turn. Heredera directa de Bonnie & Clyde, “Asesinos por naturaleza” es la puesta en escena de la condición humana del nuevo milenio, violenta y sádica, mediática y sin valores, en donde una entrañable pareja conformada por Mickey y Mallory Knox (sublimes Woody Harrelson y Juliette Lewis), recorren varios poblados de Estados Unidos asesinando a todo ser vivo que se les para enfrente, dejando siempre como regla a un sobreviviente para que este cuente la leyenda sanguinaria de quién es esta pareja.
Después de volverse famosos en todo el país y conseguir hordas de seguidores gracias a la saturación de sus asesinatos en los medios de comunicación y después de su largo viaje existencial-vivencial-karmático, son detenidos por la policía y llevados a prisión. Luego de un tiempo de estar encerrados se lleva a cabo un motín con el fin único de escapar de la cárcel, sin importarles cuántos tengan que moriri en el transcurso.
Criticada por sus imágenes teñidas de rojo y por su forma de retratar a la raza humana, es cierto que la cinta abrió uno de los debates más interesantes en torno al poder del cine en relación con la realidad. Hablar de violencia en los tiempos violentos que vive la sociedad alrededor del globo parece retórico incluso hoy en día, y aunque nuestra capacidad de asombro haya llegado a su límite, los sucesos cotidianos aún sobrecogen nuestra mente.
Se dice, por lo general, que la realidad es capaz de superar a la ficción y cuando se trata de violencia es muy fácil comprobar esta tesis. Aquí es donde “Natural Born Killers” encuentra su mejor herramienta para con el público: la violenta realidad que retrata y que para nada esta alejada de la ralidad en la que vivimos. No por nada, el cine toma elementos reales para convertirlos en películas, al tiempo que aporta situaciones y elementos que luego llegan a convertirse en una realidad muy fría.
La cinta del tándem Stone- Tarantino presenta una alucinante visión de las zonas más oscuras de la psique humana, violencia, sadismo y curiosidad mezclados con el morbo de las audiencias televisivas, mismo morbo que nutre a programas de chismes, taranovelas y noticiarios sensacionalistas. ¿Alguien dijo “Telerisa”? Otro punto más para la cinta: el morbo como herramienta de los crímenes, los paparazzis y los chismes de barrio.
Pero regresando a lo esencial, la verdad es que Mickey y Mallory son unos personajes muy especiales: no sólo se aman con verdadera locura, también celebran su pasión asesinando a todos los seres humanos que se les ponen enfrente. Sin piedad, fríos, sin escrúpulos. Divertidos. Ellos son los asesinos seriales más famosos de Estados Unidos y los más adorados por las masas (más que cualquier Ted Bundy, Charles Manson o Lee Oswald).
Ni siquiera la cárcel, los recuerdos, un chamán o un policíaa igual de sádico que ellos pueden detenerlos. Ellos, de una forma delirante, son la representación auténtica del sueño americano, en donde perseguir el sueño pesa más que cualquier otra cosa. Y si de esto se trata, ¿Acaso no la mayoría es capaz de hacer todo con tal de seguir sus sueños? ¿Todos podemos llegar a ser como Mickey o como Mallory? ¿Todos seremos asesinos por naturaleza?
Con esta reflexión cierra Tarantino de la cámara de Stone una hiperkinética y acelerada comedia negra y romántica que avanza en cada fotograma por los terrenos de la alucinación y la locura, matizados por actuaciones de antología en cada uno de sus personajes, en donde Harrelson causa empatía, Lewis deseo oscuro, Downey Jr. reflexión post-mediática, Sizemore repulsión y Tommy Lee Jones pena ajena, en una de las cintas corales más exquisitas de los últimos tiempos (con Ashley Judd, Rodney Dangerfield y Denis Leary por igual), y una banda sonora que va de la mano de los recursos técnicos más variopintos usados por Stone.
Después de ver a estudiantes con metralletas que asesinan a sus compañeros, mounstros que violan a sus hijas y tienen bebes con ellas, pedofilia, sadismo y guerras estúpidas que nunca acaban, magnicidios, crímenes de guerra y extirpaciones de himen a millones de mujeres en el Congo, la pregunta que flota después de ver esta cinta, en donde su violencia queda reducida a un cuento de niños ante la intempestiva realidad, se hace latente cada día más. ¿Acaso el ser humano no es más que un asesino por naturaleza?
Intro de Natural Born Killers:





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