lunes, 5 de octubre de 2009

UN TRIBUTO KISTCH AL CINE


Cuántas personas no sueñan con formar parte del mundo del cine, del séptimo arte. Ya sea de diseñadores de efectos especiales, de productores, actores y actrices, directores técnicos y de escena e incluso, de jala cables. Todo, con tal de tener y snetir una pequeña parte de la máquina de sueños en movimiento. Cuántos de nosotros no hemos vibrado con dinosaurios que vuelven a la vida, alienígeneas en el espacio, fantasmas chocarreros en las casas o lo que nos depara un futuro incierto.


En cuántas ocasiones no nos hemos sentido superiores a los creadores de las cintas e incluso, expresamos nuestra opinión de que escenas debieron morir en la sala de edición o que ángulo le favorecía más a tal actor. Mejor aún, cuando nos sentimos directores de casting e ideamos nuestro reparto perfecto para versiones en celuloide de clásicos literarios o caricaturescos como "Thundercats", "Silver Hawks", "The Davinci Code" o "Don Quijote".



Todo el mundo (con reducidos y sospechosos detractores) ve al séptimo arte como el primero de la lista. Las emociones y sensaciones que las imagenes en movimiento provocan en el espectador promedio van más allá de cualquier otra expresión artística. Quizás por eso, cada década tiene a sus creadores y filmes favoritos. Desde los que entretienen, hasta los que marcan un momento importante en la historia, ya sea demandando alguna injusticia, relatando una biografía o plasmando una fantasía. Esto es lo que provoca el séptimo arte.


Liberarnos de nuestros medios y abrir la puerta a otros mundos (cercanos, jelanos, misteriosos, ajenos) para así, olvidarnos por unos momentos de aquel en el que vivimos. Todo, con el simple poder de una camarita.



En tiempos en que YouTube permite que las personas se conviertan en sus propios actores y directores, el cine juega un rol importantísimo (como lo ha hecho desde sus orígenes) al momento de unir a los seres humanos, ya sea con polémica ("Doubt"), efectos digitales ("India Jones and The Kingdom of the crystal skull"), adaptaciones literarias ("Angels & Demons"), personajes superdotados ("The Dark Knigth") y/o animados ("Wall-E"), visiones extranjeras ("Tropa Elite") o bien, con la nostalgia y la certeza de que el cine es una de las pocas ventanas humanas que aún existen para creer que el mundo puede mejorar tras la ola de muertes, negativismo, totalitarismo y todos los "ismos" conocidos. Una razón por la que (y con la que), el planeta tierra puede despertar reacciones de apoyo y unión entre los seres humanos.


Partiendo con esta nostalgia y el "boom" de sitios "autocinemáticos" como YouTube o MySpace, el director francés Michel Gondry, entrega a los amantes del cine su nueva locura titulada "Be Kind, Rewind", un viaje-homenaje-esperanzador en el que la cinematografía sirve como un escape y escaparate social, humano y unitario.



El viajecito de Gondry (visionario responsable de joyitas como "Eternal sunshine of the spotless mind" y "The Science of sleep") narra la historia de un hombre (Jack Black) que intenta sabotear una planta de energía y accidentalmente su cerebro queda magnetizado. Al visitar a su mejor amigo (Mos Def), que atiende un local de renta de videos en VHS (al más puro estilo de los antiguos Videocentros), con su condición cerebral, el personaje de Black borra todas las cintas del lugar.


Para evitar la quiebra del negocio de su amigo y para satisfacer a una de sus más fieles clientas, una señora de edad con ciertos signos de demencia senil (Mia Farrow), los dos amigos deciden recrear las películas; unos remakes caseros "suecados" que de la noche a la mañana se vuelven más exitosos que sus originales, aunque parezcan proyectos visuales de primaria.


Es así como los dos amigos cinéfilos se vuelven famosos al recrear con efectos cutres los grandes éxitos de Hollywood, pasando por "Volver al futuro", "Los Cazafantasmas", "Robocop", "El rey león", "El chofer y la señora Daisy", "2001: odisea del espacio" y "Hombres de negro". El negocio resulta ser un éxito y todo el barrio va a ver sus películas, porque al contrario de las grandes megaproducciones, éstas están hechas con el corazón.



"Be Kind, Rewind" es mucho más que una simple comedia o un drama poco conmovedor, es una cinta que por donde se le mire es un homenaje. Un homenaje al cine, al formato VHS, a los éxitos ochenteros, a las pequeñas ciudades, a los positivo de la unión ciudadana, a los negocios de barrio que desaparecían ante los grandes consorcios, un homenaje a la nostalgia. La cinta se ubica en el presente dominante del DVD, pero que parece ser otra época, otros tiempos, más sencilla e ingenua, en el que rentar un video en el Videomax de la esquina era la puerta de entrada a nuevas aventuras de las que, la mayoría de las veces, no teníamos información previa sobre la misma.


Si bien no es en extremo cómica, sí te provoca pequeñas sonrisas cómplices; tampoco es un lagrimón de cortar venas. La cinta se deja ver como lo que es: un recorrido por las fantasías humanas y el corazón que nos víncula con el séptimo arte, con los sueños. Pocas películas han ofrecido una definición más precisa de lo que es el cine sin perder el humor o lanzarse a verter teorías canónicas. Pocos directores transmiten loq ue es el cine como Gondry lo hace aquí.


Con excelentes detalles cinéfilos, independientemente de la creativa resolución de cada "remake", como las actuaciones de Danny Glover y Sigourney Weaver, la cinta vuelve al espectador en un cómplice filmívoro ávido de buenas historias y menos hambre de taquilla. Pero, ante todo, la cinta retrata al cine como medio de expresión individual que fusiona a las masas, que devuelve esperanzas en momentos de crisis y aísla del mundo por unos preciosos instantes. Con ganas de decirle al cácaro al final de la peli: "¡por favor, rebobina!".


Trailer:

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