lunes, 5 de octubre de 2009

UN GUAMAZO DE ADRENALINA


Dejando por un momento el análisis de películas “raras” o independientes, diferentes y polémicas que el séptimo arte ha dado a lo largo de los últimos años, es necesario aplaudir y recomendar al espectador promedio una cinta que, sin lugar a dudas, cumple con el cometido máximo del cine norteamericano: entretener.


Mucho hemos hablado de cintas que en efecto, son fieles a ese concepto de esparcimiento que el cine ofrece a quien paga precio de un boleto en taquilla. Murciélagos, superhéroes, robots, historias sencillas, cargadas de suspenso, comedias efectivistas y complacientes o manjares de efectos especiales han sido víctimas de litros y litros de tinta por parte de los críticos.


Críticos que, la mayoría de las veces las destrozan, las ningunean y las prefieren dejar en el olvido ya que, a su parecer, “no proponen nada nuevo”. Pero, analizando meticulosamente cada filme que llega a nuestras salas, podríamos decir que sí se pueden encontrar joyitas cinematográficas en los empaques más impredecibles que uno encuentre en cartelera.



El ejemplo más reciente, se dibuja como una entrañable historia de amor paternal aderezada con la acción más trepidante (sin un ápice de efectos visuales) y un tufo a thriller de la vieja guardia, pero con matices europeos y británicos y, lo mejor de todo, independientes. Esta “Busqueda implacable”, ahora en cartelera, presenta al público una buena oportunidad para invertir los casi cincuenta pesos que cuesta la entrada al cine y salir con una sonrisa en la cara, adrenalina en el cuerpo y sudor en las manos.


Ubicando la historia en un “hecho real” como lo es el tratado de blancas en los países primermundistas de Europa, el anécdota comienza con la estructura de un padre amoroso y solitario (Liam Neeson), que pretende reestructurar su antigua vida de “guarura” mediante una no muy efectiva convivencia con su hija adolescente (Maggie Grace, de la serie “Lost”).


Todo se trastoca cuando la inquieta chica necesita permiso de su padre para visitar Francia al lado de una amiga. Reglas, permisos, un chico guapo, inocencia y algunas horas después, bastan para que el personaje de Neeson escuche vía telefónica a su hija siendo abducida (“Taken”) salvajemente en su departamento europeo. ¿Qué necesita un padre para salvar a su hija de las garras de una enorme red de corrupción? Sencillo: ser un experto rompemadres retirado con signos de Jason Bourne, Charles Bronson y James Bond.



Aparentemente, la cinta recurre a una historia más que conocida: cuando el personaje principal decide tomar venganza por su propia mano. Y en general, es correcta esta acepción. Con un pequeño detalle o “twist” dentro de lo común: el gigante de la actuación que resulta ser Liam Neeson. Mientras uno lo ubica en papeles más “serios” como Oskar Schindler, Michael Collins o Robert Roy, la verdad es que el histrionismo del irlandés va muchísimo más allá de sólo personajes históricos. Lo mismo puede ser el león Aslan en la saga de las “Crónicas de Narnia”, que Qui Gon Jin en “Star Wars” o el villano Henri Ducard en “Btaman inicia”.


Neeson nutre a su Bryan de “Búsqueda...” en una suerte de vengador anónimo pero más carismático, despiadado e inteligente que el interpretado por Bronson hace varios años. En menos de veinte minutos, la cinta no deja de recorrer con ingeniosos diálogos y un técnica fímica bien orquestada, la adrenalina que promete desde su trailer promocional.


El espectador salta, grita y se remueve en su asiento ante las escenas de acción, donde se vuelve un cóplice más del rescate improvisado que el padre realiza para salvar a su hija.



Mientras que las escenas de acción se sienten muy “europeas” gracias a títulos como “El Transportador”, “Dobermann” o “La supremacía Bourne”, la independencia que se respira en este título, permite que la trama se vuelva redonda, divertida, estrujante, crítica y lo más difícil, creíble. Elementos que sin lugar a dudas, impulsarán al cinéfilo promedio a rescatar este título en futuras pláticas del tipo “Mis películas favoritas de acción”.


Totalmente recomendable y cien por ciento disfrutable, “Búsqueda implacable” cumple con las reglas del género, y todavía se da el lujo de retratar una sociedad en decadencia y la otra cara de la moneda de una ciudad de lujo como lo es París. Para ser más precisos, y como dijo sabiamente mi padre, “cuando una película provoca que el público en una sala llena grite, respire y se emocione al unísono, quiere decir que estamos ante una joya del séptimo arte”.



Trailer:


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