lunes, 5 de octubre de 2009

UN DULCE OLOR A REINVINDICACIÓN


Es posible que desde la "Matrix", la ciencia ficción sufrió desprestigiado enormemente con cintas cutres como las dos secuelas de la antes mencionada, bodrios de remakes ("La guerra de los mundos") y otros tantos que es preferible olvidar (a excepción, quizás, de la incomprendida "Inteligencia artificial" de Spielberg).


Lo cierto es que ese género que enamoró por décadas a la humanidad gracias a la busqueda de lo desconocido, la conquista del espacio y el extenso análisis de quiénes somos y hacia dónde vamos, ya no es lo que era.


Atrás quedaron los años dorados de los alienígenas, viajes espaciales, odas futuristas y los menos preciados autómatas. Títulos clásicos de la ciencia ficción sólo se enfrascan en nuestra memoria cinematográfica con un dejo enorme de nostalgia.



La emoción de regresar al futuro al lado de Marty McFly y "Doc" Brown se sienten ausentes; las uñas encajadas en la butaca del cine al darnos cuenta que en efecto, "en el espacio nadie puede orinos gritar", se han esfumado; el análisis extenso que rondó nuestras mentes acerca del apocalíptico futuro que nos espera gracias a títulos como "Blade Runner", "Mad Max" y "Brazil", pareciera que fue imaginario gracias a su genialidad; qué decir del terror que puede infundir una nave ("2001: Odisea del espacio"), una máquina del futuro ("Terminator"), alienígenas destructores ("La guerra de los mundos") o la idea de vivir en un mundo virtual ("Matrix"). La ciencia ficción es quizás el género que más ha sido golpeado por la falta de creatividad en Hollywood.


Segundos antes de su inminente muerte cortesía de aburridos filmes "proféticos" como "Soy Leyenda", la secuela de los "X-Files" y el remake de "El día que se paralizó la tierra", la ciencia ficción descubrió a su salvador, su mesías, su profeta, en la curiosa imagen de un pequeño robot que reinvindica la definición de "Inteligencia Artificial".



El primer encuentro del espectador con este autómata se quedará grabado en la memoria fílmica como lo hiciera la teniente Ripley, Rick Deckard, Neo o el mismo E.T. Si cada década contó con su especial historia ciencia ficcionaria, el nuevo milenio abre los brazos y su corazón para concoer a Wall-E.


Detrás de este nuevo Héroe (así, con mayúscula) no podría estar alguien más indicado que Pixar, el único estudio que no pierde la creatividad, la calidad y sobre todo, el corazón que imprime a cada una de sus producciones. Dirigida por Andrew Stanton, el genio detrás de "Buscando a Nemo", la cinta toma prestada la escencia de cada una de las películas clásicas antes mencionadas, mezclandola con un humor referencial a Charles Chaplin y Buster Keaton, extensas referencias metafílmicas, un impecable diseño de sonido (cotesía del maestro Ben Burtt, quien hace la voz de Wall-E y ha trabajado en la saga de "Star Wars") y la animación que sorprende y supera cada año las expectativas de la audiencia. Repito: todo, cortesía de Pixar.



En general, se considera ciencia ficción a los cuentos o historias que versan sobre el impacto que producen los avances científicos, tecnológicos, sociales o culturales, presentes o futuros, sobre la sociedad o los individuos. Y Wall-E lo plasma a la perfección, con una tratamiento muy cercanoa a la realidad, alarmante y quizás, lo más acertado que nos puede suceder a los sere humanos si continuamos andando por el camino equivocado.


La historia sigue al pie de la letra los contenidos clásicos de la ciencia ficción (antes conocida como "lectura de anticipación"): futuros o alternativas temporales (el año 2700 ); posibles inventos o descubrimientos científicos y técnicos (los robots encargados de "limpiar" al planeta); la diferenciación del ser humano a partir de la comparación con otros seres superinteligentes (la sedentaria y estúpida vida que lleva la humanidad en comparación de sus "sirvientes", los robots); robots e inteligencias sintéticas (nuestro entrañable Wall-E y la autómata Eva); futuros apocalíptico o distópico (tienen que ver la película para tragar saliva y ver lo que, muy seguramente, nos sucederá en unso cuantos años); mundos controlado por ordenadores (la nave espacial con voz de Sigourney Weaver); seres humanos con anomalías físicas (repito, vean la cinta); y un enorme etcétera.



¿Interesante? Añadamos romance, acción, comedia blanca, animación de altísima calidad, una cucharada de metal, muchas dósis de emoción y adornemos con corazón. El resultado es más que sorprendente y totalmente ajeno a cualquier cinta animada antes manufacturada.


A final de cuentas, Pixar se cuece a parte y supera creces la enorme película que es "Kung Fu Panda", otra joyita animada de este verano. Recupera su trono, concientiza a la audiencia, crea a uno de los mejores personajes metálicos que ha dado el cine (al lado de R2-D2, Johnny No.5 y el T-800) y, quién lo diría, rescata a uno de los géneros cinematográficos que iniciaron la euforia para con el séptimo arte allá por 1902 gracias a "Le voyage dans la Lune" de George Méliès. Y pensar que todo se reduce al olvidado y "sencillo" mensaje que Wall-E ofrece en su narrativa: el amor sigue siendo la razón por la que nuestro mundo sigue dando vueltas. Incluso, el amor entre dos robots.



Trailer:



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