lunes, 5 de octubre de 2009

SADISMO CINEMATOGRÁFICO DELICIOSO


De acuerdo con la Wikipedia, "un cinéfilo es una persona que tiene un gusto especial por el cine más conocido como séptimo arte, éste afición puede ser un pasatiempo y también puede convertirse en un experto analizador y crítico de filmes; para ser un buen cinéfilo es preciso tener en cuenta muchos factores a la hora de analizar una película como: el guión, los actores, la escenografía y demás elementos técnicos y artísticos que componen la trama".


Así pues, un buen cinéfilo debe estar abierto a toda la gama de filmes que el séptimo arte ofrece. Es necesario, además de leer e informarse sobre el mundo del celuloide, ver por igual cintas comerciales, principalmente de manufactura hollywoodense; cine de otras latitudes; filmes de arte y de autor; películas underground, cine de culto, cine mudo y un enorme etcétera, que puede ir desde los géneros (terror, comedia, drama), los metrajes (corto, medio, largo) o los contenidos (actores, directores, temáticas). Esta enorme "paleta de colores" es lo que ofrece uno de las artes más jóvenes de nuestra historia (poco más de 110 años).



Con este antecedente, debo confesarme un enamorado del cine en general. Un simple espectador del blockbuster, un analista del cine extranjero, un entusiaste de las obras de autor, un nostálgico del silente y sobre todo, un amante del underground y las temáticas que, sin lugar a dudas, estarán cercenadas por la tijera de la censura.


Cine de clase B, X, exploitation, underground, fantástico, goth, experimental y que va "más allá de la línea de flotación" del entendimiento fílmico, ha sido mi eterno gusto culpable. Títulos como "Pink Flamingos", "Battle Royale", "Run Lola Run", Eraserhead", "Videodrome", "Acción mutante", "Brain Dead", "Guinea Pig", "Hedwig and the angry inch" (de mi Top 10), "Caché", "Tetsuo" y "Akira", han definido mi particular forma de ver el cine. Por eso, mi entusiasmo al apreciar el más reciente trabajo de ese híbrido de sadismo y arte que se hace llamar Michael Haneke. La obra en cuestión es "Funny Games", un remake norteamericano hecho por el propio Haneke de su cinta homónima de 1997.


Advertencia: la cinta no es apta para el público de masas. Con un tratamiento sádico, un ritmo lento y un desarollo intimista y en extremo inquietante, esta peli puede provocar náuseas y despedidas del espectador de la sala de cine. Para ser más concretos, es una especie de "Naranja Mecánica conóce al Hitchcock más puro, aderezándolo con Peckimpah y Lynch", pero en versión "mala leche".



La historia de estos "juegos divertidos" es simple: se trata de la historia de una familia neoyorquina compuesta por una ama de casa (Naomi Watts), su marido (Tim Roth) y su hijo de 10 años (Devon Gearhart) que son abordados por unos jóvenes en su casa de vacaciones cerca de un lago. No podría contar más, ya que el jugo, la sustancia de este remake (aunque más que eso, es una clonación cuadro por cuadro, pero con caras conocidas) es, precisamente, el factor sorpresa.


En un principio, el filme de 1997 causó polémica y disgustos por igual. Ya sea por su aparentemente estúpida premisa (para algunos) o lo pretencioso de su tratamiento (para otros). La verdad es que Haneke, en ambos filmes, sí puede pecar de manipulador, egocéntrico y sí, por qué no, hasta de pretencioso. Pero precisamente, ¿no es eso lo que enamora de todos los directores que se hacen llamar autores?.



Esa presunción se nos muestra a la hora en que la historia intenta hacernos cómplices de lo que está pasando. Con rompimientos de ficción y realidad (en determinados momentos, uno de los protagonistas mira a la cámara, al espectador, e incluso nos dice algo) y una de las vueltas de tuerca más absurdas y geniales, por igual, que ha dado el cine en los últimos años.


Muchos denominan esto último como uno de los errores del cine de Haneke: el ser demasiado evidente. Quizás lo es. La diferencia es que esta "evidencia" conquista al público ya sea asqueándolo o enamorándolo al final de la proyección.


Al final, no es entretenimiento, eso es seguro. En cambio, hay que esperar una experiencia inolvidable. Es tan sádica y perturbadora, que, como comenta la pretigida Claudia Puig del USA Today, "seguramente es la película más dura de ver desde Natural Born Killers." Y más que eso, diría yo. Haneke pone a sus personajes y a la audiencia en un mismo plató de cine hiperrealista, ya que la cinta está hecha con una habilidad brutal ante las posibilidades que el séptimo arte ofrece al director.



Es una propuesta visual diferente a todas. Una propuesta visceral, repulsiva y fascinante al mismo tiempo que confronta al público con sus propios miedos y la perturbada psique humana. Una propuesta que se incrusta en la retina y en la memoria al crear una atmósfera sádica, pero realista al mismo tiempo. Todo gracias a Haneke. Ese loco y demente director de cine que, con cada obra, le arranca al cinéfilo la misa pregunta: ¿puede una película ser apasionante y repelente al mismo tiempo?



Trailer original de 'Funny Games' y su remake:




No hay comentarios:

Publicar un comentario