
Ian Fleming, el padre de James Bond, logró una hazaña inusitada: hacernos creer que la vida de un espía es toda glamour, lujos y mujeres. Cómo lo hizo, y cómo se convirtió en uno de los escritores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, es una historia que merece celebrarse, contarse y recordarse, sobre todo, a través de, quizás, el personaje más carismático y longevo que haya conocido el séptimo arte.
Hablar de James Bond es hablar del cine mismo. A través de ya 22 películas (la saga más extensa en la historia), el espía británico del MI6 ha formado parte del colectivo cinéfilo entregando a cada generación una cátedra de cómo debe de hacerse el buen cine de acción y, de paso, embolsarse unas cuántos billetes verdes a la bolsa. James Bond es sinónimo de deseo, de sueño y de poder. Poder de confianza y poder de entretenimiento. Confianza depositada en un utópico personaje que hace vibrar a las masas y entretiene a todos con sus gadgets, mujeres, aventuras y diálogos cínicos muy al estilo del humor “made in Britain”.
Hablar de Bond exige un análisis de varios textos, extensas páginas y varios minutos de recuerdo cinematográfico para entender lo que este personaje ha heredado a Spielberg, Ritchie, Scott, Cameron, Woo y un largísimo etcétera. Por eso, y para no extendernos, lo mejor es enfocarse a su más reciente aventura: “007: Quantum of Solace”.
Después de empezar desde cero, derramar testosterona y salir con el corazón destrozado en “Casino Royale”, Bond busca consolidar su saga como “la franquicia de acción para el hombre pensante” e imán de la taquilla global. Y vaya que lo logra.
La cinta inicia literalmente, una hora después de “Casino Royale”, cuando el señor White es baleado y capturado por Bond en el Lago di Como. La acción arranca desde que el león de
Después de una extraordinaria persecución de coches en Siena, Italia, White revela a Bond y a M (Dame Judi Dench) que su organización (llamada Quantum) tiene agentes en el Gobierno de Su Majestad y en
El merito, sin lugar a dudas, lo tienes en este caso, dos personas clave: Marc Foster, el visionario director de “Cometas en el cielo”, “Buscando el país de nunca jamás” y “Más extraño que la ficción” en su primera cinta de acción, lo cual, más que ser un problema, le inyecta a la franquicia un aroma dramático, de cine de arte y con características que hacen ver a este Bond más real y cercano que sus pirotécnicas antecesoras.
El segundo merito, se lo lleva, con las palmas en alto, Daniel Craig. Debo de ser sincero: siendo un fan acérrimo de Bond (gracias a mi padre), el saber que mi espía favorito se transformaba de un explosivo Pierce Brosnan a un independiente Craig, no obtuvo mis mejores críticas.
Me uní al descontento de miles de seguidores de la serie a nivel mundial y me desesperó pro completo que Clive Owen (mi favorito) halla sido relegado como el segundo de la lista. Incluso, “Casino Royale” se me hizo aburrida, muy alejada del clásico bondniano y con interminables ausencias que son “marca de la casa”: el inicio con el icónico “gunbarrel”(cañón de la pistola) en donde Bond dispara a la cámara, el olvido de Monneypenny y Q, Gadgets, martines y la música clásica de bond (“tan-ta-ran-tan-tan…”). ¿Qué hacían con nuestro héroe?
Fácil y a la vez, imposible de entender (maldito fanatismo friki… lo acepto). Bond necesitaba una reinvención, un regreso a la realidad, un acercamiento más inteligente con el público. Después de ver a un espía que no se despeinaba, no sangraba, tenía coches invisibles y sabía “surfboarding” y tenía de chica Bond a Dense Richards (una pseudo-actriz que, citando a mi Sweety: “le injertaron neuronas sólo para esta película”), era obvio que algo estaba mal. Y con “Quantum” queda más claro que el agua.
Si Batman logró la mejore reinvención en la historia del cine, Bond tiene en Craig su propia resurrección. Craig convence, se planta con un héroe más curtido, más visceral, contenido y más realista que nunca. Mientras que en “Casino…” se veía incómodo en el papel, en “Quantum” nos enseña que llegó para quedarse.
Si a esto le añadimos que -hay que reconocerlo- el señor tiene el físico, el porte, la voz, el carisma y la mirada, Bond pasa de ser “el clásico Connery”, “el número uno Moore”, “el reemplazo Lazenby”, “el aburrido Dalton” y “el moderno Brosnan” a, quizás, “el mejor Craig”. Adelantado, quizás (papá, discúlpame), pero los conocedores del personaje de Fleming me podrán dar la razón de que Bond jamás se vio tan rompemadres y realista que en la piel del británico de la nueva generación.
Antes de terminar, y dejando a un lado a Craig, es justo decir varios aciertos de la cinta. Entretiene, sí, y mucho. Cuenta con varias curiosidades para los amantes del espía (“oilfinger”, por ejemplo), chicas bellas, persecuciones de suspenso, madrizas a diestra y siniestra, acción, acción, reflexión, un villano soso pero muy cercano a la realidad y la participación de dos compatriotas como villanos de Bond: Joaquín Cosio como el General Medrano y Jesús Ochoa como el, ejem, “guarro” del general. Vale la pena el boleto e incluso, una segunda vuelta al cine.
Trailer de 'Quantum of Solace' +Plus 'James Bond´s Texas Holdem':





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