lunes, 5 de octubre de 2009

LA DIVINA TRINIDAD DEL CELULOIDE


Revisando vía Internet varias encuestas relativas al séptimo arte, uno puede encontrar muchas cosas interesantes. Están los sondeos que explican cuales son las mejores cintas de ciencia ficción, gore, terror y fantasía de acuerdo con los fanáticos de hueso colorado. Aquellos que nos indican las mejores cintas de la temporada o las que incluyen los gustos de una persona en específico.


Pero quizás las más interesantes, sean aquellas en la que, críticos, fanáticos y personas involucradas con el medio (actores, directores, productores) realizan en conjunto para determinar lo mejor y lo básico que cualquier espectador debe ver en una pantalla, apreciar en una cinta y atesorar en su mente.


Por lo anterior, es interesante observar como, en varios sondeos especializados como el de la revista Empire, los críticos de Europa, Cinemanía o, en especial, los realizados a los críticos y estrellas de Hollywood por el American Film Institute (AFI), lanzan como resultado una divina trinidad cinematográfica que, si estudiamos bien, no podría estar mejor acertada o definida como “el mejor actor, el mejor director y la mejor película de la historia”.



Eastwood, Pacino, De Niro y Hoffman, por nombrar a algunos monstruos de la interpretación, concuerdan con miles de fanáticos alrededor del orbe (me incluyo): el mejor actor que ha pisado un set de filmación o un escenario teatral, tiene varios nombres: Stanley Kowalski, Vito Corleone, Kal-El, Terry Malloy y Emiliano Zapata. Tiene varios apodos: “El gigante”, “El método” “Indomable”. Cuenta con sus respectivas definiciones: polémico, insuperable, arrogante, altruista.


Ganador del premio Oscar en dos ocasiones y despreciado por la Academia otra veintena más. Nació y creció en Omaha, con el nombre de Marlon Brando, al igual que su padre. Considerado el máximo exponente del “Method Acting” (Actuación del método) y conspicuo discípulo del Actor's Studio y su ideólogo Lee Strasberg.


Amante del teatro desde un inicio, Brando consigue su primer papel en Broadway en 1944 en la obra “Truckline Café”. La actuación de Brando fue realista al punto de que la crítica Pauline Kael llegó a creer que el actor estaba sufriendo un ataque en el escenario.


Esto era Marlon Brando. Quienes han tenido la oportunidad de ver gran parte de su filmografía, puede entender a lo que se refería la crítica antes citada. El histrión daba todo de sí mismo en cada papel, a tal grado que los directores y actores que convivían con el en una filmación le tenían miedo o sufrían el mismo impacto visual cuando a Brando le tocaba realizar su escena.



Como sucede con las otras dos partes de la citada trinidad, Brando influenció a toda una industria; es el padre actoral de gigantes como James Dean, Paul Newman o el mismo Robert De Niro. Incluso después de su muerte, en 2004, sigue deslumbrando a las audiencias que reviven sus actuaciones. Sus increíbles dotes dramáticas le elevaron al rango de estrella durante los años cincuenta y sesenta, y a ser considerado por muchos como el actor con mejores cualidades interpretativas de la historia. Acuñó un nuevo estilo de galán, rebelde, crudo y sensual, características que lo erigieron en líder de una generación y del séptimo arte.


Este liderazgo, sólo que detrás de las cámaras es el que, indiscutiblemente, vive hasta el día de hoy (a casi 10 años de su muerte) “el mejor director” de nuestro amado arte, el cine. Artesano de maestría inigualable, de quien se ha destacado tanto su perfección técnica como su alto, profundo y a veces incomprendido simbolismo intelectual haciéndolo uno de los más respetados, controvertidos, sutiles y más grandes realizadores de la historia.



Sin tener una amplia filmografía (sólo 13 filmes erigen su legado), Stanley Kubrick redefine el significado de director, va más allá de cualquier género cinematográfico (le faltó, si acaso, el western) y deleita la pupila de quienes ven por primera vez el mejor vestuario jamás creado para una cinta, la película de terror más escalofriante, la ópera espacial número uno, el filme erótico mejor moldeado o el relato de guerra más abrumador de todos.

Y quizás, como ningún otro director, permite al espectador (en las propias palabras de Kubrick), una sencilla guía para apreciar la totalidad de su obra. Esta, se divide en dos etapas bien diferenciadas, dejando aparte, como él mismo quiso, sus trabajos tempranos.

La Primera Etapa, denominada, según el criterio: "Etapa de Juventud", incluye “Killer's Kiss”, “The Killing”, “Paths of Glory”, “Spartacus”, “Lolita” y “Dr. Strangelove”.

La Segunda Etapa, denominada "Etapa Renovadora", incluye “2001”, “A Clockwork Orange”, “Barry Lyndon”, “The Shining”, “Full Metal Jacket” y “Eyes Wide Shut”.

Las etapas se distinguen observando su estructura dramática (más tradicional en su primera etapa y experimental e innovadora en su segunda etapa) o la coloración del metraje (pero, a modo de excepción, Spartacus -de su primera etapa- está en color, aunque no por decisión de Kubrick). Más sencillo que esto, no se puede. Dense una vuelta por el Blockbuster más cercano, dedíquenle una tarde a este mito del cine y reflexionen acerca de su cine. Provocador, único, excelso, trasgresor, genio. Así es Stanley Kubrick, el mejor director de la historia, que sin embargo, le ganó el primer lugar a otro genio fílmico.


Con lo que llegamos a la parte final de nuestra divinidad del celuloide. “El Ciudadano Kane” es, quizás, el debut más espeluznante de un cineasta en la pantalla grande. Orson Welles derrumbó el sentido visual predominante en la época y realizó la película más importante para el posterior desarrollo evolutivo del arte fílmico. Nada Más.

La cinta marca, sin lugar a dudas, un antes y un después en la línea histórica del séptimo arte. Si bien técnicamente no inventó o aporto algo, sí utilizó los recursos visuales existentes en esa época de manera extraordinaria; un excelso uso de la profundidad de campo, encuadres en claroscuro, juegos de iluminación y fotografía, escenografías completas (techadas, grandes, majestuosas) y un notable y magistral manejo de cámaras, grúas, dollys, travelings y over shoulders.

La mirada más personal de un “auteur”, de un genio. Welles como un narrador omnisciente que quiere contar como se le antoja una historia común, valiéndose para ello de las más sencillas herramientas como los encuadras fijos, la picada y la contrapicada.

Si a esto añadimos que desarmó la cronología habitual a la que estaban acostumbradas las narraciones fílmicas de antes de los 50, empezando la narración de “Kane” desde el final, nos hace entender por que, incluso, la revista más importante de cine en el mundo y que aglomera a los críticos más fuertes como lo es “Cahiers du cinéma”, la consideran la número uno de toda la historia. Larga vida a Kane.


Al final, lo relevante de esta divida trinidad es su contribución a la innovación del lenguaje cinematográfico (en forma de una larga lista de recursos visuales, narrativos, actorales), que en todo caso se consideran innegables e insuperables. Un director, una cinta, una película, que si bien no engloban todo el cine ni a toda la industria, si son parte fundamental de la existencia del séptimo arte, más que ningún otro símil.

Su trascendencia va más allá de todas las encuestas. Tocan el olimpo cinematográfico enseñándonos a nosotros, el público, el por qué el cine es una de las tantas razones por la que el mundo sigue dando vueltas.


Marlon Brando´s 'I Could have been a contender' scene,
'Stanley Kubrick´s Collection' trailer,
Trailer de 'Citizen Kane':






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