
¿Qué es lo que hace buena a una película? Esta interrogante la he tratado algunas veces en este mismo espacio, desde diversas ópticas: del público, de las distribuidoras, de la historia. Otro punto importante y que va "junto con pegado", es la dirección y las actuaciones.
Actualmente, cine mexicano tiene un gran auge en los festivales y círculos cinematográficos a nivel mundial. Historias atrevidas, diferentes y, la mayoría de las veces, sobrevaloradas. Continúo con el disgusto de que por una paguen todas, para bien o para mal. Si bien el cine de Reygadas, Eimbcke y Leduc se cuece aparte, no podemos negar que nuestro cine (en su mayoría), es un retablo de influencias cinematográficas de otras latitudes, plagada de lugares comunes y peor aún, de lso actores de siempre.
Antes de continuar, acotó lo anterior: no es problema ver a los Bichir, a Martha Higareda o a Chucho Ochoa siempre en las mismas historias. No lo es. Pero siempre se agradece ver talentos nuevos que en verdad propongan, más no destruyan.
Y precisamente esto último, la frescura de talentos, es lo que más se debe valorar de la ópera prima de Francisco Franco, "Quemar las naves". Si bien una historia fuerte pero que se tambalea en su narrativa, la cinta ofrece una nueva generación de jóvenes actores que encajan perfectamente en un relato que se siente como una extraña mezcla de "El castillo de la pureza", "Brokeback Mountain", "Kids" versión ligth y un capítulo de "La vida es una canción".
El eje rector de la historia no teme a la censura: la busqueda de la identidad sexual, la delicadeza de saberse homosexual y la delgada línea que divide la hermandad del incesto, todo encapsulado en una sociedad confusa, perdida y con hambre de contestarse ¿que responsabilidad tiene un ser humano al amar y ser amado?.
Con temas escabrosos, sobre todo para la todavía cuadrada mente del mexicano cinéfilo, el guión parece ausente en varias escenas, recurriendo a un humor ¿involuntario?, música incidental y una forma muy "naturalista" de guiar a sus actores. Es precisamente en este rubro, que Franco saca lo mejor del filme y lo hace rescatable a la mira del público.
La cinta se siente aburrida-cómica-musical con diálogos dispersos y lo peor que le puede suceder a una cinta cualquiera: el "ya we, cuándo va a acabar esto", de parte del público. Pero bueno, esto se reduce a la narrativa del filme, la cual no convence y en lugar de hacer reflexionar cae en lugares comúnes y se aleja de la seriedad con la que quiere ser tratada.
De lo demás, la cinta merece las palmas, la espera y el precio del boleto gracias a su colorido reparto, sin el cual, la película pasaría a la categoría trash de "Así del precipicio" y "Niñas mal". Los personajes de Ángel Onésimo Nevares, Bernardo Benítez, Ramón Valdez y Jessica Segura, son suficientes para sostener los 100 minutos que dura el filme. Sobre todo el personaje de Ángel Onésimo como Sebastián nos obliga a seguir la carrera de estos "diamantes en bruto" los próximos años. En cuanto a Irene Azuela, se va perfilando como una cara que veremos "ad infinitum" en las pantallas de cine nacional.
Al final, la cinta retrata con decencia un enfrentamiento doloroso entre dos hermanos, obligándolos a definir su actitud hacia el amor, el sexo, la amistad, el poder y la traición; es decir, su actitud ante la vida. La historia de todos los días.
La fotografía y la cámara "minimalista", sin pretenciones, se agradece de sobremanera. Las actuaciones, reitero, de lo mejor en los últimos años. Definitivamente, una película que no acepta medias tintas. O la amas, o la odias. Por mi parte, "quemaré las naves" de "Quemar las naves" y continuaré con lo que sigue.
Trailer:



No hay comentarios:
Publicar un comentario