Desde hace un tiempo, algunos lectores me piden que busque películas dignas para criticar y recomendar en este espacio, debido a que la invasión de blockbusters no permite el análisis de un buen guión, una sutil estructura dramática, buena fotografía o dirección de arte digna de ser galardonada. Todo, en esta época, son efectos especiales, superhéroes, robots gigantes y saturar al espectador del efecto Michael Bay del que tanto habla Mmmmegan Fox: “No es una película para pensar, así que, si vas a verla, desconecta tu cerebro”.Y hasta el momento, cada año, en temporada de verano, este parece el mantra que el cine made in Hollywood quiere predicar en los cinéfilos de todo el mundo. Con sutiles excepciones como “Up” y “La propuesta”, las cintas de esta temporada solo tienen un tufo a refresco maximegagrande con palomitas azucaradas y cero neuronas. Emoción, sí, y mucha, peor poca sustancia.
Por lo anterior, mi tarea como cinéfilo y voz para aquellos que gusten de ver buen cine, poco, peor buen cine, se volvió en demasía ardua y sin final aparente. Trate de rascar en cintas mexicanas pero sigo encontrándome con churros infumables o “ya meritos”; cintas independientes de autores como Kevin Smith, George Romero y Wes Craven pero sólo me provocaba comparar sus más recientes obras con sus grandes clásicos; algunas cintas medianas en cartelera y sobre todo, revivir viejas uy grandes películas de antaño, de las que de vez en vez, hecho mano para recomendar lo mejor de la cinematografía mundial.
Así que, con esta última sensación, de cintas clásicas y producción impecable, mi elección fue hablar del cine de gángsters, mejor conocido en su época como Film Noir, y enaltecido por grandes como Coppolla, Scorsese, Hawks y Capra. Justo en este momento, la cinta que cambiaría mi perspectiva de este verano 2009 llegaba a nuestras cartelera, encumbrada en un cine VIP y en un ambiente propicio para revivir la época de los 30.
Me refiero a lo más reciente del vanguardista Michael Mann (Colateral), “Enemigos Públicos”, sobre la vida del carismático e introspectivo criminal John Dillinger, uno de los gángsters más famosos de la historia de Norteamérica y considerado en su época como el criminal más buscado por un verde FBI.
Más allá de cualquier otro género, el cine de gángsters siempre tiene algo que proponer si se trata con seriedad, incluso con la inclusión de clichés obligados como los mafiosos locos (Baby Face o Dutch Shultz), los regalos caros (abrigos de pieles y autos de lujo) o la tambaleante ética de los criminales (“sólo robamos al banco, no a sus clientes). Pero más que una ayuda, la historia en este género viene a pasar a segundo término, ya que la propuesta de tratamiento es lo que debe sorprender ahora al espectador. Scorsese y Coppola lo dijeron todo respecto a este estilo de vida y sus personajes variopintos, por eso, ¿qué aporta una cinta más de mafiosos al género?
Bien, pues en las manos de Mann en la dirección y el guión y con un reparto de envidia que incluye a Johnny Deep como el propio Dillinger, a Christian Bale como el detective encargado de su captura, Melvin Purvis, la bella ganadora del Óscar Marion Cotillard, Giovanni Ribisi, Stephen Dorff, Billy Cruddup y Leelee Sobieski, la cinta se perfilaba como uno de los mayores éxitos del año.
Si a esto se añade una espléndida fotografía a cargo de Dante Spinotti y una partitura musical de Eliott Goldenthal, la cereza del pastel la otorga William Ladd Skinner con la estupenda dirección de arte, y la cinta, en términos generales cuenta con una redondez que pocas veces se ve, un efectivismo desbordante y sobre todo, con mucho, peor mucho cerebro.
Como evocando sus éxitos de la época dorada, Universal ofrece un festín visual para el espectador como pocas veces. La cinta relata la historia del legendario bandido de la época de la Gran Depresión, John Dillinger (Johnny Depp), carismático atracador de bancos que se convirtió en el objetivo número uno del incipiente FBI de J. Edgar Hoover y de su mejor agente, Melvin Purvis (Christian Bale), además de una especie de héroe para el sufrido pueblo.
Nadie era capaz de detener a Dillinger y a su banda. No había cárcel que se le resistiera. Gracias a su encanto personal y a sus osadas fugas era aplaudido por casi todo el mundo, desde su novia Billie (Marion Cotillard) hasta el obrero maltrecho que no sentía simpatía alguna por los bancos que habían hundido el país en la depresión.
Las aventuras de la banda de Dillinger, que posteriormente incluiría al psicópata Baby Face Nelson (Graham) y a Alvin Karpis (Ribisi), entretenían a la mayoría, pero J. Edgar Hoover tuvo la idea de servirse de la captura del bandido para empezar a transformar su “Bureau of Investigation” (Oficina de investigación) en lo que sería el FBI. Convirtió a Dillinger en el “enemigo público número 1 de América” y lanzó a Purvis, el apuesto “Clark Gable del FBI”, tras él. Sin duda, una historia que sería la delicia del tite Scorsese.
La historia, de la mano de Mann es plasmada en pantalla con el uso de la tecnología digital en video de alta definición y filmada en su totalidad con cámara en mano, lo que dota a la obra de una orientación casi documental, con imágenes que salen de pantalla, escupen los balazos que detonan las metralletas y dejan entrever los finos hilos que cubren el pulcro vestuario recreado específicamente para la cinta, al lado de un Chicago depresivo que pareciera hecho a mano, con detalles en los más mínimo.
Un homenaje total al cine, en donde figuras histriónicas se enfrentan en pantalla para dar una cátedra de actuación en papeles que, por momentos, parecieran quedarse muy cortos ante el poder actoral de Deep y Bale, sencillamente geniales.
Mientras que Deep presenta a un Dillinger filosóficos, carismático, romántico pero intimista, Bale mesura su clásica explosividad contenida y ofrece a un Melvin Purvis catártico, conciente de sus errores y decidido en sus tareas. La partitura musical y el manejo de la cámara y el ritmo son sólo extras que ofrece esta cinta de Universal para los amantes del buen cine.
Lo prometido es deuda. Mann, Deep y compañía lo cumplieron con esta puesta en escena y un servidor, con recomendar una cinta que pasará a la historia del género, quizás no del cine, pero sí ofrecerá una nueva forma de ver el cine en un futuro, donde la historia se recuerda como lo primordial y sus complementos como engranes de la perfección. Además, el simple hecho de presentar a Clark Gable en pantalla gigante, en forma de homenaje, un artista que por sí sólo y en menos de minutos llena la pantalla, es el mejor regalo que esta temporada pudo haber dado al espectador promedio y al cinéfilo aguerrido. Qué gran reto deja “Public Enemies” para el resto de la temporada.
Trailer:





No hay comentarios:
Publicar un comentario