
Al igual que hace unos meses con Matrix, la memoria fílmica vuelve a parecer en este espacio dedicado al séptimo arte de la mano del pasajero número nueve (no ocho, como piensan por ahí) de la nave espacial Nostromo. Un ser híbrido y asexual creado por el artista gráfico H.R. Giger y enemistado eternamente con la teniente Ellen Ripley, interpretada por una antológica Sigourney Weaver. Con cuatro historias en su haber –más dos insulsas peleas con varios Depredadores-, “Alien” cumple 30 años de existencia, los suficientes, para saber a la perfección que en el espacio nadie, absolutamente nadie, escuchara nuestros gritos.
Todo inició en un tiempo indeterminado, cuando la nave U.S.C.S.S. Nostromo viajaba desde el planeta Thedus con dirección a la Tierra, con un cargamento de minerales preciosos para ser procesados en las refinerías norteamericanas. Mientras los tripulantes de la nave se encuentran dormidos en un “letargo artificial” y ansiosos de regresas a sus hogares y recibir la paga del cargamento, la computadora de la nave, “Madre”, recibe una señal extraña en su radar: un aparente SOS de origen desconocido que levanta al equipo de su sueño, cambiando la dirección de la nave con rumbo al sistema extrasolar Zeta II Reticuli, ubicado en los límites de astronavegación conocidos por el ser humano.
Después de un consenso entre los tripulantes de la nave, se decide atender al llamado de la transmisión e inspeccionar el destino, una luna de un planeta gaseoso y anillado. El equipo se divide para rastrear el lugar a pie, monitorear estos movimientos y prepararse para el “rescate”. La teniente Ripley es el único miembro renuente ante la inesperada expedición, sobre todo, cuando “Madre” reafirma el mensaje: no era una llamada de auxilio, sino una señal de advertencia.
El hallazgo: una nave varada hace tiempo, supuestamente extraterrestre, con cadáveres no identificados en su interior. El problema: una especie de sembradío infestado por larvas o huevos embrionarios en actividad. El suceso: del interior de uno de estos huevos, emerge un “facehugger”, una especie de araña que se incrusta en el rostro de Kane, uno de los tripulantes. El error: el cuerpo atacado de Kane es transportado de vuelta a la nave. El terror inicia.
Con esta sencilla descripción se resume el arranque de una de las cintas de terror y ciencia ficción más logradas de toda la historia cinematográfica. Estamos hablando de escasos 40 minutos para que suceda todo lo anterior. Casi dos horas después, el suspenso inicial se transforma en un horror constante que deja al espectador con poca respiración e inmerso en un ambiente sofocante y de estrés total.
Precursora en varios aspectos, el “Alien” de Ridley Scott revolucionó un género perdido en el limbo, tal como lo hicieran varias cintas de la época como “Star Wars” y “2001: Space Odissey”. De echo, esta triada de cintas fueron las causantes de que la ciencia ficción sobreviviera y evolucionara hasta nuestros días como un arte, un género de culto y sobre todo, una brecha infinita de posibilidades creativas dedicada a contestar preguntas como ¿estamos solos? ¿qué hay allá afuera? ¿quiénes somos? O la clásica ¿alguien nos vigila?
Si bien la ciencia ficción ha existido en el séptimo arte desde sus inicios de la mano de maestros como Meliés y K. Dick, se trata de un género rico en contenido que encuentra sus limitación en la mente y en el infinito. Lucas, Kubrick y Scott lo sabían perfectamente y por eso estas tres vertientes marcaron época en la historia fílmica, humana e imaginativa. El espacio efectista, el espacio misterioso y magnánimo y el espacio sórdido y terrorífico serían las tres plataformas ideales para las siguientes obras de SCI-fi en épocas que crean culto a las mismas. Ejemplos varios se extienden a la televisión, literatura, cómics, novelas, música y pintura.
Acreedora de una de las sagas más interesantes a nivel visual, narrativo y de producción “Alien”, catalogada por algunos en el género del Body Horror, contó inicialmente con un presupuesto de 11 millones de dólares y con el surrealismo visual del pintor suizo Hans Ruedi Giger, artista encargado del diseño de la criatura, su evolución, las naves, sus interiores, los planetas y varias escenas, lo que le valió el único Oscar que ganó la cinta.
Pero más allá de las curiosidades y maravillas de su producción, la cinta encontró su máximo acierto en la incursión de la primera heroína en forma en una cinta de acción. Un personaje femenino fuerte, sin clichés y que representaba a la mujer como un ser independiente e incluso, sobreviviente único (junto con un gato) de la masacre de la criatura.
La teniente Ellen Ripley, interpretada por la entonces desconocida Sigourney Weaver, fue el elemento sorpresa de la cinta, al grado de coronarse como un personaje de culto y uno de los máximos en la historia del cine mundial, sobreviviente a tres aventuras más (“Aliens”, “Alien 3” y “Alien: Resurrection”) y posiblemente, esperando su quinto encuentro con el simbionte.
Como sucediera con “El Resplandor” o “La ventana indiscreta”, “Alien” es una de esas obras cinematográficas que resisten los avatares del tiempo (y el espacio) como pocas. Aún hoy, a sus 30 años de existencia, sigue provocando sustos, maravillando con sus diseños y estresando a las audiencias.
Hoy más que nunca, sigue vigente por dos sencillas razones: quién no ha deseado alguna vez patear traseros como el personaje de Weaver y quién no correría de pánico al tener cerca del cuerpo el vao húmedo de la criatura asexual. Además que es jodidamente entretenida. ¿alguien dijo “Transformers” o “X-Men”? Pamplinas, esto sí es una verdadera película.
Trailer original:






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