
A la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidos (vulgarmente conocida como Oscar), siempre se le podrá criticar su falta de juicio a la hora de las premiaciones, convirtiendo a la ceremonia en el espectáculo más risíble, predecible y desangelado del se´ptimo arte. Si bien antes las verdaderas estrellas llenaban la pantalla y la alfombra roja con dignidad (Clark Gable, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe, etc.), a últimas fechas, los oscares han dado más pena que gloria reflejada en la enorme baja de audiencia a nivel mundial.
¿Que tienen en común David Lynch, Akira Kurosawa, Kristoff Kieslowski, Alfred Hitchcok, Stanley Kubrick, "Naranja Mecánica", "Taxi Driver", "Cinema Paradiso", Leonardo DiCaprio y Johnny Deep? Personalidades de Hollywood, grandes películas, excelentes cineastas. Y enormes perdedores de al ceremonia dorada. Precisamente, una de las grandes injusticias de la historia de Oscar se vivió en la última entrega al resultar totalmente ignorada la obra de arte que representa el filme "Persépolis".
"Persépolis" es la historia autobiográfica de la iraní Marjane Satrapi (directora del filme), la historia de cómo creció en un régimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país y conocer nuevos horizontes en América.
Basada en el cómic homónimo de Satrapi en 2000, el relato comienza a partir del año 1979, cuando Marjane tiene diez años y desde su perspectiva infantil es testigo de un cambio social y político que pone fin a más de cincuenta años de reinado del sha de Persia en Irán y da paso a una república islámica.
Además de diferenciarse de los demás niños por haber sido educada al estilo occidental (idiomática e ideológicamente) dentro de una familia de clase alta islámica y por unos padres de ideología progresista y partidarios del islamismo moderado, Marji también tiene una incontrolable inquietud intelectual para una niña de su edad y notable imaginación que la lleva a ausentarse en los problemas sociales y vivir en su muy particular mundo: igual mantiene conversaciones con Dios - al que encuentra un curioso parecido con Karl Marx -, como sueña día a día con llegar a ser la última profeta que siga los pasos de Jesús y Mahoma.
Tanto el cómic, como la película, son obras de un indudable valor humano y artístico. "Persépolis", la película, viene precedida de un gran éxito de ventas para una obra de sus características (pocos ejemplares impresos, en blanco y negro, con animación austera, textos adultos) y miles de premios a nivel mundial, como la Coup de coeur del 2001 y el segundo el Premio al Mejor Guión en 2002. Hasta el momento, se han publicado en europa cuatro volúmenes de la historia entre 2000 y 2003 por la editorial independiente L'Association.
Fue hasta el pasado 2007, que se logra estrenar en Francia la película que adapta a la animación los dos primeros álbumes del cómic, codirigida y coescrita entre la propia Satrapi y Vincent Paronnaud. La animación está realizada enteramente en blanco y negro, y cuenta en la versión francesa con las voces de Catherine Deneuve (admiradora confesa del trabajo de Satrapi) y su hija Chiara Mastroianni, en los papeles de la madre de Satrapi y de la propia protogonista respectivamente.
Prohibída en varios países y estrenada con éxito en Cannes (algo que disgustó sobremanera a las autoridades iraníes), la versión animada de "Persépolis" finalmente llega a tierra mexicanas con mucho retraso e incógnita detrás de ella.
Borja Hermoso, periodista español de El mundo comenta que "con esta obra, la ilustradora iraní Marjane Strapi ha logrado demostrar de un plumazo que el cómic es capaz como lo pueden ser la literatura o el cine de reflejar con crudeza los episodios menos dulces de la Historia." Y esto es algo que los gringos jamás entenderán. Mientras la industria del cómic en Estados Unidos se inunda con superhéroes fantásticos e historias de ciencia ficción y fantasía, el cómic europeo reivindica la vigencia creativa y cultural del medio desde una perspectiva de autor. Y esto mismo consigue el filme.
Cabe mencionar, al final, que la animación tanto en cómic como en filme de Marjane Satrapi, egresada de Bellas Artes en Teherán, es el factor que más atrae al espectador en un primer vistazo (la propia autora reconoce que "al principio dibujaba muy mal"), sin embargo resulta sorprendentemente apropiado para el tono en que navega la historia, ya que la estética recuerda a los dibujos infantiles y aumenta la sensación de estar observando el mundo precisamente a través de los ojos de una pequeña niña.
Injusta Academia, ignorante industria, perdidos cinéfilos. Más allá de la animación por computadora, Disney, Nickelodeon y Pixar (aunque este se cuece aparte), ver "Persépolis" ofrece un respiro al espectador entre tanta historia vacía, efectos digitales y sobre todo, falta de escencia humana. Y aquí, el verdadero galardon no es dorado, es el de la memoria cinematográfica.
Con información de Jose A. Serrano, "Guía del cómic", España.
Trailer:




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