
Hace poco hablábamos de la maravilla visual que nos preparan ciertos directores al momento de lanzar una cinta. Directores vanagloriados en el mundillo independiente que tienen sus hordas de fans, son alabados por diversos círculos de críticos, pero por lo general, son menospreciados por el público y tachados de pretenciosos, extremistas y “fumados”. Esos seres que prefieren tomar el camino empedrado y espinoso del cine en lugar de prostituir su creatividad e ideología por unos cuantos billetes verdes.
Michael Haneke, Gus Van Sant, Lars Von Trier, Julian Shnnabel, David Lynch, Michel Gondry, Lee Demarbre y un largo etcétera, sorprenden con sus propuestas pero polarizan con sus productos. Obras incomprendidas en donde lo mismo pesa representar una pesadilla sin pies ni cabeza, como orquestar una sádica tortura a los valores humanos; la magia de la cámara lo mismo se usa para contar una oda vampírica con El Santo de aderezo, como una fábula dedicada a la soledad y sus vías de escape.
Este maravilloso gremio de genios incomprendidos se nutre de las pasiones humanas, de los sueños más infantiles y de la imaginería visual más complicada que uno pueda construir con un mínimo de presupuesto. Al fin y al cabo, de eso se trata el cine independiente: contar algo novedoso, fresco, interesante, con lo mínimo de economía y recursos técnicos.

En este encuentro, el joven le mostró a Clark uno de sus tantos guiones. Pronto, el engendro bastardo del cine llamado “Kids” vería la luz en las pantallas del todo el mundo. Una película sobre sexo, “teenagers”, sida y drogas que años después se volvería en cinta de culto. El sueño (y la liberación) de Korine despegaba en el séptimo arte. Tenía apenas 21 años.
Dos años después, Korine estrenaría Gummo, filme parte aguas en la alcantarilla independiente del cine underground, bizarro y, curiosamente, enigmático. La película despertó la admiración del legendario Werner Herzog, quien exclamaría: “Cuando vi el pedazo de tocino frito pegado en la pared del baño en Gummo, me caí de la silla. Korine es una voz diáfana de una generación de realizadores que está tomando nuevas posiciones. Esto no va a dominar el mundo cinematográfico, pero ¿qué importa?”. Nadie mejor para definir la carrera de Korine que el maestro Herzog.
Más obras psicóticas y arriesgadas, colman la filmografía de este joven gringo: “The Diary of Anne Frank Part II”, “Fight Harm” y “Julien Donkey-Boy”, obras que si bien no son nada conocidas, si recibieron varios elogios en el circuito de festivales a nivel mundial. Después de esto, Korine dejó de filmar en ficción, o peor aún: dejo de filmar. ¿Qué había pasado con la joven promesa?
El mismo Korine lo explicó a los medios de la siguiente manera: “Yo he estado haciendo películas desde que era virtualmente un niño y todo fue siempre muy fácil. En cierto punto, después de la última película, comencé a sentir una cierta desconexión general de las cosas. Yo era realmente miserable con lo que era. Estaba quemado, el cine era lo que más había amado en mi vida y ahora empezaba a no importarme".
"Me fui hundiendo más y más hondo en un lugar tenebroso y, para ser honesto, el cine era en lo último en lo que pensaba.” Se convirtió, pues, en un ente solitario. Como el personaje de su nueva película, “Mr. Lonely”, la cual puede encontrarse en cualquier tienda especializada en DVD y CD importados.
“Mr. Lonely” cuenta la historia de un imitador de Michael Jackson (Diego Luna) que se enamora de una imitadora de Marilyn Monroe (Samantha Morton). Dispuesto a no perderla, y dejar de vagar por la vida sin sentido alguno, la sigue hasta una comuna francesa de imitadores donde conoce al esposo de Marilyn, un imitador de Charles Chaplin, y a la hija de ambos, Shirley Temple. ¿Original? Por supuesto ¿Entretenida? Con reservas ¿Debe verse? Claro que sí.
En la piel de un casi perfecto Michael Jackson, nuestro compatriota Luna se suma a la locura de Korine para relatar una historia entrañable que versa sobre la soledad, el autoestima, la vida, el origen y la originalidad, y lo absurdo del ser humano, en un mundo donde hay monjas que vuelan desde aeroplanos y niños que cabalgan cerdos.
Un relato auténtico donde las máscaras de la sociedad se dibujan de una gama de imitadores profesionales. Jackson conoce así, a otros solitarios como él, que sólo sueñan con el espectáculo perfecto que los libere del “mundanal mundo” (diría Tin Tan).
Madonna, James Dean, el Papa Juan Pablo II, Sammy Davis Jr.,
Genio. Incomprendido. Pretencioso. Infantil. Mamón. Fatalista. Positivista. Aburrido. Increíble. Vanguardista. Eso y más, es lo que Korine significa para los amantes del cine en el globo. Pero, ¿qué acaso no lo son todos nuestros ídolos, todos los cineastas, todos los transgresores? Personas solitarias que, con su muy particular forma de ver el mundo, nos liberan por unos momentos con fábulas impresionistas que responden a otra pregunta más: ¿acaso el cine no es la mejor de las artes? Júzguelo usted mismo.
Trailer:



No hay comentarios:
Publicar un comentario