
A falta de alguna buena película en cartelera que recomendar, es necesario echar a andar la memoria fílmica y que, gratamente, pueden encontrar ya en su Blockbuster más cercano. Con 36 años de vida – se espera un mega paquete de DVD para el aniversario número 40-, es necesario revisar, sobre todo en esta época donde cualquier noticia del mundo nos pueden dar nauseas, la que a la larga sería una de las cintas más polémicas, asquerosas y transgresoras de todos los tiempos.
Debo decir que mi primer acercamiento con “Pink Flamigos” del excéntrico John Waters, me causó un sin fin de emociones encontradas. Estaba enfrente de mi primera cinta de culto “underground” que veía en mi vida; muy diferente a lo que había visto en todos esos años de cine clásico y comercial de todo el mundo; a su vez, me provocó náuseas y me reí como niño en una película de Chaplin…pero a carcajadas; reflexione sobre lo estúpido y denigrante que puede llegar a ser un norteamericano promedio dentro de una sociedad de por si destrozada; y, entre muchas otras cosas más, decidí guardar con recelo la oportunidad de que un ente cinéfago como yo la pudiera disfrutar alguna vez.
Esto último fue un poco difícil. Varios “cinéfilos” (muy entre comillas) a quienes les llegue a prestar la peli, me la regresaban sin tan siquiera llegar al final de la misma, en donde una Divine en el punto más alto del “grotesque”, come excremento de perro a plena reacción de la cámara. “Es lo peor que he visto en mi vida”, es lo que yo recibía a cambio. Qué podía pensar yo si las cintas favoritas de estos “amantes del cine” eran encabezadas por Will Smith o Nicole Kidman.
En este momento, quizás se pregunten ¿de qué va esta locura fílmica?
Bueno, saliendo de la mente de John Waters, la sinopsis no podría ser más bizarra que exquisita: la travestí Divine vive bajo el pseudónimo "Babs Johnson" con su madre Edie, amante de los huevos duros, su hijo delincuente Crackers, y Cotton, su compañera, que tiene una obsesión extrema por el voyeurismo. Residen todos juntos en una caravana (en frente de la cual hay dos flamencos rosas de plástico, de los que se obtuvo el título del filme) en la calle Philpot en Phoenix, un barrio de las afueras de Baltimore.
Divine ha sido declarada por los diarios nacionales como “The filthiest person alive” (se escucha mejor en ingles, disculpen), pero la pareja de Connie y Raymond, una asquerosa pareja de entes con el pelo pintado, no tolera que haya alguien más sucio y degenerado que ellos.
¿Quién ganará en esta batalla campal? Veamos. Del lado de la gorda “drag queen” favorita de los cinéfilos, tenemos a su obesa madres (interpretada con bajeza por Edith Massey), quien vive encerrada en una cuna y solo viste en ropa interior. La vieja tiene una obsesión tremenda con los huevos y los engulle crudos, hervidos o fritos. Al final, la mujer (con cierto retraso mental) termina casándose con el “huevero”, quien le promete llevarla a los gallineros más grandes y famosos de Estados Unidos para atragantarla todos los días. Un punto.
Crackers, su hijo, lleva mujeres al trailer y las viola. Además, le gusta tener una gallina cerca de...ejem... "you know", y que Cotton (su novia) los mire tener sexo.
Y Divine (alter ego del actorcete
Harris Glenn Milstead) hace de todo: usa la calle como baño, la carne que compra se la pone en la entrepierna para “entibiarla”, le hace sexo oral a su hijo, es caníbal y asesina y sobre todo, la escena clásica de la cinta antes citada en este texto, come caca de perro (sin cortes y en primer plano). Mientras, en su cumpleaños, recibe un vómito de regalo, un machete y un “performance” de lo más mórbido por parte de uno de sus invitados. Difícil superar eso, ¿no es cierto? Veamos los meritos de los no tan decentes Marble.Ambos tienen el pelo teñido de color. Ella rojo y el azul. El es exhibicionista y le gusta mostrarse desnudo frente a escolares, con el uso de embutidos como “ayuda 3d” por así decirlo. Ambos son fetichistas de los pies, de los callos y las uñas largas y así tienen sexo. Además, su negocio consiste en secuestrar chicas indefensas que piden aventón en las carreteras locales, encerrarlas en el sótano, embarazarlas (por medio de un empleaducho o por, mágicamente, inseminación artificial con un gotero) y luego vender los bebes a parejas de lesbianas.

Ante todo esto, podrán preguntarse lo siguiente: quien ha visto la película ¿la aguanto? ¿Pudo ver escenas enteras sin bajar la vista? ¿Qué puede gustar de todo este festín de escatologías? Por que he de decirles, los actos antes enlistados, se muestran en pantalla sin el menos desparpajo o censura. En pocas palabras, la obra cumbre de John Waters es un ejercicio del mal gusto. Obscena, sucia, explicita y en cierto modo, divertida.
De aquí, el hecho de que la cinta haya sido exhibida sólo en cines cutres o de medianoche –eso sí, durante más de 15 años…tómala “Titanic”- y contrabandeada en formato Beta, VHS y DVD por círculos pirata, alcanzando el estatus de mito por parte de los verdaderos “amantes del cine” sin importar si una cinta es de Disney, Coppolla, Pedro Infante o…Divine.
Al final de todo, la verdad es que el filme, como lo comenta el crítico Jordi Costa del Diario el País, es una "Pieza insuperada de la zafiedad y las perversiones". Lo grotesto vuelto celuloide. Y la crítica ácida vuelta película. Definitivamente, y después de ver las negativas de los cinéfilos ligths que conozco, no es una cinta recomendada para la persona promedio. Yo llegué a ella engatuzado por los comentarios de revistas especializadas, un recién estrenado Internet, documentales o entrevistas a Johnny Deep, John Travolta o Charlie Sheen; por ese tufo de censura que la rodeaba. Aun así, solo la recomiendo para estómagos fuertes o mentes abiertas.
Esto es “Pink Flamingos”, una película de desdoble, de excentricidad y de asquerosidad total, tanto por su argumento, su manera de estar filmada y sus personajes poco comunes. No representa ni el bien ni el mal, representa lo exagerado que pueden ser los norteamericanos. Renunciando a la idea de realidad/ficción de esta manera, convirtiendo a muchos personajes en verdaderas obras de arte parlanchinas y bizarras. Larga vida a Divine, dicho sea de paso.
Traspasa el buen gusto y trasciende al olimpo cinematográfico, precisamente por su diferencia y su desparpajo. Una obra de culto que debe ser vista. Y sí, nunca encontré con quien platicar esta cinta. Hasta apenas, con un compañero de trabajo igual de friki-cinéfago que yo. Pero tranquilos, de verdad, no se asusten. Prometo que la próxima semana regreso a los lares comerciales del cine con una de tres: “Burn alter reading”, “Blindness” o, la que más espero (por que adoro Hollywood también, dicho sea de paso), “007: Quantum of Solace.” Hasta la próxima.
Trailer +Plus John Waters´s Advert:





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