
Después de observar que Casarse está en Griego y morirse en hebréo, imaginemos por un momento lo que sucedería en México de fallecer un día domingo. Quizás nos es un poco difícil, o no encontremos problema alguno, pero nada más alejado de la realidad. Por lo menos así lo demuestra el muy acariciado retorno de Daniel Gruener al cine después de una década de ausencia, con la magnífica, terrorífica y entrañable Morirse en Domingo.
El cine mexicano tiene un poco de mala fama, hay que aceptarlo; los triste es que se lo ha ganado a pulso y lo triste es que pagan justos por pecadores. Esto es con lo que tienen que batallar muchas películas para salir del mar de la mediocridad que las rodea, y Morirse..., poco a poco, desde su estreno el año pasado, ha podido brillar como el gran logro cinematográfico que es, tanto en historia como en montaje.
Todo se origina gracias a una anécdota sucedida al guionista del filme Antonio Armonía, cuando su tío murió el séptimo día de la semana, iniciando un peregrinaje para sepultar al pariente. El resultado y la impotencia de esta peculiar odisea, desembocarían dos años después en una colaboración con Daniel Gruener, que el día de hoy ha visitado muchos festivales y que puedes revisitar en DVD.
La cinta narra la muerte del tío Julio, quien al fallecer un día domingo, le complica la existencia a todos los miembros de su acomodada familia. Por falta de economía, los parientes se ven imposibilitados de contratar los servicios de una gran funeraria, por lo que buscan cualquier opción viable antes de que se compliquen más las cosas. La solución llega de la mano de un "zopilote" (Silverio Palacios), dueño de una funeraria de dudosa calaña, que promete hacer lo necesario por un módico precio. Lo que nadie sabe, es que el embalsamador tiene otros planes para el tío Julio, ya que además de funeraria, corre el negocio de tráfico de cuerpos y órganos.
Con esta sencilla premisa, mas una pizca de amor gótico entre dos jóvenes y una suerte de thriller socio-político, Gruener nos inunda de imágenes y situaciones irreverentes, surrealistas y cómicas, en los que la muerte ocupa el protagónico, sobre todo cuando nos damos cuenta que ni Dios trabaja los domingos.
Con algunas reminisencias a películas como Fe, Esperanza y Caridad (1972), el director maneja con maestría las situaciones y a los personajes, dotando a la obra un nivel superior en cuanto a contenido se refiere. El humor negro se presenta en cada grieta y cuarto de la funeraria o en personajes tan entrañables como el Drácula, el cuate pacheco de Joaquín, quien ofrece su refrigerador como empaque de muerto.
Lo mejor de la película: la actuación de Silverio Palacios como el mercader de cadáveres, el padre preocupado, la joya de la historia. Una cátedra de actuación.
Morirse... nos pasea por las zonas más ruines de la ciudad de México y de las mentes de sus habitantes, siempre con el sentido del humor como pasajero principal. Como el mismo Gruener la califica, "es una historia de vivos y sobrevivientes, de los que se pasan de lanza." La mejor muestra de cómo una sociedad mexicana en su totalidad se ha vuelto especialista en librar el orden para encontrar la salida más fácil a sus problemas, pequeñas mentiras que conforman la realidad, nuestra realidad: la sobrevivencia diaria.
Que el mexicano se ría de la muerte es un falso lugar común. El día de muertos, las calaveritas o el constante culto a la muerte, reafirma el hecho de que el tema obsesiona, esta presente. Como dicen por ahí: "el muerto al pozo y el vivo al gozo." De esto y más trata Morirse..., un respiro ácido y cómicamente oscuro entre otras propuestas de nuestro cine, que nos hará pensar por mucho el atrevernos a morir en domingo. Por que, hasta para eso, se necesita tener mucha suerte.
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