lunes, 5 de octubre de 2009

METÁFORA METAFÍLMICA


Justo después de leer un especial dedicado al séptimo arte de una reconocida revista que nos ayuda a saber más sobre nuestra vida, se me quedó grabada una sabia frase de Orson Welles que decía "ninguna película es totalmente buena, para ser así, la cámara debería ser el ojo en la mente de un poeta". Nada más acertado, metafórico y humano que esta frase para observar con lupa el por qué se dice que un filme es bueno.


Quizás partiendo de esta metáfora, Julian Schnabel, ese artista plástico convertido en director de cine experiemental, se emocionó cuando le propusieron llevar a la pantalla la increíble y tortuosa vida de Jean-Dominique Bauby, un hombre que lo tenía prácticamente todo: reconocimiento profesional, el amor de una mujer, dos hijos y una gran calidad de vida (era el editor en jefe de la revista francesa "Elle"). Pero una bio-pic no puede crearse sólo apartir de esta premisa. El twist dramático (y basado en las memorias del personaje) es que Jean-Dominique sufre de una embolia masiva mientras conducía su carro por los paisajes franceses.



Este incidente le produce una extraña enfermedad conocida como el síndrome de "locked-in" ("del cautiverio"), que consiste en una especie de desprendimiento de las funciones motrices de las mentales. Eso se traduce en que pude pensar, escuchar, reírse, ser conciente de toda su vida, de sus recuerdos y de sus anhelos, pero solamente pude mover los párpados de sus ojos. Para ser más específicos, solamente puede comunicarse a través de su ojo izquierdo.


Forzado a adaptarse a esta única perspectiva de la vida, Baudy crea un nuevo mundo a partir de las únicas dos cosas, además de su ojo, que no se encuentran paralizadas: su imaginación y su memoria.



En un hospital de Berk-Sur-Mer, en Francia, y después de varias negativas de parte de Baudy, una dedicada y bella enfermera, le enseña un código de comunicación usando las letras más comunes del alfabeto (de acuerdo a su frecuencia de uso) utilizando el parpadeo de su ojo izquierdo. Mediante esta técnica de parpadeo, el personaje es capaz de deletrear letra por letra palabras, frases y párrafos enteros, por lo cual, después de un año dela ccidente, decide dictarle a su asistente una profunda aventura dentro de la psique humana.


Este método es capaz de abrir la prisión que resulta su cuerpo (una escafandra), permitiéndole planear sin límite alguno el reino de la libertad (la mariposa), su libertad. La metáfora se hace presente en casi toda la película. Y Schnabel lo sabe manejar como nunca antes se había hecho en una cinta.



El concepto de "auteur" cinematográfico es por todos conocido, sobre todo en este nuevo milenio. Genios como David Lynch, Ken Loach, David Cronenberg, Michel Gondry e incluso, el mismo Tarantino. Pero el verdadero valor artístico, la mayoría de las veces, es un aspecto escondido en el oficio del cineasta. Con Schnabel, si observamos su diminuta filmografía, hay una seguridad de que la frontera entre autor y artista queda difuminada. El director tiene un espíritu renacentista, polifacético -es escritor, literato, pintor, compositor y cineasta- con una mirada vanguardista y trasgresora del mundo, y del arte.


Además de la hermosa fotografía del eterno amigo de Spielberg, el polaco Janusz Kaminski, y una estupenda adaptación que Ronald Harwood realizó a la obra homónima de Jean-Dominique Bauby, el filme destaca por donde lo veamos, ocasionando que sus 112 minutos de duración se sientan escasos, fluidos.


Tal y como lo hizo antes con la vida de Jean-Michel Basquiat (Jeffrey Wrigth) o de Reinaldo Arenas (Javier Bardem), el cineasta retrata a través de Mathieu Amalric la impactante y visceral metáfora de vida que vivió en sus últimos años Baudy. La forma de tratarla, es mas que impactante y visceral: cerca de la mitad del filme, las acciones se muestran a través de una cámara subjetiva, un cine-ojo total, posicionando al espectador en la piel de Baudy, justo como Dziga Vertov experiemntara con la cámara a principios del siglo 20.



Lo que ocurre en la mente, corazón e imaginación del personaje, logra perturbarnos, movernos, identificarnos y conmovernos. Una cinta que rebasa la clásica bio-pic, las comparaciones tontas (por ejemplo, con "Mi pie izquierdo") y el cine de auteur. Schnabel eleba la experiencia a niveles de verdadera obra de arte. La única interrogante que nos queda al final, quizás, es saber ¿cómo hubiera interpretado Johnny Deep, al primera opción del director, a Jean-Dominique?.



Trailer:


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