
Por el bien de los bolsillos cinéfilos, creo que es justo que se critique una de las peores películas en lo que va del año. No precisamente se trata de una crítica constructiva, ya que, siendo sinceros, el resultado es más predesible de lo que acostumbra su sobrevalorado director.
Roland Emmerich (1955, Alemania) obtuvo el reconocimiento internacional, o eso es lo que todos suponemos, con ese bodrio infumable titulado "Joey" donde dejaba clara su admiración por el cine de Spielberg y la fantasía ochentera. La sinópsis de esta peli da prueba de ello: un niño que habla por un teléfono de juguete con su padre que acaba de morir (algo parecido a lo que hacía Carol Anne en Poltergeist, producida por Spielberg), pero luego resulta que la voz era de un diabólico muñeco de ventrílocuo.
Tras irrumpir en el cine gringo con el bodrio "‘Universal Soldier" - la mejor película de Van Damme, inagínense-, llego a sorprender con la muy decente "Stargate", película de sci-fi más que entretenida; continuó con la millonaria e hiperpatriótica "Independence Day"’, en la que volvió a quedar clara su obsesión por el universo spielbergiano.
"Godzilla" ya es otro cantar que ni merece ser mencionado. Aún no entiendo como Spielberg no lo ha demandado por plagio (esas escenas de las crías de "gojira" son calcadas a las de "Jurassic Park"). Con la medianamente emocionante "El Patriota" y la interesante "El Día de Mañana" (a mi parecer, su mejor película) recuperó el sentido. Su cine está lleno de referencias a las películas que admira, a veces demasiadas, pero logra entretener, que en este tipo de películas es lo que más interesa.
Con "10.000 B.C." se le ha ido la mano de una forma totalmente descomunal. Señoras y señores, esta película es el refrito más vergonzosamente descarado, aburrido y soporífero que se ha visto en años. Ni siquiera la hora y media de risas involuntarias en la sala la salva.
La historia de "10.000" nos lleva a los años descritos antes de Cristo. O eso es lo que nos quieren hacer creer. Allí una tribu es atacada por unos brutos de mucho cuidado que raptan a una hermosa niña de ojos azules destinada a casarse con un valiente guerrero de la tribu en cuestión. Tras ella partirá nuestro heroico amigo llevándose consigo a una par de colegas que le echarán una mano por si la cosa se pone dura.
Poco a poco se les irán uniendo tribus de todos los tipos y colores y que casi siempre han sentido la mano poderosa de los malosos del relat, que resulta trabajan para unos tipos altos y "raros" que hablan en una lengua extraña, y que tienen una profecía (no hay que investigar cuál es, ya que nunca la explican).
Si hay algo que llama poderosamente la atención en "10.000" es la infinita cantidad de anacronismos que se producen en ella, mezclando sin ton ni son distintas épocas en una misma, o cosas tan absurdas como ver a un montón de mamuts completamente domesticados. Emmerich probablemente se defienda diciendo que estamos ante un film de aventuras con un toque fantástico. Podría ser una buena defensa, si el sentido de la aventura apareciera por algún lado.
El director se ha quedado tan perdido en la que probablemente sea su película más referencial, por decirlo suavemente. Se podría jugar a enumerar la cantidad de escenas casi calcadas de otras películas, y con total y absoluto descaro: tenemos desde "Braveheart", hasta "El Señor de los Anillos" (las escenas aéreas de personajes caminando por montañas nevadas, que ya empiezan a cansar); pasando por "Apocalypto" (con la diferencia de que aquí hablan un perfecto inglés); "Jurassic Park", de la que una vez más coge prestados a los velocirraptores, para convertirlos en una especie de pollos prehistóricos, y terminar de rematar la jugada con "300".
Hablar del trabajo actoral es perder totalmente el tiempo. Es mejor omitir la verguenza que es ver a Cliff Curtis hacer el ridículo, oír a Omar Sharif recalcando con una molesta voz en off lo que ya vemos en imágenes o a Camilla Belle, que su capacidad dramática es la de una aspiradora en estado de reposo. No hay emoción, no hay drama, no hay tensión. Sólo risas involuntarias. La comedia del año.
Roland Emmerich ha filmado su peor película, sin duda alguna, un bodrio que no conoce fronteras culturales. Un despropósito de tamaño tal, que uno abandona la sala corriendo temeroso de que en los títulos de crédito finales aparezcan los extraterrestres que amenazan con hacer acto de presencia en la película, lo cual ya sería el colmo. Así que los que querían verla, no digan que no han sido advertidos. Los demas mortales que ya sufrimos el descalabro, mejor esperemos a los blockbusters de verano.
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