lunes, 5 de octubre de 2009

LO SALVAJE DE LA REALIDAD


En esta época veraniega en donde casi cada fin de semana las pantallas cinematográficas se inundarán de personajes fantásticos, super héroes de cómic, historias de ciencia ficción y caricaturas animadas. Lo que es cierto es que, forzosamente, estos filmes deben acompañarse de películas "menores" (como le dicen las distribuidoras). Aquellas cintas independientes, dramáticas, algunas de terror chafa y cine no comercial.


La mayoría de las veces, estas películas no duran más de una semana en cartelera, cuentan con entradas limitadas y la mayoría de las veces, se pierden en la pirotécnia de los blockbusters. Pero como buen público cinéfilo, es necesario entrar a ver estas pelis, que si bien no cuentan con una gran producción, sí cuentan con lo que carecen sus efectistas competidoras: narrativa, historia, un buen guión y actuaciones para recordar.



Esta semana, justamente entre la batalla de "Speed Racer" y "Iron Man", encontramos una verdadera joya cinematográfica de la mano del otrora "enfant terrible" de Hollywood: Sean Penn. La peli en cuestión es "Into de Wild" (titilada como "Camino salvaje" en México) y se trata de una de las cintas más ovacionadas del año pasado a nivel mundial, pero que poco tuvo que ver en las salas de cine internacionales.


Penn nos relata la historia y el viaje "salvaje" real de Christopher McCandless, un joven de 22 años que, al graduarse con honores de la universidad y teniendo todo para un brillante futuro, decide dejar a trás su cómoda vida en busca de aventuras, alejado de lo material, el consumismo y sus seres queridos. La filosofía del joven y el periplo que plantea durante toda la historia ("sociedad, si yo no estuviera, ¿te sentirías sola sin mi?") lo convirtío en un símbolo para muchas personas en la década de los noventa.



La película perfecta para dialogar, reflexionar y quizás, aprender. ¿Fue McCandless (o Alexander Supertramp, como el mismo se llamaba) un heroico aventurero o un idealista ingenuo y torpe; un Henry David Thoreau rebelde de los noventa u otro joven americano perdido en la llamada Genreación X; un temerario revolucionario o una trágica figura que vivió en la precaria línea que divide al hombre de la naturaleza?


Estas interrogantes aparecen al más mínimo diálogo y escena (escrito perfectamente de la mano del mismo Penn y basado en la obra homónima de John Krakauer). Una historia redonda que habla de la insaciable añoranza de la familia, el hogar y los amigos, y de la difícil búsqueda de la verdad y la felicidad y lo que esto significa para cada uno.



Fotografía preciosita y por momentos minimalista; una banda sonora de Eddie Veder y la elección de rolas que más que opacar la imagen, resaltan el mensaje de la misma; recursos técnicos y de cámaras bien llevados por Penn y Eric Gautier; y una increíble actuación de Emile Hirsch (irónicamente, el blockbustero "Meteoro"), casi a la altura de Christian Bale en "The Machinist" o John Voight en "Midnight cowboy", en la cual Penn relega casi todo el peso de los 148 minutos que dura la peli.


El espíritu inquieto de Supertramp ("supertrotamundos") lo llevó desde los inmensos campos de trigo de Dakota del Sur a un peligroso descenso por el río Colorado hasta Slab City, California, un refugio de hippies conformistas, y mucho más allá. En su camino, conoció a numerosos personajes que no encajaban en la sociedad gringa de una u otra forma.



Estos le ayudaron a comprender la vida, y él, a su vez, les cambió su destino gracias a su ímpetu aventurero. Al final, decidió ponerse a prueba adentrándose solo en los bosques del Gran Norte, en Alaska, donde todo lo que había visto, aprendido y sentido alguna vez como ser humano social, se materializó como nunca antes lo había imaginado.


Definitivamente, una película que debe ser vista, apreciada y que mueve a la reflexión. Consulta tu cartelera y piénsale: ¿te aventurarías a ser un Supertramp en México?



Trailer:


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