
El oficio del cineasta es totalmente inspiracional, sin embargo, no necesariamente emana de sus propias vivencias. Existen directores que por circunstancias de la vida se integran al séptimo arte como Michele Gondry, otros heredan la pasión familiar por el cine (Sofía Coppolla); otros tantos nacen con ese quehacer cinematográfico (Peter Jackson) y otros que lo ven como mero negocio (George Lucas), pero una pequeña porción de esta fauna “filmívora”, parafraseando a un maestro de cine de mis días de universidad, descubren su verdadera vocación al ver por primera vez, a ciertos “monstruos” de la pantalla de plata como Passollini, Sokurov, Lang o Tarkovski.
Precisamente de este último, cineasta ruso, autor de obras incomprendidas como “Solaris” (URSS, 1972), o la extraordinaria Stalker (URSS, 1979)que, un joven mexicano llamado Carlos, cambia radicalmente su visión por el cine.
El pequeño Carlos decide provocar con temas tabúes en el cine latinoamericano, con actuaciones que rayan en el realismo extremo, seres imperfectos en una sociedad imperfecta, desnudos grotescos y una producción austera. Los filmes de Carlos son evidentemente extraños, alejados de cualquier norma comercial, de fantasía o de ciencia ficción. Desde las primeras escenas de Japón (2002) y Batalla en el Cielo (2005), Carlos nos introduce en una dicotomía propia del cine europeo, donde lo bello se representa amargamente mediante el grotesque.
La poesía con la que el mexicano representa los viajes interiores de sus personajes suele escandalizar y exhorta a la reflexión: la lucha interna de un chofer venido a menos que encuentra en una chica, dedicada a la prostitución, la liberación de sus demonios internos ante la impotencia que siente al vivir en una sociedad derruida (Batalla...); el harakiri metafísico que un hombre rengo emprende, sin razón alguna, por parajes propios del paisaje mexicano (Japón); o bien, un hombre de familia, que contra la ley de Dios y del hombre se enamora de otra mujer, esto, en su mas reciente obra, Luz Silenciosa (2007).
Sin utilizar actores profesionales, y con un notable expresionismo visual y auditivo, es de comprender que el cineasta resida en Europa y que, hace unos meses, se anunciara en la prensa internacional, con júbilo, “Luz Silenciosa, del mexicano Carlos Reygadas, gana el Gran Premio del Jurado en Cannes” o bien, que esta misma película, fuera la gran triunfadora del Festival de Cine Latinoamericano de Lima con 4 reconocimientos.
Honor a quien honor merece. En un momento poco propicio para realizar cine de autor, Carlos decide continuar con su visión ante la vida y el séptimo arte. Realismo extremo. Quizá el “Tarkovski mexicano” pueda ser la fuente de inspiración para darle un verdadero significado a la frase “nuevo cine mexicano”.
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