lunes, 5 de octubre de 2009

LA TRASCENDENCIA DEL CINE ÉPICO EN MÉXICO

El cine se nutre de talento, inspiración y pasión por las obras. Se alimenta de los instintos y el olfato de guionistas, directores y actores al encontrarse frente a una historia digna de ser contada. Los procesos de post, pre y producción suelen ser extenuantes. El inicio de todo este proceso, radica en la inspiración de un escritor de cine para plasmar una historia en lenguaje cinematográfico.


Estamos hablando de una buena historia, si se quiere llegar a un buen producto. Es muy común que si no se plantean desde un inicio los alcances y los objetivos de una historia para cine, en algún momento la "calidad" se pierda. Esta es la importancia del contador de historias: desarrollar una sencilla idea, un pensamiento, en un lenguaje cinemático, encontrar el eje rector que regirá al equipo de producción y volcar fuerzas en la realización del producto.


Si trasladamos este proceso a nuestro país, la tarea es más difícil y extenuante, convirtiendo la producción de una película en una labor titánica. Más aún, una película épica que hable de nuestro pasado histórico.


Al hablar de "nuevo cine mexicano", no me remontaré a las glorias del cine de oro, donde la historia épica era tratada con más dignidad y producción, pero incapaz de trascender, al ser manejada por manos económicamente activas en la industria. Son contadas en nuestra filmografía reciente, las obras que se pueden levantar como producciones de calidad en hechura y desarrollo.



Tal y como sucede con el género de terror o la animación, el cine épico en México tiene muy pocos exponentes, siendo el más rescatable y trascendente, el filme de Nicolás Echeverría, Cabeza de Vaca (México, 1990), que narra la embarcación del personaje homónimo en la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida. Con fotografía de Guillermo Navarro, el filme es seleccionada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar a México en los premios Oscar de ese año, e incluso gana la "Makila de oro" en el Festival de Cine de Biarritz, Francia, en 1991.


El guión escrito por el director y Guillermo Sheridan, se inspira en el libro "Naufragios" de Álvar Núñez "Cabeza de Vaca", lo que da un nuevo sentido al oficio del escritor de cine y desvía la atención a realizar filmes que rescaten nuestra historia.


Le siguen, entre otras, Retorno a Aztlán (Catlett, MEX, 1991), La Otra Conquista (Carrasco, MEX, 1998) y Ave María (Rosoff, MEX-ESP, 1999), películas que luchan por mostrar un pasado histórico casi inexistente en el cine mexicano con una calidad que se tambalea en los límites del conformismo, el entretenimiento y el plasticismo cinematográfico. Precisamente de Juan Mora Catlett, llega recientemente a las marquesinas un nuevo esfuerzo por realizar cine épico en México, con la difusa Eréndira Ikikunari (MEX, 2006).


El filme narra la historia de una heroína "indomable" en la época de la conquista, que libera a su pueblo de la opresión de los españoles, y se basa en la leyenda purépecha sobre la Diosa Xarátanga. La "Juana de Arco mexicana", como define el director a Eréndira, tarda en atrapar al espectador, con actores que no lucen y hacen notar su inexperiencia interpretativa (a excepción de la chica que interpreta a Eréndira), una fotografía opáca y un manejo de cámaras incidental y turbio que por momentos marea y desvía la atención del público.


Todo esto, con una apariencia de "proyecto independiente" hablado en purépecha, que se aleja por mucho de lo mostrado en Retorno a..., haciendo tediosa una historia interesante como lo es la representación de la primera feminista mexicana.


Como es de suponer, los puntos más cuidados en esta película, son el excelente maquillaje a cargo de Julián Pizá y la música de Andrés Sánchez, pero que no alcanzan a rescatar una película que cae en el aburrimiento a mitad de metraje. Es cierto que hay que apoyar al cine nacional, incentivar a los nuevos creadores y ver nuestras producciones, pero después de presenciar numerosas niñas mal, carreteras fantasmales,historias noveleras, pseudo filmes de autoayuda y egocentrismos propios de un búfalo, es necesario cuestionarnos por qué disfrutamos más una película tan arraigada a nuestra historia y cultura, como la que Mel Mad Max Gibson nos presenta en pleno verano.


Por qué nos tenemos que esperar a que agentes extranjeros cuenten nuestras historias. ¿Dónde se encuentran esos "nuevos talentos"? ¿Hacia dónde va el nuevo cine mexicano? ¿Es correcta esta definición? Y, finalmente, ¿hacia dónde vamos cuando en los libros de texto escolares, la época de la conquista desaparece y parece que en el cine también? Mejor sigamos aplaudiendo a los Tres Amigos, que de seguro, nos tendrán algo preparado en un futuro, esperemos, no muy lejano.



Trailer:


No hay comentarios:

Publicar un comentario