lunes, 5 de octubre de 2009

MARTINETE AL HISTRIONISMO


Hagan memoria. ¿Alguien recuerda quién es Mickey Rourke? Su nombre quizás no llega tan rápido a la mente, pero su imagen de ex galán, ex niño prodigio, ex enfánt terrible, ex boxeador y drogadicto, pueden encontrar un archivo en nuestros recuerdos de chismes y cintas variopintas de los ochentas.


“Barfly”, “Rumble Fish”, “Diner”, “Body Heat” y “Angel Heart”, son las cintas más reconocidas y celebradas de este actor, que en su momento fue considerado como el próximo Brando. Pero si por una cinta es recordado indiscutiblremente es por la eroticota “9 ½ Semanas”, de Adrian Lyne, en donde su personaje de John causó varios sueños húmedos entre las jovencitas que se peleaban el amor de los “Coreys”, Downey Jr. y Patrick Swayze.


Fuera de este “logro”, la carrera de Rourke se fue a la basura recién iniciada la década de los 90, con escándalos de abusos de drogas, varias visitas a las penitenciarías locales, violencia marital, desprecios laborales, malas palabras y una tambaleante carrera de boxeador y pseudos música de última categoría, más un uso desmedido de las cirugías plásticas. Todo esto colmó la paciencia de Hollywood que, así como ensalza y corona a los suyos, igual los entierra en el olvido y les cierra las puertas con candado de desprecio.



Después de años de rehabilitación, desintoxicación y terapia psicológica, el solitario actor de clase “B” (la verdad nunca fue santo de mi devoción), comenzó a sentar cabeza y a iniciar de cero una carrera destruida y vomitada por la misma industria. Aún cuando nadie quería trabajar con el, se fue haciendo de personajes menores en cintas como “Domino”, “Hombre en Llamas” y sobre todo “Sin City”, en la que su personaje de Marv le venía como anillo al dedo: un hombre bruto, ignorante, solo e iletrado que pasa el tiempo con prostitutas en una ciudad que le da la espalda. ¿Casualidad?


Los críticos aplaudieron su actuación en la cinta de Rodríguez, considerándola la mejor del filme coral comiquero, pero lo veían como pura suerte en la agenda de Rourke. Sin embargo, este papel lo preparaba para una mayor casualidad, casi karmática que lo elevaría al nivel de leyenda viva y la perfecta imagen de la resurrección, todo, de la mano del visionario director Darren Aronofsky (“Réquiem por un sueño”) en la inmejorable, catártica y solemne “The Wrestler”, o lo que es lo mismo, “Luchador”.


Hablamos de uno de esos papeles que los actores esperan con ansias toda su vida y que los graban con letras de oro en el olimpo cinematográfico, claro, siempre y cuando lo hagan bien. De la talla de Tony Montana, Travis Bickle, Ben Sanderson o Trevor Reznick, el Randy “The Ram” Robinson de Rourke llega a lo más profundo del corazón de las audiencias, entrando en la mente del espectador y moviendo emociones como hace unos diez años ningún otro personaje y actor lo había logrado.



En “The Wrestler, ganadora indiscutible de Venecia a Mejor Cinta, en Cannes a mejor director (y por poco a actor) y n los Golden Globes y otras decena de premios más para Rourke, el actor se parece más a sí mismo que en cualquier otro momento de su carrera, con una carcaza que se aproxima a la imagen mental del lumpen-proletario-caído-en-desgracia-deprimido-y-solo que pretendió mostrar en casi toda su filmografía, sin conseguirlo nunca totalmente.

Su Randy “The Ram” Robinson vive en un tráiler o en el peor de los casos en su camioneta, ama secretamente a una teibolera que tiene un hijo; se inyecta esteroides y cuanta droga encuentra; escucha cassetes de AC/DC, Ratt y Guns ´n Roses; se tiñe de rubio con un tubo de peróxido y gasta lo poco que tiene de dinero en asolearse artificialmente; además de que no ve a su hija desde hace diez años. Algo no tan alejado de la realidad y que muchos espectadores, críticos y compañeros se imaginaban que debía tener el ser real, el Rourke de carne y hueso.


A esto, se suma una debilucha carrera pugilística de un adolescente Rourke en Miami, infinidad de peleas perdidas y saldos corporales (la nariz rota, la lengua rajada, el pómulo astillado, las seis costillas partidas) resueltos con cantidades insanas de botox, algunas liposucciones, estiraditas en la cara y el nuevo Mickey parece pintado a la imagen escrita de “The Ram”: un luchador (actor) retirado y olvidado que regresa a la lona (al cine) con la ilusión de cumplir su promesa (rehabilitación) y realizar el sueño tantas veces postergado (el reconocimiento).

Su reaparición es más que milagrosa si tomamos en cuenta que los directores de Hollywood lo habían dejado por incorregible y sus amigos le habían dado la espalda. Su socio y amigo Bruce Springsteen lo dice con todas sus letras en la canción que escribió especialmente para Rourke: "Imagínense un perro que le falta una pata, un espantajo relleno de mierda: ése soy yo".


En resumidas cuentas, Mickey Rourke ha conseguido en “The Wrestler” la actuación de toda una vida; y gracias a su contención, disciplina e irresistible vitalidad, su luchador llega a tocar el fondo del hombre caído. Ahí está la mortificación de la carne y la mueca de dolor que produce entretenimiento, que produce inspiración y que, en efecto, produce emoción. Las lágrimas del actor se antojan reales, emanando de unos ojos secos y cirujeados que duelen ante la pérdida de la juventud. Y si algo es más que seguro, todos terminamos metidos en el pellejo mismo de “The Ram”.


Violenta y sórdida, triste y depresiva, karmática e impaciente, genial y épica, así es la historia que vemos en pantalla. Hasta el momento, la mayoría de los críticos han perdonado a Rourke y le han entregado decenas de premios, incluyendo el Golden Globe; sus amigos actores le arrebataron el galardón y prefirieron dárselo a Sean Penn ¿Qué sucederá con la Academia y el Oscar? Lo sabremos hasta el próximo 22 de febrero.

Por el momento, sin muchos miramientos, Rourke se lleva las palmas de una industria que lo veía perdido y, personalmente, de un cinéfilo que, con asombro y emoción, escribe estas líneas con ganas de revivir su actuación una y otras vez…de dos a tres caídas, sin límite de tiempo.



Trailer +Plus Bruce Springsteen´s 'The Wrestler' music video:





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