Si de algo debería enorgullecerse el séptimo arte sin lugar a dudas es de su variopinta forma de contar historias, ya sea con celuloide, en cine digital, con stop-motion, con motion capture, cintas de terror, comedia, fantasía y su mejor aliado, la animación. Contrario a la mayoría de géneros fílmicos, el cine de animación cuenta con una historia que se remonta al año de 1640, a décadas que se creara el cinematógrafo, cuando el alemán Anthonasius Kircher inventó el primer proyector de imágenes, la llamada “linterna mágica”, en la que, mediante grabados en cristales, era capaz de proyectar imágenes de forma consecutiva dando la ilusión de movimiento, cambiando estos cristales de forma mecánica. El primer experimento consistió en proyectar a un hombre mientras dormía, abriendo y cerrando la boca.
Si nos ponemos más exigentes, observamos que el cine animado tiene como tatarabuelo el juego de sombras y la proyección de siluetas de papeles recortados creados por la cultura china, casi desde el inicio de esta era. Es por este género quizás, que el cinematógrafo cobró vida y se afincó como uno de los mayores experimentos de la historia humana. Y es curioso que ahora, si no fuera por las cintas que utilizan este método, el mundo del cine sería un poco más aburrido y menos humano.
Sombras chinescas, “la linterna mágica”, el taumatropo o el phenakistoscopio de Plateau, fueron sólo el primer paso y la fuente máxima de inspiración para que la animación, así como lo hiciera de génesis del cinematógrafo, hoy se convierta en la máxima esperanza de las grandes audiencias para ver historias profundas con una calidad que rebasa fronteras. El último eslabón de esta cadena mágica se forma de dos sílabas: Pixar.
La alabanzas, en este caso, más que en ninguna otra situación de “empresa” creadora de cine, crecen cada año hasta erigirse en los libros de historia, en lo máximo del séptimo arte, en el apartado de genios, pero sobre todo, en los corazones de las personas. Fieles a la definición de animación, proveniente del latín “lexema anima”, que significa alma, Pixar sabe nutrir a sus películas precisamente de eso, de alma.
Y “dotar de alma” es quizás lo que mejor define a esta empresa, hoy hermana de sangre de Disney. Alma que persiste en sus historias, en sus ideas, en sus guiones, en sus decorados, en su técnica e incluso en su ambiente de trabajo, considerando sus empleos como los más divertidos del mundo.
Al final de cuentas, quién se atrevería a tener un futbolito y ping pong en su cafetería de empleados, sofás en lugar de sillas, juguetes por todos lados y trabajadores en chanclas, bermudas y patinetas. Seguramente algún jefe que lo que más le importa sea la calida humana y la creatividad de su equipo de trabajo. Calidad humana que, seamos sinceros, no es requisito ni vago ni necesario en todas y cada una de las empresas alrededor del mundo.
Esta manera de dotar de alma, contar con calidad narrativa, tecnológica y humana y arriesgarse con propuestas nuevas, arman el cocktail necesario para que un montón de juguetes hablen; una comuna de hormigas viva enormes aventuras; se muestre la otra cara de los monstruos que viven en nuestros armarios; la odisea de un pez payaso para recuperar a su único hijo; plasmar la vida de una familia de superhéroes en la mejor película “comiquera” que se tenga memoria; sentir la adrenalina de ser un automóvil de carreras; olvidarse de la suciedad y degustar los platillos de una rata chef; o llorar con una de las mejores cintas e historias de amor de toda la historia, protagonizada por un robot que tiene más alma que cualquier humano. ¿El siguiente paso? Un viejito cascarrabias que se embarca en una aventura de altura.
Con personajes atípicos como un automóvil, un pez, una rata y un robot, la propuesta de que un viejecillo enojón y aparentemente sin chiste protagonizara una historia al estilo Indiana Jones, resultaba una apuesta muy fuerte para la empresa de la lamparita, lo que al inició le acarreó grandes críticas. Pero si no fuera por sus 7 premios Óscar y su costumbre de superarse a ellos mismo, no se le hubiera dado el beneficio de la duda. Al final, y después de dejar a todos boquiabiertos en el Festival de Cannes (siendo la primera cinta animada que abre el festival), sólo resta decir que Pixar lo volvió a hacer.
Ya quisieran varios directores y productores dar cada vez más y mejor producto al público, sin clavarse en los números en taquilla o en qué estrellita protagoniza sus películas, si no en la historia, en el alma de la película. Por esta razón, la animación de Pixar comienza alejarse inteligentemente del gag característico y el pastelazo con el que comúnmente se nutren la cintas animadas, con el ideal de crear un cine reflexivo, humano, visceral, más adulto y sin límites.
Así lo demuestra “Up”, en donde Carl Fredericksen es un vendedor de globos de 78 años de edad que ha perdido las ganas de vivir debido a la pérdida del ser amado. De no ser por el valor de una promesa, la amargura destruiría a este personaje.
Ellie, un recuerdo que lo mantiene en este mundo, es suficiente razón para embarcarse en una aventura de altura, volando desde el interior de su casa, lo que lo lleva a viajar hasta Sudamérica, en específico hasta Venezuela. La odisea se tornaría aburrida para el anciano de no ser por Rusell, un regordete niño explorador dispuesto a ayudar a Carl y a como de lugar y así ganar su última medalla al mérito. A la travesía se anexan Kevin, una ave prehistórica y Dug, un perro con inteligencia “artificial”. Nada más alejado del gusto de un niño acostumbrado a parodias de cuentos de hadas y animales de la selva con características humanas.
Esto es Pixar y esto es “Up”, una historia que, al igual que “Wall-E”, se centra más en los sentimientos y en el fondo de los personajes (asimismo, la primera parte de la cinta no cuenta con diálogos pero si causa muchas lágrimas) pero sin descuidar el impecable arte de la película, revolucionario y ahora, en 3-D.
La mejor opción y por mucho, hasta el momento, la película del verano y del año. Más que una crítica, este espacio los invita a vivir esta experiencia única en pantalla. Así y con estas muestras, uno sólo desea trabajar con el equipo de Luxo o, en el mejor de los casos, seguir maravillándose con los genios que le devuelven al cine la característica de arte puro.
Trailer en español:




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