lunes, 5 de octubre de 2009

ETERNO RESPLANDOR DE UNA MENTE RETORCIDA


En plena época de muertos vivientes, calaveritas de azúcar, arañas, fantasmas y ponche con piquete, las televisoras nacionales e internacionales, se dedican a transmitir compendios de clichés, parodias de películas clásicas y maratones interminables de los asesinos que el cine nos a brindado a través de su historia. Es la época perfecta para que Jason afile su machete de carnicero, Leatherface pula su sierra eléctrica, Michael Myers lave su overol, Freddy modernize su guante y Chucky engendre otro vástago.


Atrás quedaron los clásicos que Hitchcock y Argento hicieran famosos alguna vez. Jack Torrance queda relegado al olvido en el hotel Overloock y Carrie se retuerce en su tumba al ver las ridículas secuelas que descerebrados directores "crean" en su honor. El guacamole que Regan vomita al "cantarle Oaxaca" al padre Merrin, es de risa loca para las nuevas generaciones, y mejor ni hablemos de la plaga asesino-mata-chicos-jariosos de filmes como "Se lo que hicieron la vez pasada en la casa de la esquina cuando jugaron a que yo no sabía lo que ustedes saben que sabía el verano antepasado al que paso". Dolor de cabeza.



Pero como la vida misma, no todo esta perdido, por lo menos para los cinéfilos de hueso colorado y los nostálgicos vampíricos que se dedican a ver pelis "d´spantos" en la noche de Todos los Santos. Homenajeado por unos y repudiado por otros, Tim Burton es una especie en peligro de extinción en el séptimo arte: el del director de culto.


Burton describe su infancia como excéntrica, absorta y altamente imaginativa. La vida familiar y el ambiente escolar le resultaban difíciles, encontrando un escape a su realidad viendo películas de horror de bajo presupuesto, a las que más tarde les rendiría tributo en películas como Mars Attack! (1996) y la biografía de uno de sus ídolos de la infancia, en Ed Wood (1994).



Becado y después vetado de Disney, sus inspiraciones más grandes son el cine de clase B, el expresionismo alemán, las películas en "stop-motion" de Ray Harryhausen y sobre todo, el maestro del horror Vincet Price. De hecho, su primer experiencia detrás de las cámaras en 1982, fue con el corto Vincent, una animación en plastilina de seis minutos acerca de un niño que fantasea ser su ídolo, con el mismo Price narrando la historia. Posteriormente, el genio incomprendido realizaría Frankenweenie (1983), corto filmado en blanco y negro sobre un niño que reanima a su perro Sparky, atropellado por un auto.


Su filmografía es extensa y selecta, pero cargada por igual de seres bizarros, oscuros y trangresores: La Gran Aventura de Pee-Wee (1985) es un acercamiento al personaje asexuado creado por Paul Reubens; Beetlejuice (1988), una comedia supernatural sobre un repulsivo y genial fantasma; el atormentado personaje de cómic que es Bruce Wayne, en Batman (1989) y Batman regresa (1991); la fábula intimísta de un ser con navajas en lugar de manos (El hombre manos de tijera, 1990); la locura decembrina que representa un elegante esqueleto (El extraño mundo de Jack, 1993); y la adaptación de un detective que rebasa los limites de la locura en Sleepy Hollow (1999).



Si bien Burton siempre ha sido fiel a su imaginería, ha incursionado en otros géneros, como la ciencia ficción (El planeta de los Simios, 2001), el drama familiar (Big Fish, 2003) y el musical (Charlie y la fábrica de chocolates en el 2005 y la próxima a estrenarse en diciembre, Sweeney Todd).


Pero quizá la película que mejor resume varias de sus facetas, inspiraciones, sueños, metas, amigos, trucos y etapas en su vida sea (de pie por favor) El Cadáver de la Novia, historia basada en un cuento de la tradición rusa-judía ortodoxa, en la que un joven, mientras practica con sus votos de matrimono en el bosque antes de pedirle matrimonio a su prometida, se compromete con el cadáver de una novia que esperaba a su verdadero amor. Con esta cinta, el geniecillo de lente oscuro setentero y greña larga, demuestra su forma de ver la vida, libre de prejuicios.



Cineasta inclasificable, Tim Burton ha desarrollado una carrera que en nada sigue los cánones comerciales que imperan en el cine actual. O lo amas o lo odias, así de simple. Lo cierto es que en Burton encontramos uno de los mejores ejemplos de lo que se explica como "autoría posmoderna", etiqueta donde se engloban grandes cineastas como los hermanos Cohen, Tarantino, Cronenberg o David Lynch. El enfant-terrible del séptimo arte es una esperanza en estos tiempos de muerte (creativa y física), que si lo pensamos bien, es el menor de todos los males. Felices fiestas.



Tim Burton como uno de los '10 Magníficos del Cine':


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