lunes, 5 de octubre de 2009

ESTAS SON MUJERES Y NO PEDAZOS


El mejor ejemplo de concubinato artístico, es el de la literatura con el cine. Mientras una plasma lo impensable en sus páginas, el otro lo transmuta en imágenes en movimiento.


El cine mundial, desde sus orígenes, se ha basado en la literatura; biografías, novelas, cuentos, fantasías y últimamente, cómics e historietas, son la base favorita para que los cineastas desempolven su libro favorito o se empecinen en llevar a la pantalla. el nuevo best-seller.


Mientras que algunos escritos son sencillos de llevar a la pantalla, otros, la mayoría, es difícil imaginarlos trasformados en 24 imágenes por segundo. Otros, muy pocos, parece que claman para que alguien los lea y los lleve al cine. La trilogía de Tolkien o la perfumera narración de Suskind, son dos ejemplos que por años, imploraban su adaptación al cine pero, debido a su complejidad en cuanto a forma y fondo, hubo de pasar tiempo para que la tecnología, el presupuesto y el talento de los cineastas, madurara para plasmarlas con excelentes resultados.



La cinematografía mexicana, desde su nacimiento, ha adaptado a los grandes literatos a un lenguaje cinemátográfico, aunque no siempre con éxito. Algunos ejemplos de éxito que traspasaron fronteras, serían: “Como agua para chocolate”, de Alfonso Arau, que logró internacionalizar por completo la novela de Laura Esquivel.“El Apando”, de Felipe Cazals, se grabó en nuestros subconscientes como un cruel retrato de las cárceles en México, adaptación del libro homónimo de José Revueltas; “La vida conyugal”, de Carlos Carrera, muestra en modo de farsa, lo accidentado de un matrimonio, aunque no alcanza los tonos genialmente grotescos de la novela de Sergio Pitol; “La vida inútil de Pito Pérez” original de José Rubén Romero, quien recrea la personalidad del loco sabio que tienen todos los pueblos, encarnados por Manuel Medel (1944), Tin Tán (1957) e Ignacio López Tarso (1970).


Nunca terminaríamos. Mejor, desmenucemos cinematográficamente la cinta que acude a nuestras carteleras con más de 500 copias a nivel nacional (un record, después del “Crimen del Padre Amaro”). Algo “positivo” que dejan las adaptaciones de grandes libros al cine, es que el producto puede llegar a un público más amplio, sin perder de vista que son medios totalmente diferentes y sería absurdo pensar que una cinta sea la calca perfecta de su semilla literaria. La novela de Ángeles Mastretta “Arráncame la vida”, viene a ser para México, lo que “Titanic” fue para Estados Unidos.



Una historia de amor, ubicada en un hecho histórico, con el presupuesto más grande jamás contado para una producción cinematográfica, en ambos países.. Con un costo aproximado de seis millones de dólares, se trata de la película más cara del cine mexicano. Por la garantía que ofrece la novela, tiene el respaldo total de 20th Century Fox para su financiamiento y su producción, con un reparto de más de 74 actores (sin contar extras), una superproducción de época (recrean perfectamente Puebla y la Ciudad de México de la época post-revolucionaria) y un equipo técnico que ya quisiera tener Iñárritu, Cuarón o Carrera.


En un mundo de política, corrupción, machismo, adulterio, asesinato y amor, narra el amor sumiso de Catalina por el General Andrés Ascencio y la progresiva evolución de niña a mujer, en un tiempo donde la subordinación conyugal era aceptada en el país, en ese contexto socio-político revolucionario. Una historia de intriga, pasión, sexo y amor, acerca del aprendizaje de la vida y de la conquista de la identidad femenina en un mundo machista.


Se ubica en un México real, que, hasta nuestros días, sigue regando la semilla del machismo y la violencia hacia las mujeres. Una anécdota en un contexto histórico nacional en que la mujer se casaba con quien menos quería, pero con quién más servía para salvar de la pobreza a su familia. Opinar era castigado y el mejor camino para ser “feliz”, era satisfacer sexualmente al hombre, ser buena madre y dar sin recibir nada a cambio. Todo, visto desde la rebelde mirada de una soberbia Ana Claudia Talancón en el papel de Catalina.



La cinta recorre casi dos décadas de la relación entre el General y Catalina, una relación formada a la fuerza, de forma sumisa, pero que, desde su inicio, se distinguió con el respeto que Ascencio le tenia a su mujer (“tan lista, que hasta parece hombre”) y la falta de miedo de Catalina hacia su esposo (“¿Acaso estás mal cogido? no, ¿verdad?”). El amor de esta con el joven músico Carlos Vives (José María de Tavira) y su temprana libertad a los treinta años.


Sneider cumple con una cinta redonda, exquisitamente bien fotografiada, con un sonido impecable y una técnica muy estudiada. Jiménez Cacho se roba la película como Ascencio y Talancón demuestra de qué está hecha. Entonces. Sin embargo, uno termina de verla y nos queda el pensamiento de ¿en donde están los seis millones de dólares?”.


La película se siente como una telenovela, de gran presupuesto, al estilo de Ernesto Alonso, pero con fallos en el ritmo, y la duración y con secuencias que bien podrían haber muerto en la sala de edición.



Cinta polémica y olvidable, que en unos años, recordaremos como la película quizá taquillera. que rompió el récord presupuestal y ganó premios a nivel mundial y nos hizo pensar a todos, si no hubiera sido mejor filmarla como originalmente se planeó hace unos 6 años: dirigida por Martin Scorsese, actuada por Salma Hayek, Jesús Ochoa y Gael García. Eso, señores, son cintas, y no pedazos.



Trailer:


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