lunes, 5 de octubre de 2009

DIVINIDAD DE TEMPORADA


Si de algo se ha servido el cine, dentro de muchas otras cosas, es de especializar sus productos fílmicos en lanzamientos de temporada, como si de ropa o muebles se tratase. El posicionamiento de estos productos va acorde a las necesidades de un clima, de un mes en específico, de la nostalgia del momento o de una festividad en particular. Halloween, Acción de Gracias, días históricos, estaciones del año, celebraciones a los niños, la mamá o el 14 de febrero, pareciera que, efectivamente, cada fecha del año tuviera su dosis de películas especialmente diseñadas para el consumo tendencioso del público. Y, sin lugar a dudas, la mejor de estas fechas es Diciembre, la Navidad.


Muchas veces, estas películas son un mal necesario, tanto, que la televisión hace su agosto en diciembre con el raiting, al pasar año con año, como si de una manda se tratase, las películas navideñas que han marcado historia o que el público recuerda vagamente.


Pero más allá de ver “Mi pobre angelito” mil veces, un fenómeno curioso es el que levanta entre los espectadores mexicanos las retransmisiones “ad-infinitum” de cintas religiosas kilométricas. A sólo semana y media de que las pantallas marquen el inicio del maratón de “La Biblia”, “Los tres mandamientos”, “Marcelino Pan y Vino” y “Ben-Hur”, entre otras, hablemos sólo de aquellas películas que se especializan en el primer día de otro maratón favorito del mexicano, el que llega hasta Día de Reyes: la Virgen de Guadalupe.



Para iniciar, y siendo sincero, mi archivo fílmico me permitió analizar y encontrar únicamente tres cintas acerca de la “Lupita”. En estricto orden cronológico, la primera cinta que ocupa el 12 de diciembre, es la clásica y casi perfecta “La virgen que forjó una patria” (1942), dirigida por un jovencísimo Julio Bracho y estelarizada por Ramón Novarro como Juan Diego, Ernesto Alonso como Ignacio Allende y Gloria Marín como Xochiquiáhuit.


La historia va más o menos así: es durante una reunión bohemia en casa del corregidor de Querétaro se reúnen una cantidad de personajes históricos como el cura Hidalgo, los capitanes Allende y Aldama, el licenciado Lazo y la propia esposa del Corregidor, doña Josefa Ortiz de Domínguez, quienes conspiran para derrocar el gobierno español y lograr la independencia de la Nueva España.


El general Allende (un excelente Ernesto Alonso) sugiere iniciar el movimiento el 29 de septiembre, día de San Miguel y el padre Hidalgo dice que el estandarte de los insurgentes deberá ser la Virgen de Guadalupe, por ser un símbolo de la nacionalidad mexicana (nada tonto). Días después, la conspiración es descubierta e Hidalgo y Allende son detenidos y se convierten en fugitivos. Refugiado en la parroquia del primero, Allende escucha de boca del cura el relato de la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego y la importancia de este hecho para la unión de los mexicanos.



A partir de aquí, la cinta de Bracho se vuelve en un inmenso flashback que nos remonta a 1958, en donde la historia relatada por el cura Hidalgo nos enseña, con inmensidad de detalles, la historia de Cuauhtlatoa, después Juan Diego, y su encuentro con la Virgen de Guadalupe.


En un inicio, la cinta no fue bien recibida por la crítica y público. Sin embargo esto no demerita la calidad de la película ni su estupenda dirección. Entre otras virtudes, Bracho nos ofrece a un Ramón Novarro, latin lover de Hollywood en su única película mexicana, como un Juan Diego humilde e ingenuo, sorprendido ante la belleza de la Virgen, cuyo rostro, Bracho recreó con el de una bella jovencita morena. Además que, aprovechando la época, estrenó la cinta el 11 de diciembre de 1942 en el cine Palacio Chino. Marketing a la mexicana.


Una segunda cinta, más olvidable que receptora de elogios, es la filmada por Alfredo Salazar en 1976, con Valentín Trujillo y Angélica Chaín en los papeles principales y titulada directamente como “La virgen de Guadalupe”. Distribuida y filmada como video home, esta cinta “independiente” se centra exclusivamente en contar los detalles de la aparición de la Virgen a Juan Diego.



Perfectamente bien ambientada, la narración se vuelve demasiado tendenciosa, demasiado complaciente. Producida enteramente en Estados Unidos, más para un sector chicano que para el público de México, la cinta de Salazar nos muestra la típica historia que nos cuentan en la Iglesia, con mucho menos efectivismo o cercanía como la de Bracho. Sin embargo, la cinta cumple con su cometido: mostrar los momentos más importantes de esta historia, desde la conquista de los españoles, la conversión de los indígenas a la lengua española y al catolicismo.


Lo que nos transporta al 2006, con “Guadalupe”, de Pablo José Barroso, película narrada en español y náhuatl que se vale de varias historias para contar una vez más y de forma más contemporánea, la verdad de uno de los misterios religiosos más asombrosos de todos los tiempos, las apariciones de la Virgen de Guadalupe.


Tomando el ejemplo de directores como Iñárritu o Sariñana, la cinta entrelaza varias historias alrededor de la divinidad de la Virgen. El experimento se centra principalmente en la historia de dos disfuncionales hermanos antropólogos de origen español con un pasado solitario y doloroso, que escépticos emprenden un viaje de autoexploración a la Ciudad de México para estudiar los misterios guadalupanos. A partir de aquí, la narrativa de la cinta va intercalando las otras dos historias de una forma un tanto abrupta para quienes no están familiarizados con las historia de la guadalupana.



Recomendada ampliamente por el Cardenal Norberto Rivera Carrera (“pone al alcance de todo el público el conocimiento de múltiples y desconocidos aspectos de Santa María de Guadalupe, en el marco del 475º aniversario de sus apariciones”), la cinta es, quizás, la más recomendable de la lista. Dejando un poco la polémica a un lado, el filme se sirve de las pruebas científicas, los cientos de estudios, libros, experimentos, radiografías y las docenas de misterios que rodean esta imagen, lo que sirve como una especie de prólogo para la película la cual, más que profundizar en el drama de los personajes, los utiliza como hilo conductor para instruir al espectador en los acontecimientos históricos y tradiciones típicas que rodean las festividades guadalupanas en México.


Así las cosas, y como dice la canción popular "desde el cielo una hermosa mañana, la Guadalupana bajó"…pero no al Tepeyac, sino al cine como toda una gran diva de Hollywood o el cine de Oro. Infinidad de cineastas reconocidos como Tinto Brass, Fellini, Kevin Smith, Carlos Carrera o Sofia Copilla, han quedado maravillados con la historia de esta divinidad. Esa figura, con el rostro de mujer, levantó tal expectación que consiguió unir al instante la cultura indígena con la europea. ¿Quién era esa mujer? ¿Qué vieron los españoles y los indígenas en esa misteriosa figura, para darse la mano y vivir en paz? Cuestionamientos que el cine pretende contestar con estas tres muestras fílmicas.



Han tenido que pasar casi quinientos años para que la ciencia determine que esa imagen visualizada por San Diego, “parece no ser de este mundo”. No cabe duda que, hoy más que nunca, el poder de la imagen de Guadalupe sigue igual de vivo que hace quinientos años.



Trailer:


No hay comentarios:

Publicar un comentario