sábado, 10 de octubre de 2009

EN BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD

¿Han intentado alguna vez quitarle el sonido a una película? ¿Dejar solo los diálogos? Es una experiencia totalmente interesante y desalentadora. Una cinta, sin su soundtrack, es como una narración sin su ambientación o una pintura sin colores. La magia musical que acompaña una trepidante pelea en la cima de una montaña Inca o un duelo en el espacio con sables láser, hace que la trama se sienta más cercana más convincente y muchas veces, más incrustada en la memoria colectiva.

Todos amamos y hemos escuchado alguna vez las sencillas notas que acompañan nuestros miedos en el mar al sentir que hay un tiburón cerca de nosotros; el terror de una Cortina de regadera rasgada por cuchillos afilados; el telefoneo a casa de un extraterrestre; o, en la experiencia más reciente y fresca, los avatares de un niño pobre (“slumdog” o “perro callejero” en español) por encontrar el amor de su vida y de paso, desafiar al destino ganando 20 millones de rupias en el camino.


Esta reflexión se anexa a un sin fin de virtudes con las que cuenta la ganadora a Mejor Película en la última entrega de los premios Oscar, “Slumdog Millionaire”, del ingles Danny Boyle. Y es que la trepidante y emocionante música cortesía de A.R. Rahman y otros exitosos músicos de la India, sirven como perfecto hilo conductor de las emociones de los personajes, las pretensiones de la historia y el mensaje medular de la cinta: el destino.

Con una secuencia- tributo a su “Trainspotting”, pero ubicado en los barrios más pobres de Mumbai y protagonizada por varios pequeños, Boyle nos introduce a un mundo crudo e hiperrealista que sirve al personaje principal como anecdotario para lo que le depara en la vida.

“O saya”, canción nominada al Oscar, de A.R. Rahman, sirve como puente musical en esta introducción que, con cámara digital en mano, nos indica el camino que deberá seguir la historia: una serie de flashbacks perfectamente actuados y orquestados, situaciones límite y con una carga de suspenso y crítica social muy sutil, un poco de comedia involuntaria y sobre todo, una empatía con los personajes pocas veces experimentada en cine.


Esta prueba de dinamismo, de la mano del artístico Boyle, hace que el público se interese en la sencilla narración que nos explica la cinta. Lugares comúnes, situaciones conocidas y poca sorpresa, dan un giro total en las manos del cineasta inglés, que observa una forma de vida del tipo “Ciudad de Deus” de Meirelles, pero con la “esperanza” de felicidad acorde con “La Vita e Bella” de Benigni.

Sin arruinarles la trama, “Slumdog Millionaire” rodada íntegramente en la India, cuenta la difícil historia de Jamal Malik, un niño pobre de los tugurios de Dharavi, en Mumbai, que participa en el concurso televisivo de preguntas y respuestas Kaun Banega Crorepati (versión india de ¿Quién quiere ser millonario?) y excede las expectativas de la opinión pública y de los organizadores al llegar a la última pregunta, lo que provoca su detención por sospecha de fraude. En la comisaría, después de ser torturado, Jamal explica cómo todas y cada una de las preguntas hechas están relacionadas con algo sucedido en su vida. Hasta aquí. Lo demás lo tienen que descubrir ustedes mismos.

El guionista Simon Beaufoy (escritor de la joyita “Full Monty”) escribió Slumdog Millionaire tomando como base la novela "Q and A" de Vikas Swarup Para afinar el guión, Beaufoy hizo tres viajes de investigación en la India y entrevistó a niños de la calle que le sorprendieron con sus actitudes.

De acuerdo con Beaufoy, su objetivo para el guión era "conseguir que el espectador sienta esta enorme cantidad de diversión, risas, charlas y sentido de comunidad que uno encuentra en estos suburbios. Lo que percibes en un lugar así es esta masa de energía". Boyle supo traducir esta energía a través de las imágenes que vemos en pantalla.

Enteramente grabada en formato digital, con cámara en mano, actores desconocidos y primerizos (adultos) y niños de la calle reales, sin permiso total del gobierno de la India, con un equipo de producción reducido y un presupuesto de 15 millones de dólares (recaudando hasta el momento más de 200 mdd), “Slumdog Millionaire” es la perfecta prueba de cómo una cinta puede ser llevada a buen termino con poco dinero y mucho talento (una prueba mejor es “The Wrestler” de Arronofsky).


Después de una corrida exitosa por los círculos de festivales alrededor del mundo, la cinta de Boyle se veía destinada al olvido comercial. Todo cambiaría gracias al Oscar, en una de las escasas ocasiones en donde este premio sirve para impulsar una cinta para que el público la devore. El veredicto final: el 90% de la gente que ve el filme, lo recomienda.

Al final, la cinta no deja a nadie insatisfecho, Es un homenaje completo a la India (con sus clichés gringos, hay que decirlo) y sobre todo, al cine de Bollywood, con esa sorpresiva escena en donde los protagonistas danzan en el metro de Mumbai. Todos los cometidos se cumplen en la fantástica historia de Jamal y Latika: el destino, el amor, mostrar la energía de la India y mezclar la época moderna con los viejos tiempos, aunque lo que vemos en pantalla, bien podría pasar en cualquier otra parte del mundo.

Nunca antes la música inspiraba tanto para realizar esa añorada búsqueda de la felicidad. A lo que nos queda una incógnita. ¿Qué hacemos para alcanzarla? A) La esperamos sin hacer mucho al respecto; B) Trabajamos por ella; C) Hacemos trampa; D) Lo dejamos al destino.

Trailer:



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