sábado, 10 de octubre de 2009

EL CRIMEN FERPECTO DEL CINE


La verdadera elección en tiempos en donde el humor negro puede tener cabida en una sociedad paranoica, es, sin lugar a dudas, la filmografía del director español Alex de la Iglesia Mendoza.

El nombre quizás no suene mucho para la mayoría de ustedes, pero se trata de uno de los directores y autores más versátiles, inverosímiles, divertidos y cutres del cine contemporáneo. Licenciado en filosofía, ex dibujante de cómics, director, productor, guionista y actor, De la Iglesia es un ser fílmico como pocos.

Inmerso en el mundillo del cine desde 1988, cuando trabajo casi de accidente como director artístico de Pablo Berger en su cortometraje “Mamá” y su tarea idem en la cinta “Todo por la Pasta” del manchego Enrique Urbizu, Alex trabajó arduamente para producir con un presupuesto ínfimo su locura corta titulada “Mirindas Asesinas”, filmada en blanco y negro envuelta en un empaque con tufo a Hitchcock. La historia –un adicto a las Mirindas (refresco de naranja), entra a un bar sólo para vivir una masacre de locura- logró un cometido accidental: impresionar al director español por excelencia, Pedro Almodóvar.


El volverse un “chico Almodóvar” fue lo mejor que le pudo haber pasado a De la Iglesia. Amante del film noir norteamericano, el cine de serie B, el thriller psicológico, el humor cutre y negro y acérrimo fan de Hitchcock, Alex daría el salto al largometraje con una historia post-apocalíptica, con influencia del cyberpunk, en donde la corporaciones, los mutantes y las colonias espaciales se fusionan para relatar la historia de un grupo terrorista de deformes que inician una guerra en Bilbao para vengarse de los guapos y ricos. De la mano de El Deseo Films, productora de Pedro, De la Iglesia creaba así su “Acción Mutante”, el primer paso de una filmografía interesante y muy, muy divertida.

Dividiendo al público, pero interesando a la crítica, era cuestión de dos años (1995) para que invadiera festivales y pantallas de cine por igual la que se considera la obra maestra de de la Iglesia. Ganadora de seis premios Goya, “El día de la Bestia” fue la perfecta definición de éxito crítico-aficionado, inaugurando así el género de la comedia satánica con un relato delirante sobre la sociedad al mismo tiempo de ser una visión apocalíptica del fin del milenio.


Su sinopsis no podría ser más disparatada: un sacerdote español cree que ha encontrado un mensaje secreto escondido en el Apocalipsis según San Juan. El mensaje consiste en que el Anticristo nacerá el 25 de diciembre de 1995 en Madrid. Convencido de que debe impedir este nacimiento satánico, el sardote (Álex Angulo) se une a un joven metalero (Santiago Segura) y a una suerte de Walter Mercado metrosexual, el Dr. Cavan, para impedir la venida del Demonio en la tierra. Dos palabras: cinematografía pura.

Esta cinta define la manera de filmar y pensar de De la Iglesia. Un cinta que también define su postura como autor verdadero del séptimo arte, explotando el que sería su sello más característico, el humor negro. Amado y odiado por otros, De la Iglesia trata de plasmar su particular forma de ver a la sociedad y la psique humana en cada una de sus cintas. Todo, en un licuado de violencia, vísceras, referencias fílmicas, homenajes, y mucha mala leche.

Poco después del trancazo que fue “El día de la Bestia”, Alex presentaba al público la que sería su primera coproducción con Estados Unidos, “Perdita Durango”, un cocktail explosivo de humor, amor, sexo y balazos. Estelarizada por Rosie Perez como la supermujer sin escrúpulos que le da el título a la cinta y un Javier Bardem exquisito como Romeo Dolorosa, su pareja, fue un fracaso de taquilla y crítica rotundo, debido a que el mundo occidental aún no estaba listo para darle el “Sí, quiero” definitivo al cineasta español. De la Iglesia debía volver a sus raíces europeas para seguir sorprendiendo al público.


Un año antes de acabar el milenio, el joven director realizo a la fecha su cinta más incomprendida de todas: “Muertos de risa”. Una suerte de drama humano que parece un mal chiste, “Muertos de risa” crítica al mundo del espectáculo y a los cambios sociopolíticos que marcan a la televisión, las canciones de verano y a las modas pasajeras. Dos humoristas ficticios ( Santiago Segura y el Gran Wyoming) son los encargados de retratan a Nino y Bruno, amigos comediantes que descubren que mientras más se odian, más éxito tienen y cuanto más éxito tienen, más se odian.

Recobrando a sus críticos más difíciles, la carrera del español daría uno de sus puntos más altos con la que, en lo personal, es su cinta más lograda y digerible: “La comunidad”, una suerte de homenaje enorme a Alfred Hitchcock y la mejor cinta de humor negro que he visto.

Con un guión sublime del mismo De la Iglesia, el filme se deja llevar por sus atinados diálogos, el manejo del suspenso, los giños geeks a los cinéfilos (el Darth Vader no tiene precio) y, sobre todo, la cátedra de actuación que ofrece Carmen Muara, una de las mejores actrices a nivel mundial hoy por hoy.

Más aplausos y escasas rechiflas después, el cineasta español dejaba atrás al cineasta amateur y amante de lo cutre por el traje de auteur, demostrado en sus siguientes dos cintas, “800 balas” y “Crimen Ferpecto”. La primera, una oda al western (en especial al género spaghetti) y al cine en general, ambientada en Almería, ciudad mítica donde se rodaron clásicos como “El bueno, el malo y el feo” y “Por un puñado de dólares”; la segunda, un viaje ácido-amoroso que mezcla el crimen clásico pero con fino humor negro con el suspenso entrecortado por la risa (género mejor conocido como “freak”).


Su más reciente cinta (sin contar el ejercicio televisivo que fue “La habitación del niño”) se trata de su regreso a Estados Unidos, de la mano de Elijah Wood y John Hurt, con “Los crímenes de Oxford”, quizás, la cinta donde más se aleja de su forma de ver el cine, pero que aún así, demuestra su calidad como cineasta y contador de historias.

Locura, ácido, violencia, humor, suspenso, thriller, homenaje, autoría, culto, diversión, adrenalina. Todo esto y mucho más define la carrera de Alex de la Iglesia. Adjetivos que se enmarcan para crear el más difícil de todos, pocas veces otorgado a un cineasta contemporáneo: original. En definitiva, este, es el crimen ferpecto del séptimo arte actual.

Primer cortometraje de Alex de la Iglesia:



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