
Este fin de semana fue muy disfrutable para un cinéfilo como yo. Me di el gusto de apreciar cintas de categoría “menor” para muchas personas, como las comedias románticas y las pelis de terror. Y sin ninguna sorpresa, refrende así mi amor por estos dos géneros, dentro de toda la gama del séptimo arte, sin lugar a dudas, dos gustos culpables muy disfrutables. Uno más que otro, pero igual de interesantes y entretenidos en su conjunto fílmico.
Esta reflexión, gracias a Jason y su remake de “Friday the 13th”, cinta llena de clichés, un homenaje al cine splatter con jovenes cachondos teniendo sexo y a segundos de llegar al orgasmo al mismo momento de que el asesino los atraviesa con su machete. Pero en otra ocasión hablaremos de este gustillo medio cutre pero pasadero. Hoy, con mucha emoción, me enfocaré en el género de las “chick-flick”, las comedias románticas, esas cintas que derraman miel, igualmente cargada de clichés y lugares comunes, pero disfrutables a más no poder, divertidas, reflexivas y muy digerible. Por lo meno, para un servidor.
El banquete estuvo servido con “Zack and Miri make a Porno”, “How to lose your friends and alienate people”, “The house Bunny” y, sobre todo “He´s Just not that into you”. Disímiles en su hechura y narrativa, las cuatro cintas son el perfecto ejemplo de las comedias románticas en general: aquella que se basa en lo escatológico y transgresor para englobar una historia de amor, la cinta con tufo británico e irónico, la comedia de pastelazo y fórmula comprobada, y la joyita inspiracional que invita a la reflexión e inspira a sentir que el amor sí existe, incluso para aquellos “misfits” empedernidos.
Respectivamente, y en ese orden, todas dejan un buen sabor de boca, su jiribilla y movimientos formularios, pero es la última, la que más se acerca a los grandes clásicos de este género adorado.
Ambientada en la inusual ciudad cinematográfica de Baltimore (exceptuando las cintas de John Waters, claro), el filme narra diferentes historias cruzadas sobre el amor y el comportamiento humano ante este tan extraño sentimiento, en específico, el comportamiento del género masculino; una mujer confundida entre el balance de tecnología y cariño (Drew Barrymore); una bella esposa (Jennifer Connelly) inmersa en un matrimonio gastado y basado en las mentiras del esposo (Bradley Cooper); la eterna duda necesario y/o innecesaria de contraer matrimonio de una pareja treintañera (Jennifer Aniston y Ben Affleck); una chica soñadora y más que sensual (Scarlett Johansson) se enamora de un hombre casado; y una joven obsesionada con la búsqueda de señales para encontrar al amor de su vida (Ginnifer Goodwin).
Estas historias, como sucede en los ejercicios corales, algunas más disfrutable que otras, tienen como eje rector esa dura verdad que cuesta reconocer muchas veces: la de que quizás, a el o a ella, no le gustamos tanto.
Y como toda dura verdad, esta viene acompañada de una serie de complementos comúnes que suceden en las relaciones humans de pareja; que no te hablen por teléfono, no te busque esa cita anhelada, exista la infidelidad, la indiferencia, en desequilibrio, la inseguridad, el egoísmo, el machismo, la sumisión y un enorme etcétera.
Temas comúnes en el cine romántico, cierto, pero quizás es esta universalidad de los temas lo que hace que este tipo de filmes sean exitosos y lo mejor de todo en algunas ocasiones, inolvidables. La diferencia entre una peli olvidable y otra de gran valía, es su forma de contar su anécdota.
Ya sea en forma sarcástica y mala leche (“The proposal”), de forma lineal (“Nothing Hill”), unipersonal y poco probable (“My best friendo wedding), con edades y tiempos de por medio (“The notebook”), enfermedades que hacen frente al amor (“Sweet November”), o cintas corales con el amor a cada cuadro (“Love Actually”), el cine romántico se reinventa a cada rato y no deja de estar vigente, contrario a otros géneros, por el simple, sencillo y meloso hecho de que el amor es el idioma universal. Idealista, quizás. Realista, ojala. Inspiracional, definitivamente.
Precisamente esto es lo que la cinta de Ken Kwapis provoca en el espectador. En efecto, y como muchas críticas lo mencionan, “He´s not…” juega en lugares comúnes y crean personajes estereotipos, lo que invita a reflexionar si nosotros mismos no somos esos personajes; el macho, el soñador, la enamorada, la “bitch”, la idealista, el mujeriego.
La vida crea clichés y esta es la forma de mostrarlos más entretenida que existe. Si bien la cinta esta basada en el libro homónimo de Greg Behrendt y Liz Tucillo, las historias en pantalla se sienten comunes y estas provocan las risas en el espectador, risas quizás de culpa y tal vez con tufo a “wey, me pasó”.
Curiosamente titulada “¿Qué le pasa a los hombres?” en varios países hispanos, muchos piensen que el filme, en resumen, trata sobre las acciones de los varones en el amor y su forma de determinar los pasos que las mujeres deben dar en el cada vez más complicado proceso del cortejo y el enamoramiento. Pero las pretensiones van un poco más allá. El filme trata sobre aquellos que buscan el amor, quienes lo encuentran, aquellos que lo cambian o los que lo pierden, o quienes sólo maduran para seguir teniendo fe.
Enmarcada con un excelente reparto lleno de actrices probadas en el género (Johansson, hipersensual; Aniston, eterna Rachel, Connelly, dolorosa, Barrymore, sorpresiva y Goodwin, reveladora) y actores bien posicionados en sus papeles, la película es el vehículo ideal para disfrutar en pareja dos horas y media de tropezones, enseñanzas y mucha, mucha realidad.
Un buen rato que se anexara a los otros tantos de una colección en que Bridget Jones, Julia Roberts, una suerte llamada Serendipity, la blonda Meg Ryan, el príncipe azul ideal en la piel de un despistado Hugh Grant y un enorme etcétera, engloban el poder más grande y tal vez el cliché mayor de todos: el amor. El único, si me permiten decirlo, por el que vale la pena luchar hasta el último minuto, sin perder la fe. Incluso, cuando escuchamos esa dolorosa frase de ella o él que nos da la pauta para saber que, quizás “no le gustamos tanto”.
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