Diferente. Esta es una palabra que pocas veces, en ocasiones nunca, y en otras es inequívoca, se presenta en las películas que vemos día a día. Es una palabra que no aplica mucho menos en los géneros, como el terror, el thiller policiaco, la comedia gringa, la película de guerra y la comedia romántica. Siempre existen situaciones que nos remiten a otras cintas, a otros momentos y un aire de deja vù muy fuerte que crea comentarios como “ahora la va a matar”, “este se enamora de esta” o “ahorita se levanta el asesino”.
Algo interesante, es que estos lugares comunes (como en nuestras telenovelas, por poner un ejemplo más cercano) siempre han tenido éxito y lo seguirán teniendo indiscutiblemente hasta que el público se harte o de plano se acostumbre, lo que cada vez es más común.
Incluso me incluyo en algunas costumbres, como disfrutar las fórmulas de “chamacos calientes- tienen sexo- un asesino los persiguen- tienen más sexo- los matan- sobrevive una chica- mata al asesino- llega la secuela”. O las más sencillas de “chica conoce chico- se odian- se enamoran- viven felices”.
¿Conocido? Pues bien, esto es el pan nuestro de cada día, a que, de forma redundante, la diferencia radica en eso, en lo diferente de las propuestas. Si bien siguen los mismos clichés y fórmulas comprobadas, existen cinta, muy contadas, que se sienten frescas por que ven la misma moneda desde otro ángulo.
Y es precisamente el último género nombrado, el de la comedia romántica, la que poco a poco comienza a ir por diferentes rumbos y quién tiene una mayor gama de “diferencias”. El ejemplo más claro son tres extraordinarias cintas que han visitado nuestras pantallas en el último año: “A él no le gustas tanto”, “La propuesta” y la más reciente, “La cruda verdad”.
“La cruda verdad” cuenta una historia de lo más común y conocida: Abby Richter (Katherine Heigl) interpreta a la productora de un programa matutino, no es adepta al romance y cuya búsqueda para el Sr. Perfecto la ha dejado soltera y sin esperanza. Ella va a tener un despertar brusco cuando sus jefes la obligan a hacer equipo con Mike Chadway (Gerard Butler), una personalidad extrema de la televisión que promete decir la cruda verdad de lo que hace que los hombres y mujeres sientan mariposas por alguien.
Y así, con esa premisa sencilla y harta conocida, arranca una película que desde un principio, se saborea como las buenas cintas y se disfruta, sobre todo, si vas acompañado de esa persona que te hace mariposear tu interior (como en mi caso).
La “diferencia” en esta película, es, como he dicho, ese enfoque diferente y novedoso, alejado de la sacarina común de las películas románticas la que la hace aceptable, memorable y muy entretenida. Más que miel sobre hojuelas, parece que uno camina sobre tachuelas con los pies desnudos con las carcajadas cómplices que uno genera (“en dónde he visto esto” ¿en mi?).
Si bien “La cruda verdad” es el ejemplo de esas fórmulas gringas, el tono de su guión hace que el espectador se crea lo que ve y sobre todo, lo compare con su propia y cruda realidad. Lo que se dice en la película es como un golpe al hígado pero con un guante de algodón de azúcar ¿Me explico?
La película en efecto toca esos lugares comunes que hemos visto en “When Harry meets Sally”, “High Fidelity”, “Bridget Jones Diary” y en suma, todo lo que hace de Hugh Grant, Drew Barrymore y Julia Roberts lo que son: estereotipos increíbles de la comedia romántica. No me entiendan mal, yo me declaro fan completo de este cliché.
Adoro el orgasmo fingido de Meg Ryan (Katherine Heigl casi le roba el trono con uno real en “La cruda verdad”), los calzones de Rhys Ifans en “Nothing Hill”, la escena musical de la mesa en “My best friends wedding” y ese largo etcétera que a ustedes les llega a la mente al momento de leer esto. Por eso ¿qué hace tan especial a “La cruda verdad”?
En primer lugar, el carisma, la belleza y la altura de las grandes féminas de las “chick-flicks” (Barrymore, Bullock, Ryan) en que se está convirtiendo Katherine Heigl; la presencia machista y encantadora de Gerard “This is Sparta” Butler; y tercera, que a pesar de ser una comedia romántica, es la mejor opción en cartelera para ver con la pareja, incluso, cuando esta salga en formato casero.
Las miradas culposas y cómplices entre los novios se harán presentes, y más que suscitar algún enojo, los “te lo dije”, “ves como no soy la única”, “esos somos nosotros” o “de qué te ríes” que se escucharán en la película, además de hacer reflexionar a ambos bandos, permitirá abrazar a la pareja y decir profundamente “te amo, me encantas, aunque no sepa por qué”.
Lo cierto, esta película no es ninguna pérdida de tiempo. Al contrario, es muy entretenida (se deja ver más de una vez), los actores tienen una química genial pocas veces vista, una dirección alejada por momentos del humor “popó-pis” que caracteriza a los gringos, y sobre todo, las reflexión que hace durante toda la película (y al final de esta) llega a ser muy cierta, convirtiéndose en la cruda verdad para infinidad de mujeres y hombres.
Al final sólo queda una estupenda cinta para ver en pareja, reír a carcajadas de uno mismo y de lo que se vive con esa persona sentada a tu lado, ver que la verdad es cruda, peor que también es real, la aceptamos, amamos y seguimos felices con ella. Esa es la sal y la pimienta que hace que cada día uno vea con ilusión los ojos de la otra persona, salga miel de la boca (mivido, Sweety, princesa, etc) y deje al corazón crear su propia comedia romántica para crear, como de costumbre, ese final feliz tan esperado. Con todo y resbalones de por medio. “Chico conoce chica- se enamoran- chico la riega- chica se enoja- se reencuentran- se reenamoran- viven felices”. ¿Dónde he visto esto?
Trailer:





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