
Antes de ir directo al grano, tengo que señalar que las palabras que se leerán a continuación contienen un número considerable de aplausos, emoción, reverencias y mucho orgasmo fílmico. Contrario a lo que muchos leemos comúnmente, desde este inicio puedo decir que la película en cuestión se me hace perfecta, única, irrepetible y sin errores. Sin más, y aflorando más mi lado cinéfilo y amante de las películas que el crítico, arranco con la firme idea de que "Bastardos sin gloria" es una verdadera obra maestra.
"Inglorious basterds" representa la consumación definitiva como personaje de culto y cineasta autoral de Quentin Tarantino (o Clementino, como gusten). De la talla de un Scorsese o un Coppolla pero tirándole más a un Fellini, un Jodoroswky, Kieslowski o un Leone; autores definitivos, leyendas del cine, transgresores natos, enfants terribles; críticados por unos, amados por más; pero algo es definitivo y surge en cada segundo de sus películas, y no es otra cosa que arte puro, arte en movimiento, pasión por el séptimo arte, humedad erótica hecha imágenes que trancurren en 24 cuadros por segundo.
Después de anotar "in crecendo" la noción de que Tarantino es un director diferente y pretencioso como pocos, su última cinta define mejor al cineasta convertido en Dios: un ser amante y filmívoro irredento del séptimo arte y un contador de historias en peligro de extinción.La historia ficcionada que presenta esta ocasión mezcla, en un ejercicio grandioso de imaginación, elementos de varios géneros como el western (la venganza como artífice de la acción), el thriller psicológico, la vena más especial del cine de guerra y de espías, brochazos de film noir y una dósis de humor negro que hacen del producto una delicia hasta para aquellos que no les gusta el cine. A esto se añade la relación cien por ciento cinefílica de la importancia y el papel del Cine como una excelente vía para exponer ideas, un canal excelso para la diversión, la catársis emocional y la desconstrucción histórica.
Un filme intenso, clásico, cómico, violento, intrigante, que desde su inicio exige total atención del espectador, provocando que este se fige en los más mínimos detallles y más simplones diálogos, encontrando en esos detalles intracendentes las virtudes de un guión poderoso y que nunca desaprovecha su parte visual.Es quizás, sin temor a equivocarme, una de las cintas más importantes de la historia en lo que a relación y catársis con el público se refiere. Revasa incluso, en esa exigencia de atención, a la inmejorable "Pulp Fiction". A ese nivel.
La trama, defragmentada y algo compleja, pero exquicitamente estructurada, está ubicada en la Francia de 1945, ocupada por los alemanes en plena Segunda Guerra Mundial. Siguiendo su constumbre narrativa por capítulos, Tarantino ofrece una fantástica fábula ("érase una vez") que presenta a un reducido escuadrón de judíos sádicos llamados los Bastardos, liderados por Aldo "el Apache" Raine (Brad Pitt, sencillo pero sorprendente) y su objetivo macabro y a la vez revitalizador de matar sin piedad a todo alemán que porte un uniforme nazi.
El contraste de Aldo es el coronel Hans Landa (un sublime Christopher Waltz, la mayor sorpresa de la cinta y un multilingue que sorprende a todos, dialogando en italiano, francés, alemán e inglés a la perfeccción), oficial de la SS apodado el "Caza judíos" y que su profesión radica en eso, en dar muerte a los judíos.
Culto, inteligente, despiadado, con mucho humor negro y mala leche, Landa es uno de los mejores personajes que ha emergido de la mente de Quentin, sólo a la altura de Mr. Orange, The Wolf o Bill.
Finalmente nos encontramos con Shosanna Dreyfus (Mèlanie Laurente, bellísima), una judía perseguida por Landa, obligada en contra de su destino a colaborar con los alemanes, quienes pretenden realizar una función de cine en el complejo fílmico que ella administra. Los planes maquiavelicos y un eje rector juntará a estos personajes en un final apotéosico como reverencial.
La riqueza de Tarantino (dentro de muchas otras), radica en esta mezcla de historias y personajes que se fusionan para el beneficio no de una crítica social, sino en un crisol dramático en forma de argumento y narración en el que los sentimientos naturales de los personajes en pantalla se alejan de los clásicos ideales gringos y tocan al público en su mente y corazón, aunque sus actos y simpatías realistas se inclinen siempre a los políticamente incorrecto (mafiosos, asesinos, violadores, yakuzas, asaltantes, etc.).Con decir que, de acuerda a la ficción de "Bastardos...", no sería sorpresa que alguna comunidad judía del mundo vea a Tarantino como su nuevo Dios o gurú existencial.
Catarsis. Esa palabreja retumba en cada escena de la locura narrativa ficcionaria del director. Una catarsis al trauma producido por el Holocausto y una catarsis ante la basura cinematográfica que engloba al mundo cada día. A Tarantino le vale madres la historia y sus interpretaciones genuinas; sabe que el cine es ficción y como ficción, la historia puede ser manipulada.No se olvida la banda sonora de la cinta, excéntrica y adecuada como en sus anteriores filmes, en donde las imágenes de cráneos nazis destrozados y secuencias de cine clásico se entrelazan con música de Ennio Morricone y de David Bowie and the Cat People por igual, pasando por Samantha Shelton y Charles Berstein durante las casi tres horas de metraje.
En resumidas cuentas, "Bastardos sin gloria" es, muy a mi pesar y fanatismo intocable por Pulp Fiction, la mejor cinta de Tarantino hasta la fecha. Lo amas o lo odias, pero jamás estarás inconforme con su particular punto de vista del mundo ya sea en el guión, en la dirección, la producción o la actuación.Saca a relucir su mejor herramienta, esa propia catársis de su éxito, como nunca nadie lo ha hecho; no se trata de sus actores, su música, sus personajes o su historia. No. La mejor fórmula de Tarantino y por lo que ya pasó a la historia dentro de los mejores, es esa sonrisa irónica, cómplice del espectador, divertido por su identificación con los personajes, por situaciones que jamás vivirá, pero que sin embargo, y alejándose de lo que "es y no es correcto", disfruta como enano.
Al final de ver esta cinta, se que me darán la razón y su sonrisa diabólica al salir de la sala dibujará el recuerdo de esa película que cambia, desde ya, la historia del cine como lo conocemos. Dios mío, lo que daría por ser un Bastardo.
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