
¿Alguien recuerda la primer película que lo impacto visualmente? Es una de las preguntas que me gusta realizar de vez en vez a las personas que conozco. La disparidad de opiniones es gigantesca e interesante. Mientras las mentes más comunes me contestan que “Bambi” o “Entrevista con el vampiro” fueron cócteles molotov para sus globos oculares, otros se acercan a una cinta tipo “Irreversible” o “Kill Bill”.
Perfecto, es una realidad que la mayoría de las películas impactan de alguna forma u otra al espectador provocando que las imágenes mostradas se queden impregnadas en la retina de la memoria fílmica. ¿Muy viajado este comentario? Puede ser.
La realidad de las cosas, y dejando a un lado la verborrea crítica, es que el cine tiene esa particularidad: mover sensaciones, crear ideas, originar reacciones. Por esto mismo es por lo que el ser humano sigue maravillándose al entrar a un cuarto oscuro con gente que no conoce, en espera que el cono de luz se proyecte en una tela blanca y comience a escupir miedos, valores, aventuras, sentimientos, o bien, pesadillas del ser humano.
Yo recuerdo perfectamente las cintas que me sorprendieron y grabaron algo en mi vida y fanatismo hacia el séptimo arte. La lista es enorme, comenzando desde luego con “Star Wars” y ampliando mi campo de visión con nombres como Tarantino, Fellini, Haneke, Kitanno, Brass, Scorsese, Lynch, Svanmajer y Cronenberg.
Cronenberg. David Cronenberg. Sin lugar a dudas un director como pocos, con una visión tan torcida del ser humano como fascinante.
Nacido en Toronto, Canadá hace más de 60 años, es uno de los principales exponentes de lo que se ha denominado como “horror corporal”, el cual explora los miedos humanos ante la transformación corporal y la infección externa de cualquier tipo. Esta sencilla forma de explicar la mayoría de su filmografía ya de entrada es una cachetada al fílmivoro irredento.
En sus películas, usualmente se mezcla lo psicológico con lo físico. En la primera mitad de su carrera exploró estos temas principalmente a través del terror y el género que más domina, la ciencia ficción, aunque su trabajo hace tiempo se ha extendido más allá de estos géneros.
Pero, regresando al origen de este genio, observamos que sus instintos “directivos” pueden causar náuseas y dolores de cabeza por igual. Pero me malinterpreten. Náuseas, en el sentido de lo fuerte de sus tratamientos narrativos y dolores de cabeza, por la forma en que pone a trabajar el cerebro del espectador. Después de sus primeros mediometrajes (“Stereo” y “Crímenes del futuro”), y gracias a la ayuda de un colega de nombre Ivan Reitman (“Los cazafantasmas”), el gobierno canadiense decidió financiar sus primeras películas, sin saber lo que estas provocarían a la gente y a la economía de los estudios.
De esta forma, llegó su primera incursión al horror corporal de la mano de “Shivers”, cinta de culto gore automática que versa sobre una idea original de William Burroughs y consiste en un virus que se aloja en el interior del hombre, logrando suplantar alguna de las funciones de su organismo. De esta manera entre este virus y el humano se genera una suerte de relación simbiótica, no pudiendo vivir uno sin el otro.
Pero el hombre, creyendo tener absoluto dominio sobre el virus, no se da cuenta de que este ha usurpado sus patrones de comportamiento, y quien controla su vida es este virus/parásito y no él. Después de esta oda a la sangre, presenta “Rabid”, con la sorprendente actuación de la actriz porno Marilyn Chambers, tocando de nuevo el tema (con mejor producción) de los virus y su relación con el ser humano.
Durante su carrera, las películas de Cronenberg han seguido una progresión definida, un movimiento del mundo social a la vida interior. En sus primeras películas, científicos modificaban cuerpos humanos, lo cual daba lugar a un tipo de anarquía social (“Shivers” o “Rabid”). En su período intermedio, el caos causado por el científico es más personal, (“The Brood”, “Scanners”, y la genial “Videodrome”).
En el siguiente período, es el científico el que es alterado por su experimento, como en el caso de “The Fly”, el remake del clásico homónimo y el primer acercamiento que tuve con el cine de Cronenberg. En esta película, el cineasta, en su vena más comercial, más que hacer un remake de la original, recrea el mundo de “
Lo anterior, uno de los temas que llena su filmografía en una siguiente etapa más “madura” en donde encontramos “El desayuno desnudo”, basado en la vida de William Burroughs; “Dead Ringers”, con un fantástico Jeremy Irons interpretando a un par de gemelos (la mejor cinta de Cronenberg, a mi parecer); “M. Butterfly”, en la que traslada al cine la obra teatral de David Henry Hwang, que reincide en una preocupación muy actual como las posibilidades de los roles sexuales; “
Cronenberg ha dicho que sus películas deberían ser vistas "desde el punto de vista de la enfermedad". Esta perspectiva está ilustrada en The Fly cuando el héroe descubre que ha sido genéticamente fusionado con un insecto. En vez de decir "Mi telepod se ha descompuesto", dice "Mi telepod se ha transformado en un empalmador genético". Enfermedad y desastre, en el trabajo de Cronenberg, son mejores problemas con que lidiar que los agentes de transformación personal.
En este punto, llegamos a un punto del camino interesante: “Existen Z”, “Spider” y la magnífica “Crash”, donde la gente que ha resultado herida en accidentes de tránsito trata de ver su calvario como "un fertilizante en vez de un evento destructivo". Cargada de un erotismo mala-leche y un análisis filosófico redentor de lo que provoca éxtasis en una persona, es uno de los filmes que más impacta en su filmografía (que puede sonar redundante).
Finalmente, y con la motivada decisión de ganar algo de dinero sin aplazar su salario como lo hiciera en la baratísima “Spider”, Cronenberg toca años recientes con una dupla de cintas estelarizadas por Viggo Mortensen: “Una historia violenta” y “Promesas del este”. Díptico que se aleja de su “horror físico” y su cine más temprano y se centra más en la psicología de los personajes, creando cintas más digeribles pero impactantes al mismo tiempo.
Asociado con la lealtad que muestra a sus colaboradores clave, Cronenberg permanece siendo un cineasta canadiense incondicional, con casi todas sus películas habiendo sido filmadas en su provincia natal de Ontario (excepciones notables incluyen M. Butterfly y Spider, cuya mayor parte fue filmada en China e Inglaterra, respectivamente).

Amante de su punto de vista como pocos, se une a David Lynch, Haneke o los Hermanos Quay y mantiene su sello en cada odisea fílmica que presenta. Así que, si quieren ser impactados visual, visceral y mentalmente, nada mejor que una visita al Blockbuster más cercano y disfrutar de un viaje ácido por la psique humana de la mano de un Mesías que odia el cine comercial pero que estuvo a punto de dirigir el “Star Wars: el Imperio contraataca”. Otro gallo hubiera cantado para los frikis de la saga.
'Camera', un corto de David Cronenberg, +Plus a 'Videodrome' scene:





No hay comentarios:
Publicar un comentario