lunes, 5 de octubre de 2009

ANTES Y DESPUÉS EN EL CINE MEXICANO


Una adolescente hace animaciones sanguinarias. Una mesera guarda fotos de su amiga muerta. Un prefecto de preparatoria está atormentado por el incendio de su escuela. Un jefe de policía cobra protección al burdel del pueblo. Un maestro enamora alumnas con la “Lolita” de Nabokov. Todo en la inquietante blancura de la sal. Y bajo ésta, aparecen mujeres muertas, mutiladas, momificadas. Entonces llega el comandante Trujillo a investigar.


No, no se trata de un capítulo más de CSI, Law and Order o Bones. Mucho menos es una película de Michael Apted, John Frakenheimer o Ridley Scott. No, no sale Denzel Washington, Harvey Keitel o Bruce Willis. Vamos, ni siquiera es extranjera. Estamos hablando de los ingredientes que conforman una ópera cinematográfica del género thriller pero a la mexicana. Su nombre: “Bajo la sal”, de Mario Muñoz.


Mucho se ha discutido sobre la necesidad de deslindar al cine mexicano de la producción estadounidense; de la ayuda a gritos que pide nuestro cine por volverse un productor de géneros y no de temas. De industrializarse, de generalizarse. Un cine para todos que borre un poco los clásicos temas de inseguridad y comedia chabacana a la que nos tienen acostumbrados los cineastas del país.



Terror, comedia, suspenso, thriller, películas navideñas e incluso animación, son sólo una pequeña parte de las cintas que nos depara el cine nacional durante los próximos dos años. Hoy, más que nuca, se respira una diversidad de narrativas, géneros, temáticas, espacios, momentos, presupuestos, actores, directores e ideas. Podríamos decir que, ahora sí, el cine mexicano se interesa por lo que antes olvidaba: ofrecer cine para los mexicanos, no para la exportación primero.


Si hace unos años era necesario que una cinta mexicana recorriera todo el mundo en festivales y círculos de críticos especializados para tener éxito o siquiera interés entre el público mexicano, los cineastas apuestan ahora por primero vender sus productos en el país que llevarlos a otras latitudes. A esto, se anexa el poderío de las poderosas distribuidoras de Hollywood, como la Paramount, Warner o Fox, que deciden producir cine mexicano con fines de presentarlo en el mayor número de salas posibles en el país y, posteriormente, en el mundo.


Por eso, “Arráncame la vida” y, en este caso, “Bajo la sal” tienen muchísimo más mérito del que los críticos y medios masivos le atribuyen. ¿Cuántos años no pasaron para que México produjera una cinta de época? Y lo más difícil de todo: de calidad. Ahora bien, ¿quién recuerda el último verdadero thiller mexicano tirándole a “film noir” con sabor a “El silencio de los inocentes”, “Telaraña” o “Se7en”? No, los Almada no entran en esta categoría. Tampoco Valentín Trujillo.



Sin más, volvamos a leer el primer párrafo de este texto: “Todo en la inquietante blancura de la sal. Y bajo ésta, aparecen mujeres muertas, mutiladas, momificadas. Entonces llega el comandante Trujillo a investigar.”


En un pueblo escondido, del tiempo y el espacio, pareciera, de Baja California, en una planicie alta, blanca, como un valle ártico pero caliente como el desierto, una máquina gigantesca levanta toneladas de cristales blancos, sal cruda, sin procesar, y las deposita en unas coladeras en donde comienzan su largo camino hacia los anaqueles comerciales.


Pero esta vez hay algo más entre la blancura. Algo negro se asoma. Bajo la sal se esconde una mano humana, un cuerpo casi irreconocible. Una momia, como figura de cera, congelada en aquel desierto lunar que parece hielo, aunque no lo es, que parece de otro mundo o país, aunque no lo es. Y todo, dentro de una película que parece un thiller más del montón, pero no lo es.



Con algunos comienzos en falso y un largo camino -ocho años- a las salas comerciales, “Bajo la sal” se muestra real, directa, un clásico fílmico instantáneo. Va más allá del cliché mexicano e incluso, se arriesga presentando un cuadro de actores no tan común (llamémosle Bichir, Ochoa y Tovar) para el público: Plutarco Haza, Julio Bracho, Irene Azuela, Ricardo Polanco y el excelente Humberto Zurita en un personaje que se perfila para estar en los anales de la historia cinematográfica al lado de un Harry el Sucio o un Bad Lutienant.


En definitiva, y de forma directa, diría que es una película que debe verse, apreciarse y comentarse. De lo mejor que ha dado el cine mexicano en los últimos años. Pero, como siempre, existe ese “pero”. Siempre existe un riesgo inherente al intentar competir al tú por tú en los mismo géneros que pro años ha cultivado Hollywood y el filme del debutante Muñoz, lo asume con resultados por momentos disparejos. Mínimos, pero disparejos.


Ciertamente, la cinta posee los ingredientes de todo buen misterio: crímenes atroces, policía obsesionado con el caso y un par de sospechoso que podrían ser culpable so no. Buena música, impecablemente dirigida, excelente fotografía y actuaciones de antología. Sin embargo, y en el sentido estricto de la crítica, la cinta queda a deber cuando de resolver el enigma se trata empeñada en confundir al espectador con falsas pistas y sin rumbo fijo aparente. Aunque repito, son detalles mínimos, pero significantes. Obvios y aceptables hasta cierto punto cuando el intento de hacer una buena cinta de suspenso se llevó al máximo y con resultados tan favorecedores como estos.



Por momentos, quiere ser la “Se7en” mexicana – honor que, en todo caso, corresponde a la cinta “Crónica”, con Damián Alcázar y John Leguizamo-, sin mucho éxito pero si suficiente valentía. Sin embargo, apunta a la voluntad del cine mexicano de arriesgarse por nuevos y excitantes derroteros. El inicio de una industria que ofrece varios productos en su menú, logra que uno vea y abrace su producción cinematográfica con más cariño y sabor que los clásico “gobierno-pobreza-delincuencia”.


El filme se evidencia como lago más que suspenso hablado en español, que un asesino inexistente. Es un thriller en toda la extensión de la palabra, comandado por los personajes. Y eso, señores, aunque duela, ni los Almada.



Trailer:


No hay comentarios:

Publicar un comentario