lunes, 5 de octubre de 2009

QUISIERA SOÑAR, BAILAR Y ALCANZAR


Si sumaramos el número de películas que una persona ve a lo largo de su vida, tendríamos que realizar varios criterios de análisis: desde el país donde residen (en el Bollywood de la India los espectadores ven muchísimo más cine que en parte como África o Tokio), nivel socioeconómico, gustos, aficiones, cultura, y ul largo etcétera.


Más fácil nos será, el preguntarle a la gente qué cintas ocasionaron lo que muy pocas pueden y la mayoría deberían: mover sentimientos, tocar el corazón. Los dedos de una mano serán más que suficientes para contabilizar esas historias que gracias a la magia del séptimo arte nos hicieron llorar, estremecer y salir del cine con una sonrisa en la cara y una tranquilidad en el alma que nos dice al oído "sí se puede". Hasta este momento quizás me leo como tarjeta Hallmark o comercial del tipo "únete a los optimistas". Pero lo quiera o no, eso es lo que me provoca una buena película, una buena historia, un buen personaje. "Sí se puede ser feliz."



Revisando el vasto mundo cinematográfico y escogiendo una cinta que vaya acorde con el arte que ocupa este número (la danza, el ballet), la cinta que se lleva las palmas (sin menospreciar a otras que tocan el tema desde diferentes perespectivas), es a la vez, la más sencilla, particular y entrañable de todas. Su nombre se lo debe a un personaje que pasará a la historia de la pantalla de plata por sólo seguir sus ideales y su "electricidad". Él es Billy Elliot (Daldy, UK, 2000).


El filme me encantó. Así de sencillo. Es una historia sencilla para muchos, pero con un gran trasfondo de por medio, como ya es costumbre en el cine inglés. Esa acertada mezcla de comedia con denuncia social hace que películas como la aclamada "The Full Monty" o dramas como "Angela´s Ashes" sean disfrutables para el público mundial y facilmente adaptables a nuestros cánones de "películas favoritas. Billy Elliot maneja de manera estupenda ese sentido del humor sutil y alejado del gamberro hollywoodense, matizado con denuncia y tópicos corrosivos como la homosexualidad, las clases sociales, el machismo, la represión y la depresión económica y el autoconocimiento mediante las artes.



En 1984, durante una huelga de mineros en el Norte de Inglaterra, los enfrentamientos entre piquetes y policía están a la orden del día. Entre los que protestan con más vehemencia se encuentra un padre empeñado en que su hijo pequeño, Billy, reciba clases de boxeo, pero él carece de pegada. Billy, en el gimnasio, se fija en una clase de danza, le llama la atención y lo prueba. Cuando su padre se entera de que practica una actividad tan poco de hombres, le obliga a abandonar las clases. Pero el chico tiene un gran talento para bailar y quiere dedicarse a ello.


El centro de atención del filme está puesto en las relaciones familiares y no en la danza como podría parecer. La danza se usa como un bello pretexto que ilustre el valor de seguir los sueños más que a nada en el mundo. Un padre machista y obrero tratando de entender y conectarse con su hijo y un chico intentando perseguir sus metas, aún en contra de las etiquetas sociales ("el ballet es para niñas") ayudado por una profesora decidida a no desperdiciar el talento joven.



Aproximandose a las descarnadas y emotivas denuncias de directores como Ken Loach o Brian De Palma, el debutante Stephen Daldry logra un muy buen punto de acercamiento a las temáticas sociales, trascendiendo la historia de Billy a la memoria cinematográfica. Apoyado por muy buenas actuaciones (Jamie Bell sorprende en su primera cinta y se perfila como el mejor joven actor de su generación) y un sólido guión, el film logra su cometido con creces. Por supuesto que como buena ambientacion de los años ochenta, no puede faltar la estética obrera inglesa con Martens, la cultura del boxeo y "lo macho es chido" y por supuesto, la mágica música de Clash, T Rex o The Jam.



¿Cómo invitarlos a ver la película? El buen cine y las sensaciones que produce son difíciles de asimilar y más aún, de explicar. Tal y como contesta Billy cuando se le cuestiona hacia el final del filme "¿qué sentimientos experimentas cuando bailas?", a lo que el niño contesta: "No se…me siento muy bien. Al principio estoy engarrotado, pero cuando empiezo a moverme, lo olvido todo. Y…es como si desapareciera y todo mi cuerpo cambiara. Como si tuviera fuego dentro y me veo volando, como un pájaro. Siento como electricidad. Si, como electricidad." Eso es. El buen cine es como electricidad. Y Billy Elliot lo és.



Trailer:


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