jueves, 21 de enero de 2010

QUE RUEDEN LAS CABEZAS

Con mucho esfuerzo, pero he de confesar que cada vez más me cuesta trabajo ver películas mexicanas. Y no, no es una cuestión de malinchismo, estar en contra, algo negativo o falta de confianza. No, todo lo contrario. Más bien, yo diría que lo que más me aleja de ver cintas nacionales es el nivel de arrogancia que las rodea, convirtiendo a la enorme mayoría en productos pretencioso y por demás insulsos que por más, nos hacen preguntarnos ¿en dónde está el buen cine?

Y es que, si nos ponemos exigentes para todo, también deberíamos serlo para nuestra cinematografía. Pareciera un ciclo sin fin: sale una película más elevada que la media, incluso visita festivales y la ven en varias partes del mundo para que, acto seguido, dos o tres producciones más le copien y cuando menos lo espera uno, regresemos al eterno vaivén de temas recurrentes, actores dudosos y lugares comúnes. La misma burra, pero revolcada.

Pero hey, al final del día, uno sigue teniendo fe (aunque sea de mentira) en que algún valiente cambiará el rumbo de nuestro cine y se atreverá a ir más allá de los cánones eclipsados de la meca nacional. Sí, sí, incluso si de por medio uno tiene que chutarse veinte productos aburridos, risibles y de pena ajena.

Es por ello que, tras un año de absoluta nimiedad artística en el formato fílmico, y con sólo dos o tres señales de respiro tales como ‘Paradas Continuas’ y ‘El Estudiante’, tarde pero seguro, llegó a nuestras pantallas rayando el fin de año una cinta que, más allá de su sorprendente propuesta visual, se agradece su arriesgado guión e idea fresca, aunque sigilosamente evoque a varios artistas cinematográficos mundiales y mame de mil cintas similares.

Y es que ‘Conozca la cabeza de Juan Pérez’ es eso: un homenaje al cine fantástico, burdo, quizás un tanto expresionista y fellinesco. Personajes extraños, fantásticos, grabados por el mexicano jodidón y peladito, tal y como Tin Tan y Cantinflas lo hicieran hace varios ayeres. La picardía de nuestra idiosincrasia se representa en esta cinta a través de personajes variopintos que laboran en un circo de medio pelo. Está el hombre fuerte que acaba de gasero, las contorsionistas anoréxicas y punketas, el domador de perritos, los payasos borrachos y el mago magazo que siempre ofrece los mismos trucos.

Con este equipo de ‘olvidados’, el director Emilio Portes teje una fábula tercermundista perfecta para el momento en que estamos viviendo, en donde los recortes de personal y los sueños incumplidos debido a la crisis y las trabas que uno mismo se impone, salen a relucir en una historia que tiene comedia, thriller, cinta de ‘espantos’ y drama existencial a mismas dosis.

Tomando elementos propios del cine de Fellini y Buñuel, pero más cercano a la imaginería Burtoniana, la cinta de Portes es un deleite visual propio de un director que se siente cinéfilo y pareciera que bebe del cine desde pequeño. Referencias a ‘Amarcord’, ‘Los Olvidados’, ‘El Gabinete del Dr. Caligari’, ‘Fenómenos’, el cine de Roger Corman y el ‘Big Fish’ y ‘El hombre manos de tijera’ de Burton’ se mezclan con un elenco fantástico y una historia entrañable, tal y como hace unos años lo hiciera ‘Matando Cabos’.

Es precisamente esta ultima, la referencia inmediata que me vino a la cabeza una vez que vi la cinta. Como aquella, ‘Conozcan…’ es un remedo de varias cintas y clichés, pero enmascarados de filme de arte ‘diferente’ que uno de verdad siente, más que creer. La historia de un mago de medios chiles (Juan Pérez, un ‘Fulano de tal’ o el nombre más común de México) y su obsesión por llevar a cabo un acto o número, o lo que sea, con una guillotina del siglo XVIII en tiempos de crisis puede resultar ajena y arriesgada.

Nada más alejado de la realidad. La premisa es sencilla y básica como en cualquier cinta: un espejo de la sociedad, en este caso usando al circo de por medio, con una serie de personajes con los que nos podemos identificar: el pelado, el tímido, el parrandero, el jugador, el mujeriego, la tierna, la sentimental, la voluble, el avaro, el sanguijuela, el patriarca, el capataz. Y no, uno no describe una empresa en especial ni un sistema específico. Así es México, y estos cirqueros lo saben.

En el apartado de actuación, la película reluce por sí sola gracias a la hilarante y freudiana interpretación de Silverio Palacios como Juan Pérez; un personaje soñador, impulsivo, enamoradizo, desparpajado, desobligado y entrañable al mismo tiempo. Un personaje que se erige como favorito en el colectivo nacional al lado de Pito Pérez, el Rey del Barrio, Mascarita y Tenoch. A el, le acompañan un cuadro perfecto de actores nacionales por lo general secundarios pero que sobresalen más que los clásicos Camiles y Bichires de siempre. Dolores Heredia, María Aura, José Sefami, Carlos Cobo, Isela Vega y Alejandro Cava.

Desde ‘Santa Sangre’ de Jodorowsky, el cine nacional no había tocado el tema cirquero en la pantalla, y sobre todo, con la misma pasión (aunque no con la misma calidad que la obra de Alejandro) y un tufo de mala leche empleando un humor negro, negrísimo ajeno al cine nacional, más propenso a albur y el pastelazo televisivo. Emilio Portes le dio al clavo con esta cinta, aunque no es de sorprenderse que en años venideros las copias ad infinitum en estilo y narrativa se hagan presentes en nuestras pantallas. Aunque, hay que decirlo, esa fórmula de imitar u homenajear a los grandes se puede extinguir y sólo a muy, muy, pero muy pocos se les permite. Pocos de nombre Tarantino, quizás.

No se la pierdan, es un buen divertimento, si bien no devela el hilo negro del cine mexicano venidero, sí es un fresco recordatorio que en algún lugar de este circo artístico, político-social-parásito que vivimos actualmente, existe, muy escondido, una esperanza mexicana de que todo puede estar mejor.

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