¿Muy rápido para hacer esta afirmación? En lo más mínimo. Quién vaya a ver la nueva cinta del ahora más creíble ‘Rey del mundo’, James Cameron, podrá notar sin problemas que esta crítica y todas aquellas que alaban la película tienen un punto enorme en común con los miles de espectadores en el planeta que han visto hasta el día de hoy esta nueva era del cine; se trata de una obra maestra.
Antes de que esto se convierta en un debate, diré mis razones. Para empezar, el ‘hype’ o emoción que originó el lanzamiento de trailers, posters, videoclips y noticias entorno al nuevo proyecto de Cameron después de no pisar un set en forma desde el batacazo que fue Titanic, sólo fue una mínima pieza para que, emocionado, decidiera ver la cinta antes que nadie (ajá) en una función de media noche justo después de una jornada pesada y cansada. No importaba nada, estaba dispuesto a darle el beneficio de la duda al tite Cameron.
Lo que vendría después de colocarme los lentes 3D sería una aventura en toda la extensión de la palabra. De entrada, eso de ponerte lentes para ver una peli jamás me había convencido del todo, con esos celofanes rojo-azul que tanto mareaban; la realidad fue diferente, ya que unos modernos anteojos se posaban en mis ojos mareándome un poco, pero que daban una perspectiva de ‘Okey…’ desde el momento de los trailers. Una vez acostumbrado y a pocos segundos de iniciar el filme, todo fue un verdadero e increíble ‘tour de force’ que, en lo personal, jamás en mi vida había experimentado en un cine. Así, sin más.
James Cameron hizo lo impensable: callarle la boca a todos los escépticos con esa onda de ‘cambiaré al mundo del cine’ que tanto choreaba en cada entrevista que se le realizaba. ‘Una nueva era en el séptimo arte’, ‘un antes y un después’, ‘una experiencia casi religiosa’. Qué ciertas eran las palabras de James, y es que, al observar las casi tres horas de la historia futurista-apocalíptica-profética-científica, uno no puede hacer otra cosa que hablar maravillas de la misma, recomendándola a cada rato y acrecentando el ‘hype’ al máximo.
Pero bueno, hablemos de qué va o qué demonios es tan maravilloso en la cinta. De entrada, y como si John Lasseter de Pixar lo dijera, el filme de Cameron cuenta con la fórmula perfecta en el cine; increíble hechura (efectos, maquillaje, tecnología) y corazón en la historia. Por que, al final de todo lo sorprendente de sus efectos, la historia, el punto medular de la película, el mensaje, es lo que más importa, así como la conexión tan profunda que tienen los Na’vi (los personajes principales de Pandora) con su entorno. ¿En dónde acabó (ará) la raza humana?
Jake Sully (Sam Worthington), es un ex marine postrado en una silla de ruedas a quien se le ofrece la oportunidad de su vida: ser parte de una expedición en un planeta distante (en realidad una luna) llamado Pandora, para extraer un valioso mineral que puede alcanzar en una semidestruida y decadente Tierra un precio de hasta 20 millones de dólares el kilogramo. Lo peor sucede cuando la Tierra en verdad necesita de este mineral para sobrevivir. Siempre guerrero y soldado, Jake acepta el desafío sin espertar los peligros y maravillas que le esperan.
Su misión es infiltrarse entre los Na’vi para interactuar con ellos y conocer su forma de vida, al tiempo que debe convencerlos para que lo ayuden a extraer el valioso mineral. Pero ¿cómo puede vivir en este planeta si no puede respirar en el? No es problema, pues puede caminar en Pandora gracias a un grupo de científicos ha desarrollado un sistema que permite proyectar la conciencia de las personas a un ser híbrido llamado Avatar, que en realidad es un Na`vi artificial.
Créanme. Esta parte de la historia, la más explicativa, se entiende a la perfección en pantalla y permite no profundizar mucho en tecnicismos para dar paso al asombro y, como Jake en la cinta, sorprendernos con el entorno de Pandora, sobre todo por la tecnología 3D y los efectos por computadora. Literalmente, uno regresa a la inocencia de la infancia y recupera su capacidad de asombro al ver y casi sentir que los árboles y criaturas de Pandora pasan a tu lado. Vamos, hasta los subtítulos parecen estar flotando.
La tecnología usada para acaptar en tiempo real las acciones y emociones de los actores y traducirlas en el personaje computarizado se notan en al cinta, opacando por muchísimo al ‘Expreso Polar’, ‘Beowulf’, ‘A Christmas Carol’ y ‘Final Fantasy’. Incluso, me atrevo a decir que Gollum y King Kong se quedan cortos al lado de ‘Jakesully’ y Neytiri. A la media hora, te olvidas de los FX y ves a los seres, el alma de los personajes; va más allá de ver su color azul y rasgos felinos y uno se adentra al corazón de la historia y la relación de los Na`vi con la naturaleza.
En resumidas cuentas y ya que este espacio de texto, para esta cinta, se siente reducido, es justo decir que no se vivía algo así desde el ‘morph’ de ‘Terminator 2’ y los dinosaurios de ‘Jurassic Park’, y de eso ya tiene más de 15 años. Una experiencia que vale la pensa vivir varias veces, sin restricciones y sin pena de mover la manos tratando de agarrar una planta o acariciar a los ‘banshees’. Al final, y a varios días de haberla visto, sólo querrán volver a verla y cada que llegue a su mente, sólo provocará que sonrían de oreja a oreja. Eso, créanme, es verdadero CINE y no fregaderas.

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