
Algo extrañísimo sucede durante la proyección de la cinta "Ladrón que roba ladrón", de Joe Menéndez: es casi imposible vicnularla expresamente con la cinta "La misma Luna" de Patricia Riggen. Sí, esa cinta que tenía a Eugenio Derbez, Mario Almada, Kate del Castillo y los Tigres del Norte entre el colorido reparto.
Se trata de dos géneros diametralmente opuestos, pero reciclados y adaptados para el público migrante que reside en los Estados Unidos. Mientras que "La misma..." es un drama exixtencial con retzados de road-movie y telenovela, "Ladrón..." se vale de todas las artimañas y clichés hollywoodenses para entregar al público mexico-americano un producto disfrazado de blockbuster a la mexicana.
Me explico. Siguiendo los pasos de éxito taquilleros gringos como "La gran estafa", "La estafa maestra" y demás cintas con el mismo calificativo, el cine latinoamericano (chicano, mexicano, fronterizo, para el resultado final da igual), lanza su propia versión del clásico refrán "ladrón que roba a ladrón... tiene cien años de perdón". Danny Ocean a la mexicana o "los-latinos-también-robamos-y-entretenemos-con-estilo".
Lo mismo que hizo que "La misma Luna" se volvierá una muy buena película a pesar de lo trillado y chafa de su trama, es el giro que se le da a lo cliché: "Ladron..." que roba ladrón es una película rodada en la antigua tradición de Hollywood. Sólo que este robo es llevado a cabo no por profesionales, sino por la gente que la mayoría de los noeteamericanos nunca notan: los inmigrantes. En sus empleos como obreros, ellos tienen permitido el acceso a áreas de alta seguridad, lo que les da la cubierta ideal para el crimen perfecto y las delicias de cualquier mauiavélico ladrón profesional.
En este caso, la cinta de Menendez relata las peripecias de dos expertos ladrones, Alejandro Toledo (Fernando Colunga) y Emilio López (Miguel Varoni), quienes se reúnen para llevar a cabo el más grande robo de la historia: contra otro ladrón. La víctima en cuestión es Moctesuma Valdéz (Saúl Lisazo), un magnate de los informerciales de televisión que se hizo millonario vendiendo productos inútiles a los inmigrantes latinos pobres.
El imperio de Valdez es prácticamente imposible de infiltrar, pero Emilio (que conoce personalemente a Moctesuma, su ex socio de trucuñuelas) y Alejandro saben que tendrían que hacerse pasar por obreros durante el día para poder efectuar el golpe a Valdez. La idea es reunir a su antiguo equipo de profesionales y plantarlos, como una célula adormecida, dentro de la vida de su objetivo. El problema de este plan perfecto es que ningún otro ladrón quiere arriesgarse a infiltrarse en la boca del lobo.
Emilio y Alejandro (un remedo de Brad Pitt y George Clooney embarrados de chilaquiles y tacos) no se dan por vencidos y encuentran una solución tan descabellada, que podría funcionar: usar verdaderos trabajadores, en especial inmigrantes latinos. Es así que, en pocos días, forman un equipo de criminales aficionados con las habilidades mínimas necesarias.
Julio Miranda (JoJo Henrikson) trabaja reparando televisores y también es experto en electrónica. Rafa (Rubén Garfias) trabaja en valet parking y su hija Rafaela (Ivonne Montero) es una rústica mecánica que no se deja intimidar por la tarea ni por los hombres que quisieran pretenderla; ahora ello están a cargo del transporte. Miguelito (Oscar Torre) es un actor cubano refugiado y "maestro" de los disfraces. Y el cavador de zanjas metrosexual Aníval Cano (Gabriel Soto) es el duro del grupo, encargado de las tareas forzadas y pretendiente de la imposible Rafaela. Disfrazados de choferes, jardineros, sirvientas, y obreros, el grupo se dedicará a robar a Valdez, justo bajo sus narices. El único impedimento: nadie de su equipo ha robado antes.
Ninguno de ellos ha cometido jamás un crimen, pero estos marginados de la sociedad, agrupados así y tantas veces menospreciados, están listos para enfrentar los desafíos más grandes y "ganarse los cien años de perdón". Los éxitos de estos modernos equivalentes de un Robin Hood latino se visten de fracasos a cada momento y uno no sabe si realmente van a lograr su objetivo de hacer justicia a su manera.
Eso es lo que nos depara "Ladrón que roba a ladrón". Pseudo actores telenoveleros que dan el salto a la pantalla grande con mediano éxito, sin pretenciones. Digamos que los actores en verdad se divirtieron haciendo al película y aparentando ser miembros de una "Misión Imposible" o un "James Bond made in Mexico". Saúl Lizaso impresiona y realiza lo impensable: va más allá que un Andy García o Al Pacino en la saga de Danny Ocean. Buena música, ritmo mediano y situaciones muy chuscas (el personaje cubano de Miguelito roba cuadro en sus escenas) hacen que esta cinta trascienda a la categoría de entretenida y memorable.
Bien hasta el momento, pero si se continúa con este tipo de "remakes" de hollywood, llegará un momento en que el espejo se romperá y la creatividad y frescura que caracterizaban al cine mexicano se rompa en vacíos intentos por emular el éxito comercial de nuestro vecino del Norte. De todas formas, como comenté en su momento con "La misma...", los ladrones se merecen una oportunidad de parte del público. No lo duden, se van a divertir, y mucho.
Trailer:




No hay comentarios:
Publicar un comentario