lunes, 5 de octubre de 2009

ESPERANZAS ROTAS VERSIÓN NEW AGE


Ritual aprobado e iniciado. La esperanza, una vez más, se ubica en mi mente cinéfila para otorgarle un respiro más de vida a mi resquebrajada idea del cine mexicano actual, en donde una decepción tras otra parece el modus vivendi de una industria cada vez más sobrevalorada en términos comerciales.

Arranca la película. Las imágenes y las caras conocidas oriundas de las telenovelas pasan frente a varios ojos incrédulos pero positivos. Veinte minutos bastan para que lo que pudo ser una interesante propuesta comience a cambiar la percepción de la audiencia y el aire de deja vù se presente en la colectividad esperanzadora.

¿Dónde he visto esto antes? ¿Una película gringa, una serie de otro país, novela adaptada? ¿En la tele, en Laura en América? Y de pronto, la primera crítica previa de la cinta aparece en mi mente malaleche, sin saber que esto suscitaría reacciones encontradas posteriormente: “Cabeza de Buda”, no es otra cosa que un capitulote de dos horas de “Lo que callamos los artistas” o “La vida es una canción”, con todo y rola de Reyli incluida.

Lo sé, quizás se vea ruda esta comparación, pero al final, creo que es “la Cruda verdad” (una peli de la cual después hablaré, genial). Esto lo entendí cuando platicando con tres actores y un director importantes del panorama cinematográfico en el México de hoy, me dieron la razón no sin antes preguntarme si la comparación de un programa televisivo seriado tan chafa como moralista le iba realmente a la peli de Kuno Becker. La respuesta fue afirmativa.

Juzguen la historia ustedes mismos: Tomás (Kuno), un famoso y egocéntrico actor, compra una cabeza de Buda en el barrio de la Lagunilla. En un intento por evitar ser asaltado, accidentalmente mata al ladrón, en defensa propia, con la reliquia. A partir de este momento, su vida empieza a cambiar, obligándolo a enfrentar este crimen y a descubrir la absoluta banalidad de su existencia. En busca de redención se enfrenta con la madre del ladrón y le pide perdón, aprendiendo a perdonarse a sí mismo.

En el camino, obvio, se encontrará con Irán Castillo, Silvia Navarro, Julio Bracho, Rafa Sánchez Navarro y un enorme etcétera que le recordará por qué las novelas deben de quedarse en la tele y no pasar al cine. Si a esta trama le anexamos que la ópera prima de Salvador Garcini se inscribe en el nuevo género del “new age movie” a la mexicana, a la onda “Kada Kien su Karma, de Serment, nos ubicamos ante un panfleto del Centro Budista de la Ciudad de México, pero revolcado en las manos pretenciosas de la pantalla y que hacer fílmico del nuevo mexicano.

No quisiera leerme muy negativo, al contrario, siempre se trata en este espacio de ser imparcial. Mientras que pro momentos se aplaude, en otros sucede lo contrario, lo importante es encontrar un punto medio en donde se pueda rescatar algún elemento de los filmes. En este caso y lo más destacable de la cinta son dos actores, Silvia Navarro y Alberto Estrella.

Mientras que Estrella siempre es un deleite verlo actuar, la Navarro sorprende de forma contenida y contraria a su tendencia exagerada a sobreactuar, atreviéndose incluso a un desnudo y en un papel que se burla de ella misma y su onda de de estrella telenovelera. De ahí en fuera, esa preocupación tan siglo XXI de buscarse a uno mismo en base a nuestras acciones, ha derivado en melodramas que se quieren reveladores y culminan regañones y de hueva involuntaria, aunque eso si, como en esta peli, con muchísimo caldo de pollo para remojar las palomitas del cine.

El problema de al cinta (y de gran parte del cine mexicano “moderno”), es que el interés de la trama se trivializa en un guión lleno de clichés y lugares comunes en extremo moralistas, con sorpresas casi nulas y tropiezos que no deberían perdonarse. A qué película le gustaría ser comparada con un producto televisivo como “Mujer casos de la vida real”. ¿O me equivoco?

La dirección, las actuaciones, pero sobre todo el guión y la forma, están más cercanos a la tele que al lenguaje fílmico, los diálogos tienden a ser informativos como en las novelas (“y ahora, creo que debo caminar por aquí”) y giros de tuerca predecibles y aburridos hacen discursivo, aburrido y obvio el proceso (presuntamente difícil) de auto conocimiento que según vive el personaje principal. Para no vernos tan duros, “Cabeza de Buda” es exactamente igual a un libro de autoayuda. ¿Mejor?

El veinte por ciento de cosas positivas que tiene la cinta, hacen que no sea tan doloroso el haber gastado el boleto de cine. Reitero, la Navarro está muy decente en su papel de actriz chocante, además que sale muy bella, y Alberto Estrella es garantía total. La fotografía, en cuestiones técnica, es de lo más rescatable. Toca lugares comunes propios de la televisión, pero que son vanguardista al momento de fotografiarlos y compararlos con símiles nacionales en cartelera.

“Cabeza de Buda” es una cinta que debe verse y analizarse, pero en una noche que no haya más opciones y la lleguen a pasar en el “Cinema Golden Choice” o en el Canal de las Estrellas. Fuera de esto, y como la esperanza nunca muere, dicen las malas lenguas, vuelvo a esperar esa cinta que recobre al cien mi amor por un cine dilapidado por la pretensión artística, lo sobrevalorado y los clichés. Si no, díganme, por que si es un cine mexicano “nuevo”, ¿lleva siendo nombrado de esta forma desde hace casi 30 años? Cosas de la vida. Y se me olvidaba, otra gran cosa de la película, son las playeras promocionales que se distribuyeron. Ven, sí se puede ser positivo.


Tráiler:


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