lunes, 5 de octubre de 2009

CUANDO EL CINE CAMBIO PARA SIEMPRE


En 1975 la industria de Hollywood (y del cine en general) dio una vuelta de 160 grados cuando un jovencísimo Steven Spielberg estrenó "Tiburón", una obra maestra del cine de terror o de suspenso puro, y que además barrió en taquilla como ninguna película lo había hecho antes. Un nuevo clásico nacia, la revolución taquillera comenzaba y la mente más creativa del cine de Hollywood comenzaba su reinado en el séptimo arte.


Las bases de lo que hoy conocemos como "blockbuster" (o éxito de taquilla), empezaban a asentarse gracias a la imaginería de Spielberg. Tenían que pasar dos escasos años para que apareciera un joven director (que había tenido cierto éxito con la infravalorada "American Graffitti") con una especie de híbrido megaespectacular, mezcla de géneros, fantasías milenarias, filosofía generacional y un argumento que nadie parecía entender o querer; muchos lo tacharon de loco por pensar que semejante película podía funcionar.


Sólo Spielberg, ese nuevo "Rey Midas" (que siempre ha demostrado tener un olfato fuera de lo común para las buenas producciones ) le dijo a su barbón amigo, George Lucas, que se iba a convertir en millonario con aquel argumento. No se equivocó, más bien se quedó corto ya que a nadie le pasó por la cabeza las mastodónticas consecuencias del estreno de una película (¡independiente!) como lo fue "La guerra de las galaxias".



Dejando a un lado el hecho que Lucas lo que realmente quería era hacer una adaptación a los seriales de "Flash Gordon" (las letras iniciales en las que se nos pone en aviso de lo que sucede en la historia, como si de episodios se tratase, son un claro homenaje al serial de Flash Gordon), pero no pudo hacerse con los derechos, consiguió en "La guerra de las galaxias" un universo mucho mayor y atractivo que el de aquél.


Un poco de western, otro poco de J.R.R. Tolkien, personajes opuestos en su totalidad, unas gotas de cine de aventuras, varias cucharadas de filosofía oriental e hindú, unos rudimentarios pero revolucionadores y deslumbrantes efectos especiales, música impecable, un reparto memorable y una historia de lo más sencilla (que no simple) y apasionante, fueron los ingredientes para realizar un "ópera espacial" que dejara boquiabiertos a todos los espectadores del mundo, y de paso, romper los esquemas del séptimo arte y definir en la línea del tiempo cinematográfica un antes y un después en lo que a hacer cintas especialmente para las grandes masas se refiere. Y así fue.


No es necesario hablar del argumento, ya que a estas alturas, hemos comido "Star Wars" hasta en la sopa. Los personajes y las situaciones son más conocidos en el mundo que cualquier otra obra cinematográfica creada a gran escala: dos robots que cobran gran importancia conforme avanza la trama (y fungen de patiños), una princesa secuestrada (o damicela en peligro), un granjero que sueña con ser piloto (el héroe), un antiguo guerrero Jedi (los buenos), el Imperio (los malos), Darth Vader (el malo más malo del cine), un contrabandista pendenciero (el galán), su peludo compañero (cuate, mascota y hermano), y un concepto como el de la fuerza (lo que hace que el mundo continúe girando).



Entre lo filosófico y lo religioso, este concepto fue uno de los máximos aciertos de Lucas en su guión, además de un modelo a seguir para todas las películas de aventuras de los próximos años. Algo realmente llamativo y atractivo para seducir sin problemas al público.


¿Y cómo hacerlo sin que algo así suene ridículo y poco creíble? No dando demasiadas pistas ni explicaciones sobre ello. El misterioso personaje de Obi Wan-Kenobi, al que da vida un soberbio Alec Guinness, es el único personaje que nos podría avisar que años después, la saga seguiría dándole de comer a su creador. Y de qué forma. 20 años, mucha especulación, kilos de mercadotécnia, nuevas generaciones, aún más soprendentes efectos especiales y una mente maquiavélica en proceso después, cometieron el mayor golpe de marketing que alguna vez tocará los terrenos de la pantalla de plata: lanzar tres capítulos previos a la trilogía original (recordemos que "La guerra..." se conocé también como "Episodio IV: Una nueva esperanza").



Es hasta este 2008 que parece que el mundo de "Star Wars" no tiene fin y se transforma en un universo paralelo en todos los sentidos: una auténtica religión o secta de los Jedis trata de ser instaurada en varias partes de Europa y América; los cómics, videojuegos y novelas gráficas ascienden su número a más de 600 productos diferentes; la televisión espera su propia revolución con la llegada de una serie en acción viva del universo de George Lucas, con la mejor tecnología y mayor producción en la historia de la pantalla chica; juguetes, juegos de rol, ropa y demás parafernalia de coleccionista invaden las tiendas cada estación del año (papás, prepárense para diciembre); y, claro está, el regreso al cine en dos semanas, de la osidea espacial más grande jamás contada, esta ocasión en su versión más animada, gracias a "Clone Wars" (programa para ser una tetralogía).


Además, originalmente son 9 los capítulos de toda la saga (Lucas no se cansa de declarar que no habrá capítulos VII, VIII y IX, aunque viniendo de él, ya no se sabe nada).



Parece que tendremos guerras galácticas durante mucho, mucho tiempo más. El punto más alto de la ciencia ficción comercial en el cine no tiene fin. Perdón, no es ciencia ficción, es "aventura épica fantástica" (Lucas aclara que estas películas no son de "ciencia ficción", principalmente porque la tecnología que muestra no tiene base científica). Y pensar que todo comenzó una fría madrugada de 1977. La pantalla se teñía de negro y a la inscripción "Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana" le seguía la más grande partitura musical que ha dado el cine. Había nacido una leyenda y ya nada volvería a ser lo mismo para el séptimo arte.


* Con información de "Tu Blog de Cine" y Wikipedia.



Trailer original:


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