lunes, 19 de octubre de 2009

EL SECTOR 9 DE LA SCI-FI


Una cosa más me sucede cuando hablo de cine; soy en extremo clavado. Quizás ya se habían dado cuenta, pero yo afiancé esta idea cuando platiqué en una fiesta reciente con otro cinéfilo ‘from hell’. Amo el cine y todo lo que lo rodea, aunque a veces esto desespere a mi novia. Lo sé, pero la capacidad de sorprender de vez en cuando, y además entretener, sólo este arte lo puede conseguir.

Y hablando de todo lo que rodea al cine, una nueva vertiente de promoción alrededor de las películas atrae mi mirada y atención en demasía. Me refiero a las campañas virales; esa mercadotecnia moderna en donde las calles, los blogs o la Internet entera sirven como escaparate para crecer la dosis de interés para ver una cinta determinada, sin saber mucho de qué va la onda.

Ya lo innovaron Lost y sus juegos en línea para develar pistas y desbloquear videos exclusivos del doctor Chang; Batman formuló varias páginas web para meter suspenso a los fans de cómo sería la génesis de Joker y la historia de Harvey Dent; Watchmen hizo lo propio con el Apocalipsis de superhéroes; y así, una enorme lista de cintas que cada día se unen a esta euforia que agranda la experiencia de vivir una película en una sala de cine. Terminador, Avatar, 9 e incluso Tarantino le han entrado a teaser escondidos, las imágenes especiales o los ‘sleepers’ referentes a la cinta en cuestión.

Pero nadie, en estos días, como ‘Sector 9’. En México no se vivió tanto, si acaso en los complejos cinematográficos exclusivamente; en Estados Unidos fue otra onda. Las calles de las grandes urbes estaban impregnadas de extraños señalamientos en restaurantes, semáforos, banquetas, parques, cafés, bancas, lavamanos y un gran etcétera en donde se indicaba que ese espacio estaba destinado para “uso humano” solamente. A su lado, una extraña figura en forma de langosta a travesada por un símbolo de prohibido. ¿Qué demonios significaba eso?

La historia alrededor de estos anuncios nos revela la realidad: durante cerca de 30 años, unos extraterrestres han vivido en una especie de ghetto de mala muerte en el campo africano de Johannesburgo —lleno de prostitución y traficantes—, hasta que una organización decide mudarlos a otro lugar (un campo de concentración) para experimentar con ellos y descifrar su DNA: la única forma en que podrán usar sus poderosas armas.

La historia no es esta, sólo es el contexto. La narración de acción arranca con la historia de Wikus (Sharlto Copley), un empleado de MNU (encargado de la ‘seguridad’ de los aliens) que es seleccionado para desalojar a las ‘mangostas’; poco después se enferma y es perseguido por el gobierno. No tiene otro remedio que refugiarse en el Sector 9 junto a un padre alien y su hijo.


Sigo preguntando, ¿qué demonios pasa aquí? Sobre todo, si uno no siguió la campaña viral, los trailers y teasers respectivos de la cinta (o inclusos si sí), el sentarse en el cine y observar una especie de documental sobre este tema, con supuestos expertos hablando de la invasión y africanos criticando a los extraterrestres, todo se torna un poco paranoico y mejor aún, creíble.

Neil Blomkamp el joven director y guionista de esta cinta (basada en su cortometraje Alive in Joburg), junto con el productor Peter Jackson, entregan en una especíe de capullo documental-sucio una de las mejores cintas del año, sea lo que eso signifique, que además tiene el interés añadido de jugar con distintos estilos narrativos disímiles entre sí: la entrevista, archivos de noticias y cámaras de vigilancia, como si fuera un documental, mezclando el más puro filme de acción con la ciencia ficción al estilo ‘Niños del Hombre’, con un ligero toque de humor negro y crítica política.


‘Sector 9’ es una evolución del sci-fi, un cambio en las cintas de aliens, un paso muy adelantado a lo que Hollywood nos tiene acostumbrado cuando hablamos de seres interplanetarios: ya no tenemos que mirar al cielo para tener miedo, basta con observarnos a nosotros mismos y saber hasta dónde puede llevarnos nuestra avaricia y racismo.

Las alienígenas somos los humanos, rodeados a su vez de otros extranjeros amorfos y extraños, ya sea por su color de piel, religión o ideología. No es necesario que sean verdes y con forma de cucarachas, al final, somos igual de ajenos en este mundo.

O por lo menos, esta podría ser la respuesta al ‘qué demonios’ que planteaba líneas arriba. La cinta de Blomkamp tiene dos cosas seguras al final de la proyección: es un golpe a Hollywood y no acepta medias tintas, o la amas, o la odias.


Es un trancazo a los cánones comunes del sci-fi americano, a los excesos de efectos especiales sin valor para la trama, a los aliens apocalípticos y violentos, ajenos a los humanos, y al imán estadounidense por la destrucción urbana y la salvación norteamericana (“la nave no se postró sobre Nueva York, Paris o Tokio, llegó aquí a Johannesburgo”). Probablemente, el dolor de cabeza de Spielberg o Emmerich, un perfecto ejemplo a seguir durante mucho tiempo peor jamás superado por los imitadores.

El buen ojo de Jackson para producir al joven Neil dio como resultado una cinta adelantada a su tiempo, y no en cuestión técnica, que es meramente aceptable, incluso imitable en infinidad de cintas de corte independiente, sino a nivel de temática y crítica, de narrativa y forma: la xenofobia ya no se da entre razas o países, sino entre planetas.

Esto, al final de las casi dos hora de duración sólo nos hace preguntar ¿qué demonios fue eso? ¿Una cinta extraordinaria, una reflexión humana, una crítica ácida o una tomadura de pelo? Quizás jamás lo sabremos, pero mientras, podemos estar contentos de que los extraterrestres se hayan posado en África y que Will Smith no salga para salvar el día.


Trailer +Plus corto original 'Alive in Joburg':



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